viernes, 30 de mayo de 2008

La Calera, de Thomas Bernhard


La Calera.
Thomas Bernhard.

Trad. Miguel Sáenz.
Ed. Alianza. 1970. 249 págs.

La Calera es una de las mejores novelas que he leído de Bernhard, de quien por otra parte, y habiendo leído unas cuantas de sus obras, aún me quedan por leer algunas de sus, en opinión de muchos de sus lectores, mejores obras Corrección, la célebre pentalogía, Extinción o Maestros antiguos, así como su teatro). He leído In hora mortis, Bajo el hierro de la luna, Helada, Trastorno, El imitador de voces, El sobrino de Wittgenstein, Hormigón, El malogrado, Tala, Acontecimientos y relatos, El carpintero y otros relatos y Conversaciones con Krista Fleischmann, siendo mis favoritas Hormigón, El malogrado y Tala. También, y añado ahora, La Calera.

En esta última, el narrador es a la vez un personaje testigo. Sin embargo fundamenta toda su narración en los testimonios y las palabras de Weiser y Fro. Por tanto se da la circunstancia de que el narrador es un testigo muy secundario en los hechos, conoce las declaraciones del protagonista (Konrad) pero nosotros conoceremos los hechos por lo que él nos dice que le contaron Weiser y Fro que le oyeron a Konrad.

No es hasta el inicio de la tercera parte de la obra (la obra no está dividida de manera alguna, me refiero solo al número de páginas), cuando Bernhard, por boca del narrador nos hace saber éste hecho, que el lector ya ha adivinado (por lo que quizá no se haga muy necesario el comentario):

Tanto Weiser como Fro describen cada uno la última tarde que pasaron con Konrad, cada uno a su modo, confirmando cada uno al otro con sus manifestaciones, contradiciendo unas veces Weiser a Fro, otras Fro a Weiser, y al mismo tiempo, como queda dicho, confirmando Weiser a Fro y Fro a Weiser.
Volviendo atrás, en la página 84 hay una declaración de intenciones de Thomas Bernhard respecto de la obra:

En el mundo no tenemos más que la quintaesencia de la comedia, y ya podemos hacer lo que queramos, que no salimos de la comedia, el intento de siglos de convertir la tragedia en comedia ha tenido que fracasar, como era natural, dijo al parecer. Porque lo que pasa con la Calera, le dijo Konrad al parecer al inspector de construcción, dice Weiser, no es, al fin y al cabo, más que una comedia. Sin embargo, para poder soportar esa comedia, había que descargar de cuando en cuando el cerebro, evacuar el contenido del cerebro como se evacuan aguas, nada más, mi querido inspector, vaciar, evacuar el cerebro como la vejiga, orinar con el cerebro como con la vejiga, mi querido inspector.
De esta forma, a mi entender es como escribe Bernhard, evacuando el cerebro de sus personajes, evacuando sobre las páginas y sobre el lector, que, como en mi caso, consigue llegar muchas veces a una especie de orgasmo a través de una lectura bondage...

Hasta la página 93 prácticamente no aparece el narrador como partícipe de los hechos. Hasta entonces, más de un tercio de novela, solo se conocen los hechos por lo que el narrador nos cuenta a través de los testimonios de Fro y Weiser, que en muchas ocasiones a su vez hablan de lo que Konrad les contaba. En ocasiones, sobre todo al principio, hay algunos matices que diferencian lo que cuenta uno y otro, más sobre todo son matices de cómo ellos valoran lo que les decía o hacía Konrad. Por tanto, al lector le llega la información filtrada a través de varios personajes, puede que Konrad les mintiera, puede que la verdad de Konrad solo estuviera en su mente enferma y en la mente de Weiser o Fro, o de ambos, o de ambos en parte sí y en parte no, tamizados los hechos a consecuencia de sus experiencias personales y sus códigos éticos, y todo a través, más tarde, de la moral y la experiencia del narrador, e incluso de su lenguaje (como también en los casos anteriores), o puede que el narrador incluso mienta. Poco importa, lo que importa es cómo nos llega y lo que como lectores seremos capaces de testimoniarnos a nosotros mismos tras escuchar la narración...

De repente, y sin solución de continuidad, el narrador introduce lo que el pueblo dice del caso, tanto de Konrad como de su mujer. El narrador nos empieza a contar lo que ha escuchado por los mesones del pueblo. Una vuelta más de tuerca...

Y poco más puedo decir de una obra maestra de Thomas Bernhard.

sábado, 17 de mayo de 2008

Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas

Suicidios ejemplares.
Enrique Vila-Matas.
Ed. Anagrama. 1991. 173 págs.

Este libro de cuentos tiene un nexo común, como muchos otros libros de cuentos, casi todos los autores de libros de cuentos dicen aquello de que todos sus cuentos tienen un nexo, que dejaron algunos fuera del libro porque no tenían cabida ni continuidad con el resto, y que, incluso, hasta el orden de los mismos nunca es arbitrario, lo que es cierto, probablemente la mayoría de las veces al menos, si bien no todas.

En el caso de este volumen de Vila-Matas la cohesión es más que clara, pero el hecho es más importante que en otros caso porque determina de hecho el final de cada uno de los cuentos. Desde el principio sabemos que el suicidio marcará el final del personaje y, con éste, del cuento. Y lo que para una novela no supone problema alguno, en el caso del cuento, desvelar de antemano cual será el final puede ser un hándicap. O al menos un reto. Vuelvo a citar lo que dijo Quim Monzó, de que la diferencia entre cuento y novela es que la novela tiene un objetivo y un final hacia el que va uno dirigiendo la acción, mientras que el cuento permite mayor grado de libertad y de improvisación durante su creación, para hacer notar como, en el caso de Suicidios ejemplares el planteamiento es otro. Al menos es otro a priori.

Al margen de este hecho, y de esta reflexión, yendo al texto, el primero de los cuentos (tras la introducción), Muerte por saudade, un narrador (¿infidente?) comienza por decir que es pintor y después nos revela que nunca pintó un cuadro y tiene una tintorería.

"Hago mal en engañarme a mí mismo. En realidad, yo no pinto nada. No pinto nada en la vida, pero es que, además, no pinto. Jamás pinté un cuadro. Cierto es que aún soy joven, que tengo una esposa guapa e inteligente, puedo viajar a donde me plazca, quiero mucho a mis dos hijas, pero todo eso es tan cierto como que nunca he pintado nada, ni un solo cuadro"

El protagonista asume la historia familiar de otro personaje, su compañero de clase Horacio, de familia suicida.

"Con la historia de esa familia de suicidas no podría redactarse nunca un cuento convincente, pues hay demasiados disparos y demasiados saltos al vacío, demasiado veneno, demasiada muerte por mano propia"

El siguiente, En busca de la pareja eléctrica, es el cuento sobre un tipo que compra la mansión que conoce deshabitada, la convierte en palacio y finalmente termina otra vez en esa casa esta vez como okupa. La mansión, tomada como personaje, sufre un suerte de eterno retorno, de ciclo, es la historia paralela a la del personaje principal, también paralela a la del otro personaje con quien se reúne al final. Interesa observar como están ligadas las vidas de los personajes y de sus destinos.

