sábado, 2 de julio de 2011

Éxodo. Diario de una reggiada española, de Silvia Mistral

Éxodo. Diario de una republicana española.
Silvia Mistral.
Diario Público.
234 pp.
1940

El texto peca, en lo literario, de esa prosa acartonada de entonces, esa prosa que se estilaba ya antes del franquismo y que solamente lo grandes podían y sabían evitar. En este caso se trata de un testimonio y como tal es interesante, sobre todo para constatar un episodio terrible del exilio español: el trato que les dieron en Francia como a animales, en aquellos campos de concentración alos que llamaron campos de refugiados. En definitiva, y de nuevo como en la novela de Barea leída antes que ésta, la doble derrota de los republicanos españoles.

miércoles, 22 de junio de 2011

La raíz rota, de Arturo Barea

La raíz rota.
Arturo Barea.
Diario Público.
393 pp.
1951

La raíz rota es una metáfora de un país, España, representado en una familia. El personaje principal regresa a España tras unos años de exilio y lo que ve en su familia es como una segunda derrota, la derrota moral. Barea nos muestra un panorama cultural y moral desolador en una España que le da la espalda, que ya no reconoce ni en su propia familia. Me ha gustado la forma que Barea perfila los personajes a através de los diálogos y la acción y no de la descripción. 

sábado, 18 de junio de 2011

Isabel, de André Gide.

Isabel.
André Gide.


1921. Alianza Editorial.
164 páginas. Traducción de Carmen Castro.

Este libro también lo compre en una feria de libro antiguo, es una edición de 1974, aunque tiene una firma de su primer dueño, un tal Ramón Echevarría, fechada en febrero del 76. La portada me encanta, no se hasta cuando se vino reeditando la obra, o si está ahora mismo en catálogo, pero aquella portada es una maravilla a la par que muy enigmática. Ahora, treinta y cinco años más tarde, y por 3 €, he podido leer esta extraordinaria novela corta del gran André Gide. Cuando leí a Vila-Matas hablar de Gide intuí un autor correcto cuyos diarios superaban en calidad con mucho a su restante obra. Poco después leí con enorme placer Los monederos falsos, lo que sirvió para darme cuenta de que aprecio mucho más los juicios entusiastas de VM que sus críticas negativas. Se me ocurre pensar que para ésto último hace algunos años seguía a Umbral, pero ahora mismo ya no sigo a nadie. En eso he ido mejorado.

Esta novela corta, magníficamente traducida por Carmen Castro, me ha parecido extraordinaria en todos los sentidos. Estructura, estilo, tempo, misterio (no se sabe quién es Isabel casi hasta la mitad del relato), final buenísimo, donde se desmorona en un solo gesto, en una sola escena, toda una pasión, y con ello, todo el fundamento argumental de la obra, sin que por ello se resienta la propia obra ni en lo más mínimo.

Solo por la capacidad de Gide de crear el ambiente en el que se desarrolla la acción, merece la pena su lectura, muy gratificante en lo que a mí respecta, incluso ese final seco, que contrasta con el ambiente alucinante de las páginas que lo preceden, como si de una bofetada de realismo se tratara, es un contrapunto interesante, e incluso demuestra la valentía narrativa de su autor. La verdad es que me ha gustado tanto o más que Los monederos falsos.

jueves, 9 de junio de 2011

Peter Camenzind, de Hermann Hesse.

Peter Camenzind.
Hermann Hesse.


1904. Ed. Orbis.
187 pp. Traducción de Jesús Ruiz.

Peter Camenzind es la primera novela de Hesse. Se la compré a un librero de viejo en Oviedo por 1 euro. Nuevecito.

