viernes, 30 de mayo de 2008

La Calera, de Thomas Bernhard


La Calera.
Thomas Bernhard.

Trad. Miguel Sáenz.
Ed. Alianza. 1970. 249 págs.

La Calera es una de las mejores novelas que he leído de Bernhard, de quien por otra parte, y habiendo leído unas cuantas de sus obras, aún me quedan por leer algunas de sus, en opinión de muchos de sus lectores, mejores obras Corrección, la célebre pentalogía, Extinción o Maestros antiguos, así como su teatro). He leído In hora mortis, Bajo el hierro de la luna, Helada, Trastorno, El imitador de voces, El sobrino de Wittgenstein, Hormigón, El malogrado, Tala, Acontecimientos y relatos, El carpintero y otros relatos y Conversaciones con Krista Fleischmann, siendo mis favoritas Hormigón, El malogrado y Tala. También, y añado ahora, La Calera.

En esta última, el narrador es a la vez un personaje testigo. Sin embargo fundamenta toda su narración en los testimonios y las palabras de Weiser y Fro. Por tanto se da la circunstancia de que el narrador es un testigo muy secundario en los hechos, conoce las declaraciones del protagonista (Konrad) pero nosotros conoceremos los hechos por lo que él nos dice que le contaron Weiser y Fro que le oyeron a Konrad.

No es hasta el inicio de la tercera parte de la obra (la obra no está dividida de manera alguna, me refiero solo al número de páginas), cuando Bernhard, por boca del narrador nos hace saber éste hecho, que el lector ya ha adivinado (por lo que quizá no se haga muy necesario el comentario):

Tanto Weiser como Fro describen cada uno la última tarde que pasaron con Konrad, cada uno a su modo, confirmando cada uno al otro con sus manifestaciones, contradiciendo unas veces Weiser a Fro, otras Fro a Weiser, y al mismo tiempo, como queda dicho, confirmando Weiser a Fro y Fro a Weiser.
Volviendo atrás, en la página 84 hay una declaración de intenciones de Thomas Bernhard respecto de la obra:

En el mundo no tenemos más que la quintaesencia de la comedia, y ya podemos hacer lo que queramos, que no salimos de la comedia, el intento de siglos de convertir la tragedia en comedia ha tenido que fracasar, como era natural, dijo al parecer. Porque lo que pasa con la Calera, le dijo Konrad al parecer al inspector de construcción, dice Weiser, no es, al fin y al cabo, más que una comedia. Sin embargo, para poder soportar esa comedia, había que descargar de cuando en cuando el cerebro, evacuar el contenido del cerebro como se evacuan aguas, nada más, mi querido inspector, vaciar, evacuar el cerebro como la vejiga, orinar con el cerebro como con la vejiga, mi querido inspector.
De esta forma, a mi entender es como escribe Bernhard, evacuando el cerebro de sus personajes, evacuando sobre las páginas y sobre el lector, que, como en mi caso, consigue llegar muchas veces a una especie de orgasmo a través de una lectura bondage...

Hasta la página 93 prácticamente no aparece el narrador como partícipe de los hechos. Hasta entonces, más de un tercio de novela, solo se conocen los hechos por lo que el narrador nos cuenta a través de los testimonios de Fro y Weiser, que en muchas ocasiones a su vez hablan de lo que Konrad les contaba. En ocasiones, sobre todo al principio, hay algunos matices que diferencian lo que cuenta uno y otro, más sobre todo son matices de cómo ellos valoran lo que les decía o hacía Konrad. Por tanto, al lector le llega la información filtrada a través de varios personajes, puede que Konrad les mintiera, puede que la verdad de Konrad solo estuviera en su mente enferma y en la mente de Weiser o Fro, o de ambos, o de ambos en parte sí y en parte no, tamizados los hechos a consecuencia de sus experiencias personales y sus códigos éticos, y todo a través, más tarde, de la moral y la experiencia del narrador, e incluso de su lenguaje (como también en los casos anteriores), o puede que el narrador incluso mienta. Poco importa, lo que importa es cómo nos llega y lo que como lectores seremos capaces de testimoniarnos a nosotros mismos tras escuchar la narración...

De repente, y sin solución de continuidad, el narrador introduce lo que el pueblo dice del caso, tanto de Konrad como de su mujer. El narrador nos empieza a contar lo que ha escuchado por los mesones del pueblo. Una vuelta más de tuerca...

Y poco más puedo decir de una obra maestra de Thomas Bernhard.

13 comentarios:

TOMÁS dijo...

Yo he leido Maestros antiguos y me pareció genial. Así que voy a leer en cuanto pueda la obra que ahora reseñas. Saludos.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Raúl Lázaro dijo...

Creo que a día de hoy la que más me gustó fue Tala, ya digo que Maestros antiguos no la leí aún (no la encuentro). Por cierto que si te gusta Glould (creo que hay un tema suyo enlazado en tu blog) El malogrado sería tu opción, seguramente es la segunda que más me gustó de Bernhard. Por cierto que la que menos me gustó fue El sobrino de Wittgenstein, lo que probablemente en una relectura me confirmaría que a veces leo muy mal, o que mi estado anímico influye de una manera demasiado radical en mis impresiones...
Saludos.