En Rosa Schwarzer vuelve a la vida, Vila-Matas sorprende, por lo que dije al principio, con un final en el que se podría decir que Rosa se "suicida" de la muerte y regresa a la gris vida. A partir de ahí podemos hacer una interpretación de la Muerte.

En El arte de desaparecer, Vila-Matas, nos introduce en uno de sus temas preferidos, que ya culminará con Historia abreviada de la literatura portátil, Bertleby y compañía o El mal de Montano, con los shandys, los bertlebys o los montanos, en esta ocasión con la figura de un escritor que escribe de manera prolífica pero no publica y que cuya publicación conlleva la muerte. Se reflexiona sobre el arte en general,

Es triste (dijo Anatol desviándose de la cuestión), pero cada vez se glorifica menos al arte y más al artista creador, cada vez se prefiere más al artista que a la obra. Es triste, créeme.

lo que daría para un debate largo, sobre todo teniendo en cuenta que es quizá el arte más bajo y menos interesante aquel que sí se olvida completamente del autor y ensalza la obra, incluso con un aparato de marketing gigante que no tiene el artista elevado, al menos en cine y literatura...

Las noches del iris negro
: una sociedad secreta de suicidas y la atracción hacia el suicidio de un pueblo. El suicidio colectivo. El estar vivo como traición. Un narrador ex futbolista. También una reflexión sobre la libertad de morir:

Lo que hace soportable la vida es la idea de que podemos elegir cuándo escapar.

La hora de los cansados parece un corto nouvelle vague, la narración sigue a un hombre que decide seguir a otro, con un final sorprendente, donde el suicidio es contemplado desde la distancia. El título hace una doble alusión, al cansancio por spleen y al cansancio por hartazgo, por ese doble significado que pude tener la palabra en castellano.

Un invento muy práctico, quizá es un título que alude a la creación, a la ficción, al hecho de inventar una realidad o parte de ella, y en este caso se trata de la evocación de un pasado dudoso mediante una carta, llena de amargura y de humor, uno de los cuentos que más me gustaron del volumen.

En Me dicen que diga quien soy, Vila-Matas enlaza con el anterior y nos muestra un narrador poco identificable con el autor, más identificable -y digo identificable y no identificado, quede claro- con el personaje a quien se dirige, y que enlaza, digo, porque se muestra más cruel y más cabrón, y quizá por ello la sucesión no sea antojadiza. Todo esto hasta la sorpresa de saber que es el propio Vila-Matas el narrador, solo que quizá transformado en su álter ego reverso, el Satam Alive (sataM-aliV .E). ¿El tema podría ser el suicidio inducido? ¿Inducido por el Mal?

Los amores que duran toda una vida, la muerte de Fernando, según se nos dice al final por terminar de una vez con la vergüenza de ser español, lo que le estaba matando, planea durante toda la narración en la que la narradora conversa con su abuela.

El coleccionista de tempestades me recordó a Perec, en la minuciosidad de describirnos un invento por parte de un genio loco, un invento que le permitiera suicidarse... y que por culpa del destino en personaje en cuestión fallece cuando se disponía a suicidarse, como publican los periódicos.

El volumen termina con una cita de la carta de despedida de Mario de Sá-Carneiro a Pessoa anunciando su suicidio, y que comienza con la frase que da título al cuento: Pero no hagamos ya más literatura.

domingo, 11 de mayo de 2008

La niña del pelo raro, de David Foster Wallace

La niña del pelo raro.
David Foster Wallace.
Mondadori. 1989. 405 págs.


La niña del pelo raro es una colección de diez cuentos, que van desde las 2 páginas de Todo es verde o las escasas 8 de Por suerte el ejecutivo de cuentas sabía practicar la reanimación cardiopulmonar, hasta las 160 del último, Hacia el oeste, el avance del imperio continúa. En general todos los cuentos son muy buenos, pero algunos de ellos tienen una calidad asombrosa.

El primero de ellos,
Animalitos inexpresivos, es un magnífico cuento que nos cuenta en dos planos narrativos la historia de una concursante del mítico programa televisivo Jeopardy!, donde se mezcla la propia historia de la protagonista, mediante escenas de su vida personal, tanto del pasado, determinante en la narración, como de su presente, como de los entresijos del programa en cuestión y del mundo televisivo en general. Es el primer cuento que podría calificarse de extraordinario.

Le sigue Por suerte el ejecutivo de cuentas sabía practicar la reanimación cardiopulmonar, que se trata de una simple escena, narrada de manera sutil y que en todo momento mantiene la tensión.

La niña del pelo raro trata de un ejecutivo yuppie que se junta con unos punks para ir a un concierto de Keith Jarret, que me recordó, en otro orden de cosas, a la novela de César Aira La prueba, por el surrealismo del argumento y por la presencia de unos punks con un personaje principal ajeno a ese mundo, si bien David Foster Wallace me parece mucho más interesante que Aira, sobre todo por aquello que decía Monzó de que la diferencia entre novela y cuento es que el cuento le permitía una forma de creación mucho más improvisada en el sentido de que la novela siempre necesitaría un plan y una dirección hacia la que ir y el cuento no, y en este sentido Aira trabajaría, o esa sensación me queda, más improvisadamente y sin un claro objetivo hacia el que ir, mientras que en este caso DFW al hacer un cuento eso forma parte del propio género (ésta es, por otra parte, una de las dudas que siempre planean sobre la obra de Borges, de por qué no fue nunca capaz de hacer novela, independientemente de su genialidad a la hora de hacer cuentos).

Lyndon centra su narración en un homosexual que llega a ser el ayudante del presidente Lyndon B. Johnson, y que también centra su historia en dos planos paralelos, por un lado la historia de dicho personaje que empieza desde lo más bajo hasta llegar a ser el ayudante del presidente, puro self-made man, y por otro, y sobre todo, los entresijos de la política norteamericana retratados magistralmente por el autor. También me recordó a otro cuento de AM Homes, La ex primera dama y el héroe del fútbol americano, protagonizado esta vez por Nancy Reagan, mucho más cruel, pero, y aun siendo también un cuento muy interesante, algo más pesado.

En John Billy, el autor nos cuenta a través de un paleto la extraña vida de un personaje, introduciendo técnicas narrativas interesantes.

Aquí y allí es un magistral cuento centrado en un matrimonio desavenido, un cuento muy divertido con una escena magnífica en la que el protagonista intenta reparar un electrodoméstico.