Se trata de una historia muy anodina y lineal, sobre un personaje demasiado estereotipado, una novela que narra toda su vida, la vida de un pueblerino que es feliz en el campo, tiene inquietudes, se enamora, tiene vena poética, va a la ciudad, añora el campo, tiene amigos, se hace un borracho, conoce más gente, ayuda a un minusválido, tiene roces con su padre, y finalmente regresa al hogar que le vio nacer. Parecen muchas cosas pero son pocas cosas. Son pocas cosas contadas en un libro. Un libro que cuenta toda una vida, aunque tenga todas esas cosas, no son nada, todo eso se puede resumir, como de hecho acabo de hacer. Solo que yo lo he resumido en un párrafo y Hesse lo resume en 180 páginas. Pero lo cierto es que para hacer una novela así se necesitan llenar más de quinientas, porque lo que vale es todo lo demás y no el resumen, es decir: la anécdota, las ideas, las imágenes, la ética, la ideología, el humor, la sorpresa, la provocación. Además, para meter todo eso hay que tener en cuenta la estructura y el tiempo. Añádase a todo esto el hecho de que en este "menosprecio de corte y alabanza de aldea" el protagonista es un santurrón católico prendado de la imagen de Francisco de Asís. Y aquí también pienso algo parecido a lo que dije antes respecto de argumento y número de páginas, también creo que para retratar a un hombre bueno y resultar literariamente interesante hay que llenar mil y pico páginas, como Hugo en Los miserables. Quizá por ello Hesse introduzca el mencionado alcoholismo del personaje, con un resultado quizá inesperado: el alcoholismo llega a ser lo único interesante del personaje, al que uno se imagina andando por senderos y montes helados, bebiendo en tabernas pero jamás, y eso es un lastre, leyendo un ensayo o escribiendo un poema.

En definitiva, una novela de aprendizaje, sin duda alguna, muy fácil de olvidar y que solo presagia un poco la soltura de la prosa de su autor.

viernes, 8 de abril de 2011

El paseo, de Robert Walser

El paseo.
Robert Walser.

1917. 80 páginas.
Siruela. Traducción: Carlos Fortea.

No sé desde cuándo, pero es ya un lugar común referirse a cualquier obra breve, de un escritor algo marginal y más aún si está cuidadosamente editada, con el calificativo de "deliciosa". He de decir que detesto profundamente ese adjetivo, con lo que jamás lo uso, y no solo eso, sino que me provoca rechazo leer cualquier crítica que recurra al término. Me da la sensación, absolutamente personal e injustificada, de que se despacha la obrita con cierto desdén, como si detrás del calificativo juguetón hubiera cierto desprecio pequeñoburgués. El paseo, desde luego, es una obra que se precia a ser valorada, por quienes no tienen nada mejor que hacer, como deliciosa, como una obrita entretenida, con un personaje excéntrico, y con una prosa maravillosa de un tipo que terminó viviendo en un manicomio.

Pero El paseo es mucho más. Es una obra absolutamente personal, que refleja aún mejor que Jakob von Gunten el estilo de Walser, aunque esta última pueda considerarse mejor, esto pasa en algunos autores que pasan de grandes a geniales cuando se distancian algo más de su propio estilo, que rozan la gloria con su obra menos personal. Para mi gusto, Jakob von Gunten es su obra más redonda, pero lo mejor de su prosa quizá se encuentre desperdigado por algunos de sus relatos más cortos.

El paseo desarrolla una estructura ya vislumbrada en sus obras más tempranas como Los hermanos Tanner, a saber, la de contar sucesos que le suceden a un personaje que anda a la que salta, con esa sensación de improvisación que se transmite al propio estilo, y viceversa, lo cual es más importante, ese estilo que mezcla lo improvisado y lo exquisito, que transmite una sensación de improvisación a los hechos contados. Y ya se sabe lo que sucede cuando fondo y forma confluyen y se estimulan de forma tan asombrosa: que nos encontramos ante un artista de verdad, en este caso, un escritor de verdad. Dice Walser:

"Todo esto", me propuse en silencio mientras me detenía, "lo escribiré después en una obra de teatro o en una especie de fantasía que titularé El paseo. Concretamente esta tienda de sombreros de señora no podrá faltar en modo alguno. De lo contrario la obra perdería un elevado estímulo pictórico, y sabré evitar esa falta, rehuirla y hacerla imposible".