TOMÁS dijo...

El maogrado se centra en la figura de Gold, es cierto, y también lo es que lo tengo en mi blog, es un genio. "Maestros antiguos" está editado en la Biblioteca Bernhard de Alianza, en bolsillo.
Saludos.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Humanoide dijo...

Un gran escritor Bernhard.
Yo creo que cualquier obra suya es sencillamente genial.
Por suerte alianza ha reeditado gran parte de su obra.
La que no he podido conseguir aún es Trastorno.

Saludos, camarada.

Raúl Lázaro dijo...

Lo malo de Alianza, es que en bolsillo solo ha editado cinco novelas creo y ahí se quedó la "Biblioteca Bernhard"... el resto está en formato grande a precio elevado. Lo mismo pasa con Anagrama, que editó su pentalogía y El sobrino de Wittgenstein pero en la serie Compactos, que es la barata solo ésta última que a mi es la que menos me gustó. El teatro lo edita una editorial vasca y cuenta un huevo cada tomito... A mi me gustaría que Herralde editase la pentalogía junta a 20 € y no a 12 € cada librito. O, puestos a pedir, que se editase todo por Galaxia Gutenberg, traducido por Miguel Saez...
Transtorno es magistral, creo que es tan buena como La Calera.

Salud.

TOMÁS dijo...

Yo compré Trastorno y otras en librerías de viejo y en algunas librerías de nuevo que mantiene ciertos fondos. Todo es cuestión de trastornarse como un arqueólogo en busca de su pieza.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Raúl Lázaro dijo...

Transtorno la editó Alfaguara, yo la pillé en la biblioteca hace algunos años, fue de lo primero que leí de Bernhard y ya no recuerdo muy bien el argumento pero tengo por ahí anotado que me gustó muchísimo. ¿Es la de un médico que va a visitar a un hombre que no para de hablar? ¿O esa es Helada?

Anónimo dijo...

jandark dijo- así es Bernhard, inter,imables soliloquios cuya repetitividad obsesiva es parte de la musicalidad y del dramatismo propio de susu personajes. mucha gente piensa que esto es un defecto, yo pienso que es parte de la estructura compositiva y que genera una atmósfera inquietante que tiene que ver con el tema de la locura, la desesperación y también el humor que se filtra entre tanta oscuridad. no se si están de acuerdo...

Raúl Lázaro dijo...

no sólo es parte de la estructura, es que es la parte no sólo mas importantes sino, sobre todo, más interesante, la que hace de bernhard un escritor único e inimitable (o, mejor dicho, muy mal imitado, como solo son mal imitados los genios, porque la genialidad siempre que se imita queda muy mal), quizá el mejor escritor de la segunda mitad del siglo pasado, un escritor que ha llegado en ocasiones, en algunos párrafos de algunas de sus obras a meterse por caminos que nunca habían sido transitados, y que el lector lo sabe, y cuando se mete es como si se metiera heroína en vena, como si te cogieran de los huevos y te dijeran mira por donde te llevo, y tu vas porque sabes que aun pasandolo mal vas a vivir una experiencia única... así era bernhard y los demás eran unos gilipollas, los mismos que ahora atacan a otros por no hacer libros divertidos, como si la verdad fuera divertida...

C. B. dijo...

En realidad no es una lectura difícil, le dijo al parecer Konrad al Hombre que vio a la Pantera, ahora puedo decir que no es una lectura difícil, no es difícil en absoluto. Estaba asombrado, él, Konrad, de que durante decenios hubiera visto dificultades donde en realidad no había la menor dificultad. Yo estaba equivocado, dijo Konrad, sí, completamente equivocado. Desde el principio él había encarado el texto de La Calera como si se tratara de un desafío a la inteligencia, dijo al parecer, como si el autor se hubiera propuesto medir su inteligencia con la de sus lectores, pero no es un desafío, no es un reto, no es un combate entre dos inteligencias, la del escritor y la de quien lo lee, no es nada de eso, decía al parecer Konrad. El error está en ver una escarpada montaña donde solo hay un llano y rectilíneo camino, un camino desbrozado, asfaltado y recto, o mejor aún, le dijo al parecer Konrad al Hombre que vio a la Pantera mientras lo arropaba y le colocaba una almohada debajo de la cabeza, un tren al que se nos invita a subir sin exigírsenos nada, nadie nos exige nada, entiéndalo bien, no se nos pide que decidamos la ruta pues la ruta está decidida de antemano, no se nos pide que interpretemos la ruta pues la ruta ya ha sido interpretada de antemano, por eso, dijo al parecer Konrad, ahora me sonrío y me digo que fui un estúpido cuando pensé que La Calera era una lectura difícil. No hay dificultad alguna, créame, basta con dejarse llevar y dejar que el paisaje penetre por nuestros ojos y la música penetre por nuestros oídos. Porque sólo hay paisaje y música, dijo al parecer Konrad, la idea de que La Calera es una especie de pugna entre su autor y el lector ocasional es mezquina, es de una mezquindad nauseabunda. Solo hay paisaje y música, paisaje para nuestros ojos y música para nuestros oídos, nada más, dijo Konrad, un niño podría leer sin la menor dificultad el texto. Los niños jamás ven las dificultades que pueda conllevar cualquier empresa, por eso, cuando no hay dificultades, como ocurre con La Calera, tampoco inventan dificultades. Él, Konrad, había inventado dificultades donde únicamente había un camino desbrozado, asfaltado y recto, y paisaje y música. Y humor, añadió al parecer Konrad después de una pausa. Eso era al parecer lo más importante, lo que nunca había que perder de vista, dijo El Hombre que vio a la Pantera que le había dicho Konrad. ¡El humor de La Calera!, exclamó al parecer varias veces Konrad dándose palmadas en los muslos, ¡el humor!, ¡el humor! Cuando uno advertía que La Calera no era sino una monumental humorada, la venda se caía de los ojos y la cera se caía de los oídos y ya no encontraba uno la menor dificultad.