Mi aparición nos cuenta de una manera absolutamente genial las inquietudes de una actriz televisiva al enfrentarse a una entrevista con Letterman. Aprovecha para contarnos de nuevo, como en el primero de los cuentos, los entresijos del mundo televisivo, así como para hacernos reflexionar sobre la mascarada que supone cualquier enfrentamiento con la audiencia y con un pope tan influyente como Letterman, así como la influencia que el medio puede tener en el devenir de una carrera. Una de las obras maestras del libro.

En
Di nunca DFW nos introduce en la vida de un personaje y de su infidelidad, narrada desde diferentes puntos de vista, con distintas voces narrativas, donde experimentamos una progresiva simpatía por el personaje principal.

Todo es verde es el cuento más breve, casi una mera escena que nos sirve para abrir boca de lo que nos encontramos a continuación, el último y mejor de todos los cuentos Hacia el oeste, el avance del imperio continúa, más de 160 páginas cuyo argumento, la reunión de todos cuantos han participado en un anuncio para McDonadls, nos lleva a través de unos personajes, buena parte de cuya acción transcurre en un coche de fabricación casera del hijo del dueño de la cadena, que conduce por otro lado vestido de Ronald MacDonald, a un cuento de continuas referencias metaficcionales a través del cual advertimos no sólo una reflexión sobre la propia creación literaria, una mirada sumamente irónica sobre la literatura posmoderna así como a un final, asombroso por otro lado, donde lo contado pasa a un segundo plano para contarnos la propia creación de uno de los personajes, un cuento dentro del cuento, magistral a su vez, donde el autor interviene a la vez que como narrador como crítico, lo cual lo convierte, por la mezcla de ironía respecto a la propia metaficcionalidad de la literatura y al tiempo su uso hasta el exceso, en un auténtico prodigio de técnica y de juego de planos narrativos.
UNA INTERRUPCIÓN VERDADERAMENTE DESCARADA Y MALEDUCADA

Tal como se ha dicho antes -y si esto fuera un relato metanarrativo, que NO lo es probable que se mencionara el número de líneas de letra impresa entre esta referencia y el referente prenominado, lo cual sería un verdadero coñazo, además de una chulería, dado que significaría asumir que la narración simple, directa y sin adornos de un día lento, caluroso, frustrante y espeso en la vida de tres chavales que no han dormido y que ni siquiera son especialmente cordiales, puede acabar publicándose, lo cual en estos días sería bastante buena suerte, pero sí que se mencionaría ese número en caso de ser este un relato metanarrativo, no hace falta ni decirlo, es una convención posmoderna obligatoria encaminada a llamar la atención y las emociones del pobrecito lector acerca del hecho de que la narración que ha adquirido y ha pagado y que ahora está empleando su tiempo en inspeccionar no es una simple ventana que da a un mundo distinto y ciertamente entretenido, sino que en realidad es un artefacto, un objeto, una simple cosa de este viejo mundo de aquí, compuesto de una emulsión de pulpa de madera y de una serie de hileras horizontales de tinta, y de convenciones, y por tanto, en sentido profundo, no es más que la falsificación opaca de una ventana capaz de transformar la realidad, no es una ventana de verdad, sino una broma, y por tanto en sentido profundo (y ahora también intencionado) es algo artificial, es decir, fabricado, falso, una ficción, un pretendiente al estatus de real, un rey de España con el pelo de paja -y se supone que esta autocomplacencia explícita y esta revelación deconstructiva hacen que la metanarrativa sea más real que un relato "realista" y pre-posmoderno, que depende de una serie de técnicas anticuadas para crear la ilusión de una ventana que da acceso a otra "realidad" isomórfica a la nuestra pero dotada y armada con unas verdades superiores con las cueles toda verdadera persona humana mantiene una relación aspirante-, y todo esto el Realismo Resucitado, producto del esfuerzo laborioso, deshonroso y minimalista de un sinfín de oscuros seminarios de escritura creativa en las facultades de todos los Estados Unidos de A., y que el mariscal de campo Lish (y él debe de conocerlo) ha llamado nuevo realismo, promete demostrar que no es más que un montón de chorradas, ¡toda esa mierda metanarrativa!, y además es un montón de chorradas totalmente ingenuas, puesto que se apoya en las mismas "presuposiciones ocultas" que esa misma narrativa realista que la metanarrativa pretende "desacreditar" -y uno se imagina a un montón de nudistas arrancando a jirones la ropa del pobre emperador y luego retorciéndose de risa, como si ellos no fueran a regresar también a sus casas en colonias de edificios de cristal- y dicen los chicos de Nuevo Realismo que esa metanarrativa es todavía más odiosa, porque es una bofetada en la cara de la Historia y del Método Inductivo ejercido por los esbirros que-no-están-para-hostias de la Historia, y además abre la puerta de un armario lleno de maloliente habilidad gratuita, de autoindulgencia, de meter rollos, de malabarismos, lo cual, como te dirían Gardner o Conroy o L'Heureux o, coño, incluso el mismo Ambrose, son el mayor aprobio para cualquiera que desee convertirse en un apasionado virtuoso -lo más próximo que hay al tabú, a lo prohibido, al aprobio, al
asut...-, y por tanto no se mencionará el número de líneas que hay en medio, aunque el coñazo que supondría sería secundario y considerablemente más rentable, teniendo en cuenta que el tiempo está gravemente limitado, que esta consideración y este rechazo en particular... hoy va a celebrarse una Reunión de todo el mundo que ha participado en alguno de los 6.659 anuncios de McDonald's que alguna vez se hayan concebido [...]
Esta extensa cita, donde cabrían destacarse varias cosas interesante, está marcado por, primero, un título significativo, segundo por un NO en letras mayúsculas que nos quiere dejar claras las intenciones del autor, y en tercer lugar por continuas digresiones, que parecen no llevar a ninguna parte pero que sí llevan. Sobre este párrafo y sobre este relato en general, cabría hacer un paralelismo con El Quijote, obra emblemática de la metanarrativa, por cuanto así como Cervantes hace una antinovela de caballerías sirviéndose para ello de todas y cada una de las mañas y elementos de ésta, DFW pretende no hacer metaficción metaficcionando, lo cual es un logro narrativo que solo pude conseguirse como él lo logra: mediante la ironía. Así después escribe:
Además el Nuevo Realismo como es joven y realista, también es muy lento. (...). Su lentitud se distingue de la pura realidad únicamente por su extrema economía, su desprecio prusiano por la distracción, su obsesión por los límites restrictivos de su propio espacio, su higiene, su lúgubre proximidad a su propio horizonte. Es una de las cosas más descorazonadoras que pueden adquirir en las mejores librerías. Yo que tú le echaría un vistazo.
Donde continúa introduciendo crítica y teoría literaria, dando esta vez a diestro, el realismo, como, a continuación a siniestro, el posmodernismo (casi se podría, de nuevo, aplicar su crítica a su propio estilo, con lo cual sería una parodia que el autor haría del narrador):
De nuevo hay que hacer notar que la generación anterior de escritores agobiantemente autoconscientes, obsesionados con su propia interpretación, llegado éste punto mencionarían, justo cuando parece que vamos a llegar a alguna parte, que esta historia no va a ningún sitio, que no avanza siguiendo la curva freitagiana ascendente y continua que deberíamos estar registrando a estas alturas, página 35 del manuscrito. En cambio, seguirían la máxima de su hierofante C___ Ambrose, según la cual este reconocimiento interno y explícito de su incapacidad para entrar en materia los liberaba de algún modo de la obligación de entrar en materia. O incluso podría, de alguna manera llena de recursos y sobre todo ingeniosa, representar ese mismo movimiento que afirma negar. La impresión que tiene Mark de estos gamarahitas es que básicamente son unos tíos sinceros -unos críticos, en realidad, y no los sacerdotes que intentan ser- y que es irónico que sea precisamente su propia integridad como críticos lo que hace que queden atrapados por la misma industria de engaños que intentan regular.
Jugando también con esa ironía característica en DFW, cuando tras la crítica hecha, se muestra consciente de que está jugando con el lector, distinguiendo realismo y realidad, aun sabiendo que el lector sabe que lo que nos cuenta sobre la famosa Reunión no es verdad:
HE MENTIDO: AHÍ VAN TRES RAZONES POR LAS CUALES LO ANTERIOR NO ERA REALMENTE UNA INTERRUPCIÓN, YA QUE ESTA NO ES DE ESA CLASE DE NARRACIONES QUE PUEDAN INTERRUMPIRSE, PORQUE NO ES UNA NARRACIÓN, SINO LA MISMA REALIDAD TAL COMO ESTÁ SUCEDIENDO AHORA