En este magnífico párrafo, se condensan algunas de las virtudes de la obra: la metaliteratura, tratada siempre, no solo aquí sino en buena parte de su restante obra de una manera sencilla y nada pretenciosa, muy cervantina por otra parte, elemento este algo más discutible en otros autores a partir del posmodernismo; la inclasificabilidad de la obra, y de muchos de sus textos, que uno no sabría, tampoco los editores, si llamar relatos, cuentos, remembranzas, o despacharlas con el nombre de prosas breves, y que aquí el propio autor define como especie de fantasía; el estímulo pictórico, que no falta en casi ningún texto de Walser, no en vano su hermano era un buen pintor y el propio Walser escribió prosas al albor de algunos cuadros (vg. Ante la pintura).

"Al paseante le acompaña siempre algo curioso, reflexivo y fantástico, y sería tonto si no lo tuviera en cuenta o incluso los apartara de sí; pero no lo hace; más bien da la bienvenida a toda clase de extrañas y peculiares manifestaciones, hace amistad y confraterniza con ellas porque le encantan, las convierte en cuerpos con esencia y configuración, les da formación y ánima, mientras ellas por su parte lo animan y forman."

Este otro párrafo encierra una reflexión clara de lo que es el paseo para el autor, un autor que muere paseando por la nieve, el paseo es eso y también lo es El paseo, la obra, la experiencia que comparte con el lector al que consigue llevar desde el principio de la mano.

Concluyo con otra cita, otra nueva reflexión de tan moderna obra, mezcla de ensayo, autoficción, metaliteratura, parodia y narrativa, una reflexión sobre su propio estilo, de esto hace casi un siglo y aún muchos no han aprendido nada...

"Es a los niños pequeños a los que siempre hay que mostrarles algo nuevo y distinto para que no estén descontentos. El escritor serio no se siente llamado a acumular material, ser pronto servidor de nerviosa codicia, y consecuentemente no teme algunas naturales repeticiones, aunque por supuesto se esfuerce siempre en prevenir con celo que no haya demasiadas similitudes."

domingo, 27 de febrero de 2011

Vida de poeta, de Robert Walser


Vida de poeta.
Robert Walser.


1918. 143 páginas [149-292].
Ed. Alfaguara. Traducción de Juan José del Solar.

En 1989 Alfaguara editó con el título general de Vida de poeta dos obras con narraciones breves que Walser publicó en 1914 y 1918. Ambas obras originalmente fueron recopilaciones de textos que Walser había ya publicado en prensa. Se trata en este caso de Historias y de Vida de poeta. Posteriormente Siruela editó ambas obras por separado y con la misma traducción (o al menos el mismo traductor). En una reseña que leí en prensa se llegaba a afirmar que Siruela editaba por primera vez en castellano las Historias de Walser. ¿Realmente es necesario mentir, hacer marqueting a base de falsedades de este tipo? También se pregunta uno qué diferencia hay entre editar un libro a bajo precio y veinte años después editar el mismo texto exactamente en dos libros a más de 15 euros cada uno, dos libros que no llegan a las 150 páginas. Siruela y Acantilado serán siempre dos editoriales elitistas capaces de editar hasta cuentos y llamarlos nouvelles, a las que uno como lector no siempre tiene porqué tener esa simpatía necesaria que merece el -gran- aporte de editar autores que no edita nadie más si con ello tiene que pagar el doble que por otros libros. Siruela, eso sí, pone, a parte de bonitas fotos en la portada, como Acantilado, pastas duras. Y ambas, por descontado, tienen un catálogo espléndido. En honor a la verdad hay que decir que Acantilado y Siruela han fomentado en mí las visitas quincenales a la Biblioteca Pública que de otra manera haría con menos frecuencia.

