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domingo, 27 de febrero de 2011

Vida de poeta, de Robert Walser


Vida de poeta.
Robert Walser.


1918. 143 páginas [149-292].
Ed. Alfaguara. Traducción de Juan José del Solar.

En 1989 Alfaguara editó con el título general de Vida de poeta dos obras con narraciones breves que Walser publicó en 1914 y 1918. Ambas obras originalmente fueron recopilaciones de textos que Walser había ya publicado en prensa. Se trata en este caso de Historias y de Vida de poeta. Posteriormente Siruela editó ambas obras por separado y con la misma traducción (o al menos el mismo traductor). En una reseña que leí en prensa se llegaba a afirmar que Siruela editaba por primera vez en castellano las Historias de Walser. ¿Realmente es necesario mentir, hacer marqueting a base de falsedades de este tipo? También se pregunta uno qué diferencia hay entre editar un libro a bajo precio y veinte años después editar el mismo texto exactamente en dos libros a más de 15 euros cada uno, dos libros que no llegan a las 150 páginas. Siruela y Acantilado serán siempre dos editoriales elitistas capaces de editar hasta cuentos y llamarlos nouvelles, a las que uno como lector no siempre tiene porqué tener esa simpatía necesaria que merece el -gran- aporte de editar autores que no edita nadie más si con ello tiene que pagar el doble que por otros libros. Siruela, eso sí, pone, a parte de bonitas fotos en la portada, como Acantilado, pastas duras. Y ambas, por descontado, tienen un catálogo espléndido. En honor a la verdad hay que decir que Acantilado y Siruela han fomentado en mí las visitas quincenales a la Biblioteca Pública que de otra manera haría con menos frecuencia.

En lo que al texto se refiere, Vida de poeta es una colección de prosas breves que plantean entre otras cosas el viaje como "excursión", dentro del cual Walser nos muestra una suerte de pasajes más o menos autobiográficos: un hermano pintor (como Karl Walser), sendos encuentros con el crítico Widmann y con el pintor Max Dauthendey en Würzburg (ambos reales según se explica en notas a pie de página), o su estancia en Berlín.
Predomina el uno de la primera persona. Una curiosa excepción es un texto escrito desde el punto de vista de su hermano, el pintor Karl.
Hay un texto La bella durmiente, que me recordó aquella pequeña obra de teatro en verso titulada Blancanieves, que ya reseñé aquí, y que denota el gusto de Walser por los cuentos populares de los Grimm o de Perrault.
Hay otro texto sobre un joven trotamundos, en tercera persona también, en el que se describe la situación de un sirviente que recupera la libertad, lo que es una constante en la narrativa de Walser, tanto en lo que se refiere al mundo de la servidumbre y los criados -él mismo lo fue-, como por ese anhelo de libertad, a veces recuperada en un santiamén por una decisión repentina, y que no se sabe bien a dónde conducirá.
Marie es un texto que narra una ensoñación, dentro de una atmósfera irreal, que me recordó el sueño de Jacob von Gunten con Herr Benjamenta.
En Marta describe ese amor que se desvanece en/con el tiempo, es un texto parecido a un pasaje de Los hermanos Tanner, en el que se describe a una mujer enamorada pero no correspondida por el protagonista.
En Nueva novela nos cuenta la frustración de no poder escribir lo que se espera de uno.
Discurso a una estufa y Discurso a un botón son dos piezas en las que Walser se ejercita mediante el ataque y el elogio.
Hölderlin, uno de los textos más interesantes, habla del poeta y la locura, enfermedad que finalmente contrajo Walser, y de la experiencia del alemán como criado, otra similitud más entre ambos.
Finalmente Vida de poeta es una especie de resumen donde recupera la tercera persona para narrar la vida del poeta como vagabundo, y para concluir que la esta vida no casa demasiado con la vida laboral del resto de los mortales.

martes, 22 de febrero de 2011

Historias, de Robert Walser

Historias.
Robert Walser.

1914. 147 pp.
Ed. Alfaguara. Traducción: Juan José del Solar.

Esta obra, recientemente reeditada por Siruela, -yo he leído la de 1989 de Alfaguara integrada en un volumen junto con Vida de poeta- incluye prosas breves y pequeños relatos que Walser publica en 1914, pero que no son sino una recopilación de textos publicados en prensa desde 1899. Por tanto, no se trata de un libro concebido de manera unitaria, sino de una mera recopilación, lo cual se observa claramente por la diferencia entre unos textos y otros, diferencias más de contenido y de extensión que de estilo, puesto que Walser mantiene una prosa definida y singular, una voz propia, casi desde el principio, si bien la va depurando con el trascurso de los años.