Si esto fuera ficción, el cataclismo que evitaría que las seis personas que van en el coche de fabricación casera de DeHaven llegaran por fin a la Reunión prometida en Collision sería una colisión.
O:
EN REALIDAD ES PROBABLE QUE NO SEA LA ÚLTIMA INTERRUPCIÓN MALEDUCADA

(...) dividir todo esto de la narrativa en realista, naturalista, surrealista, moderna, posmoderna, neorrealista y meta- es como dividir la historia en cósmica, trágica, profética y apocalíptica. (...) Atomiza, no cohesiona a las multitudes, y, como todo lo que es intemporalmente insensato, lleva al odio ciego, la lealtad ciega y la súplica ciega.
Por último, otra de las ocasiones, interrupciones (o falsas interrupciones) en los que acomete unos comentarios sobre la literatura en general y la americana en particular, que me parecen muy lúcidos:
La narrativa elemosinaria desea la caridad. La narrativa iconodulística desea el orden. La narrativa lasciva desea el deseo. La narrativa apocalíptica desea ese cambio inevitable que se oculta tras el miedo. (...) La narrativa trinitarista, específicamente americana, desea ese cambio que siempre lo mantiene todo idéntico. Es tan fría como un supermercado -probablemente es más economía que arte- y calcula el ritmo del ritmo de cambio del cambio como un cero que fingimos que no vemos y que se halla oculto tras la hoja de parra de Newton. Es un arte que se oculta, diminuto y con colmillos, en el ojo de los huracanes, en el eje de los giros y en el corazón frío y quieto que hay dentro del corazón pulsátil del amante. Es tres veces sujeto y tres veces bueno.
Y finalmente, en medio de un diálogo, una acotación metanarrativa entre paréntesis, en consonancia con lo antes dicho:
(De nuevo me siento en la obligación de decir que esto es solamente una sinopsis y no es fiel a una voz que me temo que no sé imitar.)
En definitiva, un libro con una serie de cuentos muy interesantes, con al menos tres magníficos y uno que es sencillamente asombroso.

jueves, 8 de mayo de 2008

Afterpop, de Eloy Fernández Porta (II)

Cuando voy a una librería con alguna idea en mente de qué libros deseo comprar, con la idea también de que, de hacerlo saldré muy contento de la tienda, suelo ir directamente a buscarlos en la estantería, y por una extraña razón que se me escapa, suelo coger el libro y una vez veo el precio me entran las dudas y, antes de volverlo a colocar o de llevármelo, lo abro y veo el tipo de letra, la calidad del papel, miro la portada y la contraportada y finalmente, paso la vista por algunas páginas. He notado como algo curioso que el hecho de ver letra en cursiva de títulos de obras, de películas o de canciones, o ver algunos nombres propios entre las líneas me gusta, me hace sentir algo que no se describir (por eso mismo me gustó tanto El último lector, de Piglia, que trata de lo que leen algunos protagonistas de algunos libros, como algunos libros de Vila-Matas lo hacen de lo que escriben, precisamente). También me gusta ver que tiene notas al pie de página o que se insertan canciones o poemas o, a la manera de Sebald o Marías, fotografías. Quizá eso revele cierto aprecio por la referencialidad. No lo sé. Lo que sí se es que no hago ninguna distinción jerárquica entre ellas, entre las cosas que veo, que me dan lo mismo como son catalogadas por viejos o jóvenes profesores universitarios, críticos de suplementos culturales o enteradillos de la blogosfera. Me da igual o siento lo mismo al encontrar una copla de Miguel de Molina que una canción de Dylan, una referencia a Godard o a Valerio Lazarov, a Agamenón o a su porquero. Quizá por eso mismo disfruté en su día tanto de Manuel Puig. También hicieron esto hace treinta y tantos años Umbral, Vázquez Montalbán o Terenci Moix, si ir más lejos.

Creo que esta temprana y natural asimilación por mi parte de lo que EFP calificaría de alta o baja cultura pop y que a mi me suena a chino, es lo que hizo que me gustara menos el ensayo, que me pareciera estarme contando desde una visión un tanto pretenciosa algo que yo ya tenía asumido y que, por ello, no le otorgo ninguna originalidad. Es más, teorizar sobre ello lo hace, sin duda, adolecer de la frescura que se le presupone a cualquier nuevo movimiento.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Afterpop, de Eloy Fernández Porta (I)

Afterpop. La literatura de la implosión mediática.
Eloy Fernández Porta.

Ed. Berenice. Marzo 2007
336 págs.


Este libro en general no me gustó. Lo cual quiere decir que en particular, algunos de sus ensayos sí me gustaron, y mucho. Pensé, mirando el índice que los ensayos dedicados a Ríos o a Vila-Matas me gustarían más, como el de Ballard, por ejemplo. Creo que fueron los que menos, porque no encontré bien definidas las conexiones, no entendí que pretendía demostrar, y si no pretendía demostrar nada, simplemente me pasaron por encima sin dejar huella.