En lo que al texto se refiere, Vida de poeta es una colección de prosas breves que plantean entre otras cosas el viaje como "excursión", dentro del cual Walser nos muestra una suerte de pasajes más o menos autobiográficos: un hermano pintor (como Karl Walser), sendos encuentros con el crítico Widmann y con el pintor Max Dauthendey en Würzburg (ambos reales según se explica en notas a pie de página), o su estancia en Berlín.
Predomina el uno de la primera persona. Una curiosa excepción es un texto escrito desde el punto de vista de su hermano, el pintor Karl.
Hay un texto La bella durmiente, que me recordó aquella pequeña obra de teatro en verso titulada Blancanieves, que ya reseñé aquí, y que denota el gusto de Walser por los cuentos populares de los Grimm o de Perrault.
Hay otro texto sobre un joven trotamundos, en tercera persona también, en el que se describe la situación de un sirviente que recupera la libertad, lo que es una constante en la narrativa de Walser, tanto en lo que se refiere al mundo de la servidumbre y los criados -él mismo lo fue-, como por ese anhelo de libertad, a veces recuperada en un santiamén por una decisión repentina, y que no se sabe bien a dónde conducirá.
Marie es un texto que narra una ensoñación, dentro de una atmósfera irreal, que me recordó el sueño de Jacob von Gunten con Herr Benjamenta.
En Marta describe ese amor que se desvanece en/con el tiempo, es un texto parecido a un pasaje de Los hermanos Tanner, en el que se describe a una mujer enamorada pero no correspondida por el protagonista.
En Nueva novela nos cuenta la frustración de no poder escribir lo que se espera de uno.
Discurso a una estufa y Discurso a un botón son dos piezas en las que Walser se ejercita mediante el ataque y el elogio.
Hölderlin, uno de los textos más interesantes, habla del poeta y la locura, enfermedad que finalmente contrajo Walser, y de la experiencia del alemán como criado, otra similitud más entre ambos.
Finalmente Vida de poeta es una especie de resumen donde recupera la tercera persona para narrar la vida del poeta como vagabundo, y para concluir que la esta vida no casa demasiado con la vida laboral del resto de los mortales.

martes, 22 de febrero de 2011

Historias, de Robert Walser

Historias.
Robert Walser.

1914. 147 pp.
Ed. Alfaguara. Traducción: Juan José del Solar.

Esta obra, recientemente reeditada por Siruela, -yo he leído la de 1989 de Alfaguara integrada en un volumen junto con Vida de poeta- incluye prosas breves y pequeños relatos que Walser publica en 1914, pero que no son sino una recopilación de textos publicados en prensa desde 1899. Por tanto, no se trata de un libro concebido de manera unitaria, sino de una mera recopilación, lo cual se observa claramente por la diferencia entre unos textos y otros, diferencias más de contenido y de extensión que de estilo, puesto que Walser mantiene una prosa definida y singular, una voz propia, casi desde el principio, si bien la va depurando con el trascurso de los años.

Sus narraciones breves recuerdan lo que serían sus novelas, es decir, vuelve siempre sobre los mismos temas.

En mi lectura puedo decir que encontré dos bloques, uno, con prosas breves y bien escritas, evocadoras y que recuerdo poco, y una segunda parte, con varios textos que se centran en el mundo del teatro o son directamente teatrales, como son Incendio en el teatro, Escena en la cárcel, Una velada teatral, Teatro de gatos, La actriz o La prueba del talento, que formarían un pequeño bloque, y una serie última donde se encuentra, a mi juicio, lo mejor del libro. Comienza este último bloque con Kleist en Thun, que evoca de una manera magistral un episodio de la vida del escritor alemán, le sigue Wenzel, que retoma el tema del teatro de una forma muy cáustica, Paganini. Variación, texto sobre el genio italiano y lo que se sentía al oírle tocar de esa manera, casi como poseído de una facultad ajena e inconsciente, al que sigue La batalla de Sempach, que, como el propio nombre indica, evoca una batalla no en su fragor precisamente, sino en ese transcurrir de los días previos, en ese aburrimiento mortal y desesperado que supone la espera de la batalla. Finaliza la obra con dos textos muy interesantes, el Diario de un alumno, que recuerda a Los cuadernos de Fritz Kocher, su primera novela, por su planteamiento, así como a Jakob von Gunten por su pesimismo subyacente, y Una mañana, extraordinaria narración sobre el mundo de la oficina, que como no, podemos relacionar con Melville y Kafka, si bien en este sentido Walser nos describe sobre todo la completa inutilidad en muchos aspectos de algunos trabajos, recordando esta vez precisamente a su segunda novela El ayudante.

lunes, 21 de febrero de 2011

Poemas, de Robert Walser

Poemas.
Robert Walser.

1909. 54 pp [1-54]
Ed. Icaria. Traducción de Carlos Ortega.