Raúl Lázaro dijo...

Sin duda, C. B., la lectura de Bernhard es una lectura fácil, a mi me resulta extremadamente fácil leer a Bernhard porque le sigo muy bien, no me pierdo en su lectura, lo cual no significa que el camino sea limpio, llano y recto, sino que, simplemente, cuando la lectura nos coge desde la primera página, nos agarra la mano y nos arrastra a través de una experiencia tan dura como gratificante, pero no díficil.
Hablar del humor, como ya cité en la reseña mediante una breve cita del propio autor, es algo muy evidente. A veces veo, y no me deja de asombrar, que algunos lectores pueden ver humor donde no lo hay o está muy oculto y como si fuesen mentes preclaras y aventajadas nos ofreciesen dicho humor como la clave de una obra. De hecho algunos creen que quedan de puta madre diciendo que lo más interesante de tal obra, e incluso la clave para entenderla, es el humor. Esto solo se puede afirmar, claro está, si dicho humor no se ve, si está más o menos en un segundo plano, si es un humor tan sutil que quien lo descubre cree que es de los pocos que lo hizo. O bien, si detrás de ese humor, o mejor dicho, si delante de de ese humor se encuentra otra cosa mucho más espesa sobre la que éste se haya, por ejemplo: la amargura, la tristeza, la desesperación, la desolación, la locura, la muerte... y en medio de todo, o como dije, detrás, el humor: y detrás, el lector, que lo ve y piensa que esa es la clave, pobrecico. La evidencia del humor de Bernhard "detrás" de su estilo es tan evidente como la que había en Beckett o en Buñuel o en Kafka, y es un ingrediente que forma parte esencial de su estilo, que sin el quizá serian autores mucho menos personales, pero que no a mi juicio, deducir que el humor puede darnos con la clave para interpretar sus obras es una estupidez, máxime cuando son obras que ni siquieran necesitan interpretación...

Raúl Lázaro dijo...

...que no es entienda, por otro lado, mi respuesta anterior como una alusión personal a tu lectura de La Calera. Por resumir, tú lectura me parece interesante, pero discrepo de dos cosas: primero en lo de que el camino sea "desbrozado, asfaltado y recto", bien al contrario, me parece un camino pedregoso y sin asfaltar, que nos deja los pies echos polvo pero en el cual no hay encrucijadas, no hay senderos, ni bifurcaciones, ni túneles, ni nada parecido, tiene una estructura bastante clara, nada laberíntica, ni formando un puzle, ni tiene saltos espacio temporales difíciles de seguir, por ser, ni tan siquiera es dificil seguir el punto de vista, que a mi juicio constituye uno de los puntos más interesantes del estilo de la obra, por cuanto la visión que se nos ofrece casi nunca corresponde a la propia visión de quien lo narra, sino al testimonio de un tercero o un cuarto. La otra cosa en que no coincido es en que el humor sea la clave para la lectura de la obra, como ya señalé antes.
Coincido, eso sí, en la simplicidad de la obra, en el rechazo a considerarla un tour de force autor-lector, y a la mera posibilidad de intentar "interpretar" la obra, que es algo del todo absurdo porque La Calera es lo que está ahí escrito, y nada más (y nada menos).

Gracias por tu comentario C. B.

Anónimo dijo...

Raúl Lázaro: la pentalogía está editada en un solo volumen. Lo vi (y lo tuve en mis manos) el otro día en una librería de Barcelona (La Central, sede de la calle Mallorca). O sea que puedes tener esta magna obra por 1/5 del precio que yo religiosamente he ido pagando. El texto supongo que es el mismo que el de los volúmenes por separado, porque el traductor es Miguel Sáenz. Suerte.