Otros ensayos -porque este libro para mí peca de escasa conexión entre los capítulos, con lo que lo considero una colección de ensayos-, como el dedicado a la televisión o la música, que está como al principio, está bien escrito y bien estructurado, pero creo que el autor es injusto a la hora de hablar de los jebis. De hecho entiendo que le facilita las cosas para establecer un paralelismo entre la música y la literatura y la cultura en general, afirmando que el metal es la clase de música que equivaldría a la cultura oficialista y retrógrada, con una legión de fans que exigen virtuosismo, que compra discos cuando ya nadie los compra, que llena estadios con los mismos grupos que hace treinta años, y que se definen como los garantes de la música. Y si bien es verdad que dentro del metal existen borregos true metaleros, no es menos cierto que el metal es amplísimo, y que dentro del metal existen grupos y seguidores diversísimos. Yo en lo personal, jamás he conocido a gente más fanática y fetichista de la música que esos tipos a los que les gusta el garage de los sesenta. No hay más que acercarse a las tiendas y ferias de discos de vinilo. Por otro lado no se debe olvidar que el metal ha estado y sigue estando en la más completa marginalidad a nivel institucional (los ayuntamientos no contratan grupos heavies aunque saben que llenan, prefieren perder dinero contratando a Paulina Rubio) y mediática (la radio fórmula aceptó a regañadientes a grupos heavies a finales de los ochenta cuando ésta música se hizo comercial, lo que por otro lado fue un suicidio que el grunge se encargó de dar el golpe definitivo... eso, claro, si consideramos el heavy lo que todos los heavies detestaban, que eran los grupos que precisamente se habían ido acercando al pop o al AOR más comercial, y nos olvidamos toda la inmensa creación que hubo alrededor del thrash metal, con legiones de seguidores y que influyó tantísimo en la música underground más hardcore, y no al revés), lo que le ha hecho encerrarse en sí misma simplemente para protegerse.
Y es que en el fondo, cuando se habla de canon digital y demás mierdas, cuando se habla de piratería y de delincuencia, existen dos alternativas. Una es sonreír y decir a los viejos burócratas y demás representantes de la vieja cultura que el mundo cambió, que la industria se debe adaptar a la nueva situación y que esta nueva situación no es otra que la de que la música se difunde por otros canales, en este sentido la música pop menos conservadora se define por dar de lado al sistema mediante los sellos independientes, la autoproducción y los nuevos canales de difusión. La otra opción es entender que el talento y la música no tienen relación con la industria ni con el negocio, que un músico de verdad maneja el mismo lenguaje de Bach y no el de Geffen, y que en tiempos de Bach no existían los cedés, ni la MTV, y que en este sentido un heavy que escucha tocar al pesado y coñazo de Yngwie J. Malmsteen, las celebraciones de los genios indies y/o underground le suenen a la misma retórica que la música oficialista, creando con ello una suerte de mistificación en torno a genios que nadie conoce salvo unos pocos seguidores que los encumbran en su parterre comunal, una especie de sentimiento colectivo y sectario al mismo tiempo, donde a diferencia de esos gurús de las sectas religiosas que no podrían multiplicar panes ni peces, sus héroes -y solo ellos- sí son capaces de tocar el capricho 5 de paganini con una Charvel. Al heavy metal kid le da más o menos lo mismo que sus grupos graben con una multinacional o que vendan muchos discos, lo importante es que toquen bien y que den conciertos, y el futuro pasa por eso, por lo de siempre, y no por lo que insinúa EFP cuando habla de esa patética actitud de los heavies de comprar discos originales. Se olvida EFP de hechos comprobados como que fueron Metallica y no U2, Madonna o Sonic Youth los de denunciaron a Napster porque eran ellos y no otros los que más descargas ilegales sufrían. Demuestra una ignorancia grande quien afirme que el jebi no se descarga música, no una ignorancia por desconocimiento de los sujetos, los jebis, que efectivamente pueden ser los que más discos originales tengan en sus casas, pero que seguramente también sean los que más discos grabados tengan y bajen de la red, como por los objetos, no saber que cualquier búsqueda de un disco de heavy por un programa p2p nos dará fiel reflejo de lo que busca un heavy: archivos de 450 Mb en formatos .wav o .flac o .cue con cientos o miles de fuentes, frente a los miles y miles de fuentes de las canciones sueltas de 56Kbps de cualquier hit. También se pude ser sectario sin ser un gilipollas.


En definitiva, y por terminar con unas preguntas: ¿hay una cultura rock? ¿y un afterock?


¿Quienes son los jazzmen de la literatura?


~



La obra está, como dije antes, llena de referencias, es una continua sucesión a referencias que se entrelazan, no siempre con demasiado acierto, a veces se pude discrepar y a veces hasta llevar sorpresas que le llevan a uno al escepticismo: que por arte de birlibirloque el famoso episodio de Family Guy, Patriot Games cuyo referente obvio por literal es el título de la novela de Tom Clancy (al que no se hace referencia), se convierte aquí en Funny Games, clara referencia a la peli del mismo título de Michael Haneke, con lo que el lector -el que no haya visto ni el episodio y la película, en mi caso había visto ambos y por eso me pareció tan cogido por los pelos que no tuve más remedio que buscar información: no hay-, tiene claro que los autores de la serie americana hicieron un homenaje a la película del austriaco ya desde el mismo título, esto, en una obra con tal cantidad de datos hace que el lector poco enterado se cuestione la veracidad de todas las referencias.



También habla, como no podía ser menos, de comics. Desde hace un tiempo relativamente corto se ha extendido un culto al comic americano, al comic marvel, que al paso que va dejará de ser de culto y hará, unido a muchos otros hechos, reconsiderar el concepto de culto y redefinirlo, por cuanto empieza a no ser ni parecido a lo que era. El comic de culto muchas veces es el comic que ha vendido millones de ejemplares, de hecho es el comic que más ventas tiene del mundo, no es el comic underground, no es Crumb ni nada de eso, que también, sino el comic del superhéroe fascista americano que algunos se tragan en ediciones de superlujo y cartoné por fin en español. Es el comic que viene referenciado en la alta cultura pop sublimada -el otro, el comic underground no solo no es referenciado, o no tanto, sino que es el mismo el que referencia, lo que le hace mucho más interesante y en éste sentido, más pop- quizá por la grandeza del autor que lo integra, como puede ser el caso de David Foster Wallace, pero que cuando se pone en manos de un autor más torpe, o por ser menos cruel, cuando se plasma en una obra menos afortunada, como el comic de Superman en manos de Alan Pauls, siendo una referencia pop se queda en un simple ingrediente más dentro de un contexto histórico pasado. Alan Pauls es más Cuéntame y DFW es mas Seinfeld, por poner ejemplos no se si buenos, pero al menos claros. Y ya se sabe, cuanto más de culto y al tiempo más popular, más pop o más afterpop o neopop o postpop. EFP habla de comics de Entrialgo y de Vidal-Foch, mucho más interesantes, también de Crumb habla, eso es cierto, y por eso creo que esta parte del libro es de las que más me interesaron.