En 1909, a los 31 años, Walser publica esta colección de poemas escritos a los largo de nueve años, desde 1898 hasta 1907, es decir, son poemas de juventud. Walser no se prodiga mucho en la poesía a lo largo de su vida, si bien hay que decir que lo hizo con unos buenos resultados.
En esta pequeña colección de poemas se encuentra todos o muchos de los temas que serán recurrentes en toda su obra: la pereza ("quiero sufrir yo mismo el sufrimiento,/ quiero sufrir yo mismo y no parar/ hasta ver libre al pueblo./ Y nunca más postrarme de cansancio./ algo debe ocurrir./ Pero le entró una duda, como un sopor, y dijo:/ casi mejor lo dejo". Y para qué); la naturaleza, los paisajes nevados; la nostalgia ("Igual de grande y honda es mi nostalgia./ Tanta pesadumbre, tanta amenaza:/ hacia ellos debo ir, ya voy llegando." Los árboles); el amor fraternal hacia los hombres; la soledad ("Soy espacio olvidado,/ para un vagar excelso." Demasiado filosófico); la cobardía por actuar ("¿Ahí sigues, cobardía,/ ¿y tú también, mentira?/ Me llega un negro sí:/ ahí sigue la desgracia,/ y yo sigo en el cuarto,/ como siempre." Como siempre); o la nostalgia del hogar que no tuvo ("Siento nostalgia de casa,/ adonde nunca he llegado,/ y no tengo la esperanza/ de alcanzarla alguna vez." Ved).

Buena parte de este poemario revela un alma atormentada y depresiva mucho más claramente que su prosa, o de una manera más explícita, lo cual, quizás, engrandece su prosa, porque se vislumbra lo que hay detrás de toda esa prosa juguetona y de esa ironía, se muestra mucho más ambigua si cabe.

Se podría decir que ese alma atormentada es el fruto de la soledad, que dicha soledad viene dada en parte por una cobardía real del propio carácter, y que, finalmente, es decir, en el principio de todo, se haya esa pereza que tan bien evoca Walser, temas todos ellos, como digo, recurrentes en sus poemas.

"Contra mi corazón desearía,
estrechar fuerte lo más espantoso,
es la angustia mi anhelo,
es el dolor."
(de Angustia)

Estos versos, por ejemplo, revelan cierto patetismo, como en toda su obra, y hasta algo de masoquismo: se contenta sufriendo y hasta lo anhela, quizás anhela sentir.

"También revela un anhelo de quietud:
Qué contento estaría si pudiera
descansar sosegado en algún sitio,
darme el gusto de usar por toda ropa
una paz interior."
(de Quietud)

De todos los poemas, que me han gustado en general mucho, destacaría los más breves, como éste, magnífico, titulado En el margen:

"Yo me hago mi camino,
que lleva cerca y lejos;
sin voz y sin palabra, en el margen estoy."

O éste otro, Al acostarse:

"De nuevo se cumplió:
la tierra está en su pausa más oscura,
ya no quiero hacer más:
que estalle alegremente la nostalgia
durante el día oculta."

O éste, Desengaño:

"Un desengaño no se olvida nunca,
como es inolvidable la gracia de la dicha.
Recuerdo es la nostalgia,
porque es tan infinita,
que no se olvida nunca."

O éste otro, extraordinariamente revelador, Miedos:

"He esperado saludos mucho tiempo,
frases suaves, al menos un sonido.

El miedo no es de voces o tañidos:
penetrar, sólo la niebla penetran.

Un secreto canto en acecho oscuro:
alíviame, pena, el arduo viaje."

Para concluir el poemario con este doloroso El engaño:

"Con las manos cansadas,
con las piernas cansadas,
a tientas por el mundo,
me río de que giren
las paredes, mas miento,
porque estoy llorando."

martes, 15 de febrero de 2011

Blancanieves, de Robert Walser

Blancanieves.
Robert Walser.


1902. 57 páginas [55-112].
Ed. Icaria. Traducción de Carlos Ortega.

Blancanieves es un dramolette escrito por Walser a los 24 años y que publicó en la revista Die Insel. Se trata de una obra, por tanto, que publicó antes incluso de Los cuadernos de Fritz Kocher.