El autor trata de escribir un ensayo diferente de la manera al uso, por tanto sería bueno también no tener por ello la menor reserva a la hora de criticarlo y no encumbrarlo a los altares como biblia de todo un movimiento o de una generación. Lo puede ser, y al mismo tiempo puede estar mal estructurado, o ser poco claro, o confuso, o queriendo tejer transversalidades crear cierta irritación o confusión en el lector que sólo puede llegar a entender algunos de los ensayos de esta colección si está muy enterado del mundo de la cultura oficial, por ejemplo, toda esa mierda que EFP decide sacar a pasear sin mucho sentido para criticar a Ferlosio con una violencia gratuita por cuanto no está en absoluto justificada -por cuanto no explicita sus causas y tan solo en parte, se intuye, los motivos- con lo que para el lector probablemente no pase de ser un ejercicio de mala hostia contra un señor que viste viejuno, tiene seborrea y se afeita mal, es decir, una suerte de pijismo intelectual, no se si muy pop pero sí muy sectario, quizá tan sectario como lo que ataca. Probablemente más


Y luego está el camp, que a mi no me queda claro si es pop o no lo es o caso de serlo es bajo o alto o medio o depende. Yo creo que depende, no se que cree EFP. Yo soy español y nací poco antes de morir Franco, y aquí en este país, las referencias a la cultura pop que tenemos los de mi generación -y la suya- son las que podría tener un norteamericano veinte años mayor que nosotros: en comic, en series de televisión y hasta en música, que nos llegó siempre tarde, pero también hay la cultura española de la transición que era contemporánea. Por eso pensar que toda referencialidad en un español al show de Lettermann es más alto pop que al show de Íñigo o al programa de Tola es pura pose. U olvidarse de Terenci Moix o de Vázquez Montalbán o de Paco Umbral, por mucho que hable de Vila-Matas o de Ríos para entroncarlo más con lo que a él le gustaría que fuera el afterpop que lo que es, si es que tiene que ver con el pop, lo cual es incluso udoso, pero en tanto que no lo fuera carecería de sentido y no servría de nada, ni el libro, ni la generación, ni el movimiento, ni todo lo demás que se quiera añadir.


Me pregunto, aún después de leer el libro qué es bajo pop y que grado de responsabilidad tiene la mano del autor para elevarlo o sumergirlo dependiendo de cómo maneje sus elementos y no de qué elementos maneje.


¿Cuando Puig nos cuenta las pelis de Tourneur es más alto pop que cuando nos cuenta la peli pronazi? ¿O todo en Puig es baja cultura porque es camp? (Aunque aquí cabría imaginar si la gente, en la época actual y con los medios a su alcance, habría convertido Destino en una cult movie de haber existido).


¿No hay camp en la implosión mediática? ¿Sólo hay pop? ¿Qué medios conforman dicha implosión? Fundamentalmente, adivino, el comic y la televisión, que existen por cierto desde hace más de medio siglo. El cine desde hace uno. Las performances no tengo ni puta idea. No me interesan nada. EFP habla de algunas construcciones de nosequién. No me acuerdo. No tomé apuntes.


¿Hay un Aftercamp?


En definitiva, que es un libro irregular, en el que incluso siendo un ensayo EFP prueba a intercalar narrativa, que a mi no me gustó nada por cierto, y que obedece menos al título de lo que me hubiera gustado. Creo que es un ensayo al que le sobran la mitad de las páginas y le faltan otra mitad distintas. O un ensayo para los amigos, los que saben ya de que va.


Y supongo, soy consciente, de que fui mal lector o de que no estoy preparado, o ambos. Pero después de la lectura me quedé (casi) como al principio y me dió la sensación de que es un ensayo que plantea más preguntas que respuestas, y esto, que dicho así puede hasta ser bueno, en este caso es malo.

martes, 6 de mayo de 2008

El pop después del fin del pop, de Pablo Gil

El pop después del fin del pop.
Entrevistas a Damon Albarn, Steve Albini, Beck, Bjork, Peter Buck, Manu Chao, Jarvis Coocker, Ani DiFranco, DJ Shadow, Mark Eitzel, Noel Gallagher, David Gedge, Bobby Gillespie, PJ Harvey, John McEntire, Ian MacKaye, Robert "3D" Del Naja, Tricky, Eddie Vedder & Thom Yorke.
Pablo Gil.
Ediciones Rockdelux, 2004 201 p.



La obra recoge veinte entrevistas a otros tantas figuras de la música pop de los últimos años, concretamente de 1990 a 2005, entrevistas recopiladas por Pablo Gil y que fueron echas entre 2001 y 2004 para la Revista RockdeLux. Por aquellos años, es decir, allá por 1990 a mí no me gustaba el pop. Tampoco me gustaba la revista porque a mi siempre me pareció una revista más de pop que de rock. A mi no me gusta el pop, aunque esto es matizable: no me gusta el pop de, digamos, los últimos veinte años, y de lo anterior, pues poquito, a qué me voy a engañar. Sin embargo no todo es pop en este libro, también hay rock y algunas veces del bueno. Quizá lo que me motivó a leer este libro fuera, por un lado la alusión de Vicente Luís Mora y Agustín Fernández Mallo en una conversación recogida en sus blogs, y por otra la posibilidad que me daba de informarme de forma rápida sobre de lo sucedido en la escena musical en los últimos 15 años, o mejor sería decir, en la última década, porque yo, un fanático de la música, con una discoteca llena de vinilos y cedés coleccionados desde los doce o trece años en lo que supuso mi primera obsesión, llegué, hace algún tiempo, como una década o así a desencantarme por completo de lo que se hacía y a volver cada vez más atrás para, al final, quedarme en el medio, en los sesenta y setenta, en esa década del 64 al 74, y en algunos buenos discos de los siguientes 20 años... Después, y muy poco a poco, voy recuperando cosas de mi memoria, de mi HD, descubro cosas que eran famosísimas hace cinco años y ya están pasadas, la mayoría (de lo que me gusta) no se adhiere a mi, me es ajeno, aun valorándolo, y no lo puedo evitar, al cabo de un tiempo me parece música para estados de ánimo, música para bailar, para oír en el bar, en la sala de espera del dentista, para poner en una fiesta, para recordar la letra y ser ingenioso en una reunión cantándola, para empapelar o pintar los techos, para relajarse mientras se caga, para escuchar mientras se lee el periódico... pero seguramente para emociones más extremas, para colocarme, para follar, para sentirme vivo, para llorar o para gritar, para el poscoito, para cagarme en dios o simplemente para estar contento están otros discos y ya me cuesta no ya subsituirlos, sino añadir otros...

Una de las cosas que me gustó más de esta obra es los comentarios de Pablo Gil, tanto en la introducción como en los comentarios de algunos de los álbumes que recomienda de cada artista. Creo que están bien planteados y contextualizados, haciendo referencia a la cultura imperante y a la herencia adquirida, e incluso aunque atrevida, creo que la referencia a Fukuyama y su fin de la historia es válida, aunque para ello en el pop no haya tenido que fracasar una alternativa al pop, como fracasó el socialismo como alternativa al capitalismo dando así por finalizada la historia para el politólogo americano, si bien Gil aclara que la referencia inmediata sería la del libro de respuesta a Fukuyama del historiador Josep Fontana "La historia después del fin de la historia".
¿Y como es el pop después del fin del pop? ¿Cuándo aconteció el fin? No lo se. Ni me importa. A lo mejor son cosas de periodistas y de historiadores y de afterintelectuales.

En ésta libro parece que subyace la idea de que el punk es una evolución, o una etapa en la historia del pop. Yo creo que el punk es una reacción al pop y una evolución del rock, si bien si se extiende el término pop a la Cultura toda, incluida la contracultura, entonces también podría decirse que el rock es una parte de la cultura pop, cosa que cualquier aficionado al rock no aceptaría. Y es que hay dos cosas que se llaman igual: la música pop y la Cultura pop, donde la ésta última incluye a parte de la primera, no todo, además de otras músicas. Así pués ¿punk y post-punk como evolución del pop? Casos como Steve Jones de Sex Pistos que hicieron hard rock, o Ramones, Plasmatics o Motörhead, al lado de Johnny Rotten y sus PIL o Siouxsie que realiza sus peores albumes cuando se acerca al pop y sus mejores cuando se acerca al rock, lo mismo que The Clash que no son nada pop. ¿Tal vez son los mod los únicos poppies prepunks, o su música es netamente rock? Aquí ya entra un tercer factor a añadir a la música y la cultura, que sería la tribu.

Hecha esta introducción, paso a los protagonistas.

Damon Albarn. A mí, que no me gustaba el brit-pop, Blur y Gorillaz me aburren mucho, me parecen grupos de singles y yo tengo el oído mal acostumbrado a los álbumes. A este muchacho, Albarn, se le ve un poco perdido, un poco decepcionado de lo que vivió y como buscando cosas. Claro, el pop es tan limitado que después de meterle electrónica y ver que sigue siendo casi lo mismo solo que peor, se va a tocar música medio étnica. Habla de que el "formato gira" está agotado, es decir, habla en un lenguaje distinto del mío y por eso no lo entiendo. Habla de la improvisación como un adolescente que escucha por vez primera a Charlie Parker: entre entrañable y patético.

Steve Albini. A éste no lo conocía, pero Shellac no me dicen nada y no me interesan los productores, nunca me ha dado por intentar distinguir qué productor había detrás de un disco o asociar un sonido a un productor, o achacar el buen resultado de un disco a la producción. Eso nunca me interesó nada. Eso es cosa de periodistas, críticos y aficionados pedantes.

Beck. Me gusta mucho. Justo lo contrario de Albarn, Beck parte del eclecticismo, mientras que Albarn pretende evolucionar hacia el. Es un tipo interesante que ha hecho muy buenos discos, algunos buenísimos y que a mi juicio es de los que mejor habla y dice cosas más interesantes de todo el libro. A destacar también la introducción de Pablo Gil al artista que resume en buena medida la cultura hipermoderna.



...intento estar delante, pero no demasiado adelantado o demasiado en el futuro. Post-moderno es un término en el fondo bastante irrelevante. Las cosas son manufacturadas, y están cambiando constantemente tan rápido que no puedes encuadrarla durante mucho tiempo. ¿Post-moderno? No sé. Quizá se refiere a que deconstruimos las cosas...


Björk. Su música en solitario o en los Sugarcubes nunca me gustó demasiado, y su forma de cantar, sobre todo viéndola, me provoca una extraña incomodidad y un cierto malestar que no acierto a explicarme. Creo que es porque va como un poco por detrás, que es lo que hacía Dexter Gordon a veces y eso era maravilloso pero que cuando lo hace Björk me provoca ansiedad. Casi como escuchar al novio de Natalie Portman. Sin embargo, en relación al libro, todo cuanto dice me parece muy sensato e inteligente, la verdad sea dicha.

Peter Buck. REM me gustaron siempre. Orange Crush me parece una canción acojonante. No recuerdo lo que dice Buck en la entrevista, pero tampoco me importa demasiado.

Manu Chao. A mi Chao me gustaba con Mano Negra, y tuve una época en la que me gustaba mucho lo que sacaba en solitario. Hace tiempo que no lo escucho, pero me sigue gustando. Creo que es uno de esos músicos que a uno le gusta en una etapa de su vida y luego se le va la venada... como pasa con The Doors. Todo lo que vino detrás de él, la música perroflauta y coñazo que le copia no me interesa nada, hasta me irrita. En la entrevista no se muestra tan mesiánico como podría pensarse, es un tipo muy sencillo, o lo parece.

Jarvis Cocker. Ni me gusta él, ni me gustaba demasiado Pulp, aunque tiene canciones muy buenas y se ve un cierto talento detrás, pero es una música muy de single, muy pegadiza, y que lo único que a veces la distingue del resto es que la guitarra, a ratos, suena más alta... por lo demás parece lo de siempre. La entrevista es aburrida, no me dice nada.

Ani DiFranco. Se ve que esta mujer es interesante, por todo cuanto dice y hace. Es con Beck de los pocos entrevistados que dicen cosas interesantes. Su música no la conozco mucho: lo primero que recuerdo es una impresionante canción que salía en un documental sobre Bush, titulada Self Evident.

DJ Shadow. No me interesan los DJ's. Este debe ser un genio, pero a mi no me interesa.

Mark Eitzel. A este tampoco lo conocía. Me cae un poco mal, sobre todo por su falsa modestia y su ir de tipo simple y paleto, aunque lo que diga esté bien, o sea, diga cosas ciertas. Tiene canciones bonitas que no recordaré nunca.

Noel Gallagher. Yo detesto a Oasis. No es que simplemente no me gusten, sino que los detesto. Creo que el cantante es aun más imbécil, o quizá igual pero berrea más. Detesto Wanderwal hasta lo inimaginable, tanto que a veces la canto cuando me emborracho. El Noel es un gilipollas y, superando mis propias expectativas, lo demuestra en cada una de sus respuestas a la entrevista. Cuando dice que el rock está mejor ahora que hace quince años y hace referencia a Rainbow y Black Sabbath es para matarle. Con lo que les gustaba a Pearl Jam y a Nirvana los Black Sabbath... O cuando dice que el problema del puto rocanrol es que viene del blues y de los doce compases, ya hijo mío, y de dónde cojones venís los poppies, ¿del Tin Pan Alley? El pop, por lo visto, no da mucho de sí. A quince años vista el brit-pop de los noventa me parece una puta mierda, creo que más incluso que entonces, cuando yo escuchaba Megadeth y esas cosas y tenía los oídos menos abiertos. Bueno, pues ahora, con la tolerancia de los años y después de incluso haber pasado por una etapa jazzy en la que hasta tocaba el alto sax, puedo decir que me gustan aún menos que entonces... Tiene en común con Bjork y con Eitzel , el entrecejo, lo cual a veces es lo más que se puede decir sobre las similitudes de los entrevistados entre sí, aunque sean todos pop, según el autor.