En ella Walser revisa el mito del cuento de los hermanos Grimm, situando la acción justo donde termina el cuento. Uno de los aspectos más interesantes de la obra es su referencialidad, que sitúa el plano de la metaficción en un grado distinto al cervantino, puesto que los personajes aquí no hacen referencia al cuento de los Grimm como personajes reales, sino como personajes mismos, es decir, que ellos mismos hacen referencia al cuento del que salen y cuestionan su veracidad en un plano casi metafísico.

Así, el personaje de Blancanieves repudia o reniega más bien, del amor del príncipe y busca solo la reconciliación con su madre, una reina que se muestra en todo momento como un personaje perverso pero dotado de gran fuerza y magnetismo.

A este respecto, hay una escena muy interesante por su fuerza evocadora, y es aquella en la cual, el príncipe observa a lo lejos el idilio que mantienen la reina y el cazador llevado a la práctica. El príncipe, con la mera observación de tal hecho, queda perturbado hasta el punto de afirmar rotundamente estar enamorado de la reina. Se suponen aquí toda una serie de visiones obscenas, las cuales, claro está, son omitidas por Walser, quien sitúa el punto de vista en la reacción del príncipe, y por ello me parece una escena genial, porque se entrevé a través de la mirada trastornada del príncipe, las capacidades amatorias de la reina.

Toda la acción transcurre con el fin, perseguido por la princesa, de reconciliarse con su madre, poniendo en entredicho, por tanto, el mito clásico, y proponiendo de este modo, y a su manera, un final feliz un tanto sui generis, donde la reconciliación se da a costa de repudiar al príncipe, y de tapar todas las infidelidades y los intentos de filicidio.

Esta temprana obra de Walser, por tanto, es muy interesante, por como plantea una situación a partir de un texto clásico, además de estar escrita con un estilo bastante pulido. En la introducción de Carlos Ortega se cita a Walter Benjamin, quien al parecer dijo que Blancanieves era "una de las creaciones más significativas de la poesía moderna". Que duda cabe que Benjamin tubo una cultura bastísima, además de haberla leído en alemán, cosa que hace que mi opinión al respecto sea insignificante y ridícula en comparación, si bien puedo decir que me agradó la lectura de esta obrita, a la que encontré interesante y bellamente escrita.

viernes, 11 de febrero de 2011

Jakob von Gunten, de Robert Walser

Jakob von Gunten.
Robert Walser.

1909. 128 pp.
Siruela. Traducción de Juan José del Solar.

Hace cinco años que leí por vez primera Jakob von Gunten, como muchos animado por Vila-Matas. Fue una obra que me gustó, pero he de decir que me ha gustado mucho más ahora, leída bajo el influjo de virus y medicamentos, pero sobre todo, con la perspectiva de haber leído la obra anterior del propio Walser, es decir, en un contexto de lecturas diferente, si bien creo que la única razón de que me haya gustado más es que hice una lectura mejor y más atenta.

En esta ocasión Walser se decanta, a mi juicio con acierto por la primera persona, a diferencia de sus anteriores obras. Se trata de la memoria escrita de un alumno de un extraño instituto, el Instituto Benjamenta, donde un matrimonio enseña a unos pobres chicos a ser criados, a ser lo que precisamente Walser nos ha enseñado que son Simon Tanner o Joseph Marti, es decir, criados y siervos, y quizá por saber lo que más tarde serán encontré esta lectura tan interesante.

Decía en no sé donde Javier Marías que no le gustaban los sueños dentro de la obra narrativa, que para el eran un relleno y casi siempre un recurso algo facilón y que no aportaban nada, que, en definitiva, les tenía manía como material narrativo desde el punto de vista lector. Yo, que básicamente estoy de acuerdo con Marías, en este caso hago una salvedad. Walser utiliza a lo largo de toda su obra, los sueños de una manera muy interesante, y en concreto, en Jakob von Gunten hay varios sueños que componen páginas realmente fabulosas, destacando aquel en el que el protagonista sueña, aunque toda la escena más parezca una ensoñación, con un viaje a una suerte de infierno dantesco con Fräulen Benjamenta que es realmente un prodigio.

Como en sus anteriores obras, Walser introduce una homoxesualidad insinuada en cierto personaje, que seguramente no habría de ser objeto de análisis si no fuera porque se repite como una constante, esa especie de amor homosexual no revelado explícitamente, más bien sugerido, por parte de un homosexual hacia alguien que no lo es, y que en este caso creo que está más clara y que tiene el añadido de ser una relación con un menor.

Otro tema interesante que me llamó la atención fue la ambigüedad con que describe el control sobre las personas y la férrea moral por parte de quienes dirigen, que en cierto modo, a veces, pareciera una suerte de apología por un mundo de clases e incluso de control de las masas, al tiempo que, por contra o complementando esto,
propicia una cierta crítica muy poco velada hacia este sistema, que hace pensar lo contrario, por ejemplo cuando muestra la violencia y cierta crueldad, así como esa constante en sus narraciones como es la huída, casi siempre repentina aunque inevitable, después de una reclusión. No en vano Walser pasó bastantes de los últimos años de su vida recluído voluntariamente en un manicomio, seguramente lo mismo que pensaba sobre sus personajes y la libertad lo llegó a pensar sobre sí. Lo cual me lleva a pensar, por otro lado, y volviendo al estilo, que, tanto en lo que respecta al sexo como a las relaciones de poder, Walser se muestra ambiguo porque no juzga y solo muestra hechos, lo que deja bien claro que en esto es uno de los primeros autores claramente modernos. En definitiva, un gran maestro lleno de matices.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Carne de Pixel, de Agustín Fernández Mallo

Carne de píxel
Agustín Fernández Mallo
72 páginas
DVD Ediciones
2008

notas:

lugares comunes. no por ser la era digital deja de haber topicos. comparado con sarduy y su big bang es una cosa pequeñita. repite estribillo ingenioso como una cancion.


apuntar dos referencias: miguel delibes y eso de que aprendio estilo leyendo un libro de derecho; los textos intercalados en el jarama de ferlosio que es un escritor que no me gusta nada. esta vez introduce un texto de un suplemento dominical, que es aun peor. al final, como en casi toda la poesia, quedan imagenes y estas no son muy ineteresantes, quieren ser cinematográficas y no llegan a telefilm. y es aburrido. manuel vilas es dios al lado de afm, y eso que me cae mejor que el aragonés...

domingo, 30 de enero de 2011

El ayudante, de Robert Walser

El ayudante.
Robert Walser.


1908. 216 pp.
Siruela. Traducción: Juan José del Solar.

El ayudante se podría ver como la mirada con lupa de una de las andanzas de Simon Tanner, el protagonista de Los hermanos Tanner. Si en aquella novela el protagonista vagaba por un sinfín de trabajos y de hogares, en esta novela Walser decide centrar su mirada en uno de esos episodios, dando al protagonista -esta vez llamado Joseph Marti- todo el protagonismo, a diferencia del que tenía Simon Tanner algo más compartido con sus hermanos.

Sin embargo, en esencia, la novela rezuma el mismo sentido que la anterior. Una trama que avanza poco, pero que una vez culmina nos damos cuenta de que tenía el destino marcado prácticamente desde su inicio, una obra donde lo fundamental es no tanto lo que ocurre sino cierta atmósfera donde impera el sentimiento trágico de la vida, la sensación de fracaso, la pasividad, el fatalismo, la resignación, la imposibilidad de cambiar nada, pero también la amabilidad, la bondad natural, la dignidad ante las duras condiciones de vida, la amistad, la lealtad, lo que lleva a sentir la melancolía en cada una de las páginas. Al fin y al cabo no se trata de perdedores, sino, peor aún, de inútiles, de gente a la que la sociedad condenó desde el principio. Gente como Joseph a quién solo le queda pensar:

"Es esta necesidad de reflexionar al instante sobre todo lo que me ocurre en la vida. El suceso más insignificante despierta en mí un extraño deseo de pensar." (pag. 138)
Es una novela donde Walser ha madurado mucho su estilo, donde quizá haya perdido cierto humor y se note más algo de pesimismo existencialista. Una obra donde Walser perfila más claramente sus obsesiones y constantes, ya bosquejadas desde su más temprana prosa.

martes, 25 de enero de 2011

Los hermanos Tanner, de Robert Walser


Los hermanos Tanner.
Robert Walser.