David Gedge. The Wedding Present son un buen grupo pop, de esos que mola escuchar en tu bar favorito. A mi me mola escucharlos en el St. George, que está cerquita de casa y ponen buena música, aunque es mi mujer la que se conoce todos los grupos porque ella es americana y yo solo un español que se perdió cuando suicidaron a Nirvana.

(Cobain se suicida y yo entro con otras catorce personas en una cantina en Lisboa, y mientras nos pedimos una especie de montados con una carne que aplastan con una maza en honor a Dalí, según nos dicen, y nos invitan a probar unas sabrosas croquetas de bacalao que luego nos cobran, yo me entero del suicidio de Cobain en portugués y me pongo tristísimo. Y siempre que lo recuerdo me viene a la mente una escena de una película en que los protagonistas se enteran de que ha muerto Janis leyéndolo en un periódico mientras van en un autobús, pero no recuerdo el título de la peli... Así que para mi Cobain sin ser mi ídolo (ese es Dylan), si fue mi Buddy Holly).

Bobby Gillespie. Primal Scream no me disgustan, hacen rock and roll, aunque probablemente no hayan compuesto ni tocado ni una sola nota original en toda su carrera. Fue siempre una banda que copió descaradamente pero con buen oficio, la música, las letras, las poses y las actitudes de.
La actitud de drogata (hay traductores que escriben drogota, a mi siempre me sonó fatal drogota, pero bueno, a lo mejor en Madrid se dice asín) del tal Bobby no deja de ser patética y como de retarded, no como Eitzel, que se lo hacía, éste más bien parece que nació así (alguien más benévolo se lo atribuiría a las drogas, yo no), creo que es un tipo auténtico, que lo que dice le sale de dentro, que sigue siendo igual de gilipollas que un chaval de 16, o que el chaval de 16 que él fue. Y es que, y esto sirve para Gillespie como para Gallagher, solo hay una cosa más insoportable que un borracho y es un borracho que te cuente lo que ha estado bebiendo all night long.

PJ Harvey. Esta mujer tiene unos discos buenísimos, sobre todo los del principio de su carrera, que son los que más escuché. Me gusta su voz, que me recuerda vagamente a Chrissie Hynde y a Patti Smith. En la entrevista dice verdades como puños y se muestra como una buena analítica de la situación de la música pop y rock de los últimos lustros. Quizá sus contactos con grandes de las generaciones precedentes le han hecho ver las cosas más claras. En una de las respuestas, cuando dice que la diferencia entre el antes y el ahora es que ahora tenemos a Robbie Williams donde antes estaba Sinatra, deja claro lo que piensa. También tiene algunas respuestas que son una gilipollez: por ejemplo cuando dice que a veces se pasa un tiempo sin tocar la guitarra para no llegar a alcanzar cierto virtuosismo (!!) que la haría perder frescura, y que por eso la gusta componer con el piano que lo toca peor.

John McEntire. Tortoise no hacen pop, así que este es otro de los grupos que figura en la antología de pop que no hace pop. De hecho se parece más al jazz o al prog que a cualquier otra cosa. ¿Que qué dice en la entrevista? Pues no me acuerdo, seguramente cosas de una interesante mediocridad.

Ian MacKaye. Minor Threart y Fugazi hicieron un punk rock acojonante en los noventa, en la escena de Washington, y la actitud del grupo y de MacKaye le convirtieron en un icono punk. Nada de pop. Casi casi, MacKaye es un icono del antipop en el sentido musical y en el cultural. La entrevista es interesantísima, quizá la que más me gustó.

Robert "3D" Del Naja. Massive Attack me aburren mucho. Deben de ser buenos en su género, pero a mi me aburren, es como que se toman demasiado en serio su mierda. No me acuerdo de lo que dice en el libro.

Tricky, si no fuera por la presencia de Gallagher, pasaría por ser el más subnormal de todos. Lo malo es que el tal Tricky además de imbécil tiene un ego más grande aún que Gallagher. Y su música tampoco es demasiado buena, de hecho es una mierda, solo que es una mierda perfecta, que queda como muy bien producida y tal. Si algo tiene bueno es que es sincero, solo que la sinceridad es una virtud que no tiene tanto mérito conforme uno se va haciendo mayor. La sinceridad es como una virtud calvinista, como eso de trabajar mucho. Al final uno puede trabajar mucho y mal, o ser sincero y ser un cabrón, y al revés, ser un genio o una persona agradable siendo un mentiroso, como ser un vago y hacer obras maestras. Este tío, el Tricky de los cojones, dice que le importa mucho ser un ejemplo para los chicos, pero eso lo dice al principio de la entrevista, al final dice que le encanta fumar porros y que no recuerda un solo minuto de su vida desde los 14 años en que no estuviera colocado. Me recordó a una punk que conocí una vez que lo más trasgresor que hizo en su vida fue dejarse una vez el pelo largo y de su color natural: quizá Tricky se sentiría traspasando las puertas de la percepción en el mundo de la serenidad. Y es que en el fondo Tricky representa lo más lumpen, sistémico y reaccionario de la cultura americana.

Eddie Vedder. Otro que hace medio apología de las drogas, pero de manera más interesante, porque lo relaciona con la música y con estados de ánimo concretos y también establece diferencias en las sustancias con relación a la música que se escuche colocado más allá de lo obvio, de lo que todo el mundo entiende por la diferencia básica entre estimulantes/alucinógenos y depresivos. Al margen de esto: Pearl Jam era la mejor banda grunge, porque es la que mejor supo renovarse, la que tenía los mejores músicos y la que sobrevivió. No fueron jamás pop, ni se le acercaron. Sus letras siguen siendo buenas. Siempre tributaron a los grandes, desde Dylan a los Black Sabbath. Es de los pocos de los noventa que aún sigo escuchando con frecuencia.

Thom Yorke. Radiohead me provoca extrañas y encontradas reacciones. Su disco OK Computer, celebérrimo por otra parte, me aburrió siempre. En realidad me aburrió muchísimo las dos únicas veces que lo escuché, hará años, y de tan intensa que me pareció la experiencia, tan intenso fue el aburrimiento, mi subconsciente me ha hecho escribir que es un disco que me aburrió siempre. Lo que han hecho después, o sea, lo que sacó Radiohead después de la entrevista esta, me gusta más. Sin embargo es uno de esos grupos que me da pereza ponerlos, es como esos libros que sabes que te van a gustar leer pero pasan veinte años y no lo haces. A mi Radiohead me aburre a partir de la media hora. Hace tiempo era a partir del cuarto de hora.

Fin del post sobre el pop después del fin del pop.