1907. 269 pp.
Ed.: Siruela. Traducción: Juan José del Solar.


La lectura de Los hermanos Tanner, primera novela como tal de Walser, me dejó algunas sensaciones extrañas e interesantes. Sentí que se trata de una obra escrita de manera improvisada, se nota que no hay plan, los personajes se definen por lo que hacen y dicen, pero a veces son algo impredecibles, producen cierta extrañeza pero al mismo tiempo uno los siente cerca porque piensan en lo nimio, es decir, como nosotros, y de ahí su pensamiento se eleva a lo universal. La acción muchas veces se corta de forma abrupta con un acontecimiento, o cambia de escenario de forma un poco arbitraria o por antojo del autor, es como si el personaje, y por tanto, y al mismo tiempo, el propio Walser, ante el aburrimiento y la falta de ideas, decidiera que al personaje le tienen que pasar cosas, o bien reflexione sobre algo, pero siempre, como digo, con esa sensación detrás como lector de que eso está ahí motivado por la falta de plan de la obra. Lo cual, sin embargo, no resulta negativo, sino que por contra le deja a uno la sensación de que esa falta de plan del autor con su obra es la misma, trasunto, de la vida del protagonista, Simon Tanner, un joven sin plan en la vida.

Walser muestra poco interés por el sexo, lo que llega a "justificar" su indolencia hacia la homosexualidad, sería casi lo contrario de su contemporáneo Proust, quien en Sodoma y Gomorra se muestra realmente cruel con los homosexuales, más que por la tendencia sexual en sí, por el hecho de importunar a quienes no comparten su "vicio" y de provocar unos celos enfermizos y plenamente justificados en sus parejas heterosexuales. Walser, por contra cree que el sexo, la atracción sexual es algo tan poco importante que no podría en ningún caso ser obstáculo para una amistad o una relación de amor entre dos personas. De esta manera no solo se muestra displicente con una relación a tres, sino condescendiente con la atracción de un homosexual para con un heterosexual.

Me gustó la gran pericia descriptiva del entorno por parte de Walser y su capacidad para la evocación, con esa presencia casi permanente de la nieve (curioso que en la primera novela de Walser uno de sus personajes muera mientras camina por la nieve, como le pasaría al propio autor), el estilo tan personal en los diálogos, meros monólogos punteados tan solo por quien escucha, las interesantes reflexiones, y lo que tiene de viaje iniciático para el protagonista.

miércoles, 5 de enero de 2011

Los cuadernos de Fritz Kocher, de Robert Walser


Los cuadernos de Fritz Kocher.
Robert Walser.

1904. 160 págs.
Traducción: Violeta Pérez y Eduardo Gil Bera.
Ed.: Pre-textos.


La primera obra de Walser no deja de ser un agradable ejercicio de estilo, con la particularidad de que su estructura y su argumento son en sí mismos ejercicios de estilo. Se trata de una obra tejida en base a las redaciones escolares de un niño, que giran en torno a diferentes temas, de una similar extensión. Lo interesante es ver que detrás de estos ejercicios se ve a un autor reflexionando sobre su propia escritura, es decir, que ya la metaliteratura está presente en el primerísimo Walser. Esta obra está completada, según parece por recomendación de su hermano, que se encargó, por otro lado, de las ilustraciones de la misma, por algunos otros textos más extensos, igualmente interesantes tomados por separado, pero a mi juicio erronemante incluidos como parte de la misma obra. Son textos que no forman parte de la idea global de Los cuadernos, y que parecen más un apéndice molesto al que no se supo dar otra salida. En ellos es "otro" el narrador, un "adulto" que sigue haciendo redaciones, cosa que sería imposible puesto que el pequeño Fritz no llegará a adulto. Seguramente el hermano de Robert lo hizo con la mejor intención, viendo con pena que quizá esos textos no tendrían otra salida posible, pero como lector uno lo encuentra prescindible. De cualquier manera es interesantísimo descubrir en sus primeras prosas a un escritor fino, elegante, irónico, con su pequeña dosis de irreverencia y sumamente original.