Sus narraciones breves recuerdan lo que serían sus novelas, es decir, vuelve siempre sobre los mismos temas.

En mi lectura puedo decir que encontré dos bloques, uno, con prosas breves y bien escritas, evocadoras y que recuerdo poco, y una segunda parte, con varios textos que se centran en el mundo del teatro o son directamente teatrales, como son Incendio en el teatro, Escena en la cárcel, Una velada teatral, Teatro de gatos, La actriz o La prueba del talento, que formarían un pequeño bloque, y una serie última donde se encuentra, a mi juicio, lo mejor del libro. Comienza este último bloque con Kleist en Thun, que evoca de una manera magistral un episodio de la vida del escritor alemán, le sigue Wenzel, que retoma el tema del teatro de una forma muy cáustica, Paganini. Variación, texto sobre el genio italiano y lo que se sentía al oírle tocar de esa manera, casi como poseído de una facultad ajena e inconsciente, al que sigue La batalla de Sempach, que, como el propio nombre indica, evoca una batalla no en su fragor precisamente, sino en ese transcurrir de los días previos, en ese aburrimiento mortal y desesperado que supone la espera de la batalla. Finaliza la obra con dos textos muy interesantes, el Diario de un alumno, que recuerda a Los cuadernos de Fritz Kocher, su primera novela, por su planteamiento, así como a Jakob von Gunten por su pesimismo subyacente, y Una mañana, extraordinaria narración sobre el mundo de la oficina, que como no, podemos relacionar con Melville y Kafka, si bien en este sentido Walser nos describe sobre todo la completa inutilidad en muchos aspectos de algunos trabajos, recordando esta vez precisamente a su segunda novela El ayudante.

sábado, 17 de mayo de 2008

Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas

Suicidios ejemplares.
Enrique Vila-Matas.
Ed. Anagrama. 1991. 173 págs.

Este libro de cuentos tiene un nexo común, como muchos otros libros de cuentos, casi todos los autores de libros de cuentos dicen aquello de que todos sus cuentos tienen un nexo, que dejaron algunos fuera del libro porque no tenían cabida ni continuidad con el resto, y que, incluso, hasta el orden de los mismos nunca es arbitrario, lo que es cierto, probablemente la mayoría de las veces al menos, si bien no todas.

En el caso de este volumen de Vila-Matas la cohesión es más que clara, pero el hecho es más importante que en otros caso porque determina de hecho el final de cada uno de los cuentos. Desde el principio sabemos que el suicidio marcará el final del personaje y, con éste, del cuento. Y lo que para una novela no supone problema alguno, en el caso del cuento, desvelar de antemano cual será el final puede ser un hándicap. O al menos un reto. Vuelvo a citar lo que dijo Quim Monzó, de que la diferencia entre cuento y novela es que la novela tiene un objetivo y un final hacia el que va uno dirigiendo la acción, mientras que el cuento permite mayor grado de libertad y de improvisación durante su creación, para hacer notar como, en el caso de Suicidios ejemplares el planteamiento es otro. Al menos es otro a priori.

Al margen de este hecho, y de esta reflexión, yendo al texto, el primero de los cuentos (tras la introducción), Muerte por saudade, un narrador (¿infidente?) comienza por decir que es pintor y después nos revela que nunca pintó un cuadro y tiene una tintorería.

"Hago mal en engañarme a mí mismo. En realidad, yo no pinto nada. No pinto nada en la vida, pero es que, además, no pinto. Jamás pinté un cuadro. Cierto es que aún soy joven, que tengo una esposa guapa e inteligente, puedo viajar a donde me plazca, quiero mucho a mis dos hijas, pero todo eso es tan cierto como que nunca he pintado nada, ni un solo cuadro"

El protagonista asume la historia familiar de otro personaje, su compañero de clase Horacio, de familia suicida.

"Con la historia de esa familia de suicidas no podría redactarse nunca un cuento convincente, pues hay demasiados disparos y demasiados saltos al vacío, demasiado veneno, demasiada muerte por mano propia"

El siguiente, En busca de la pareja eléctrica, es el cuento sobre un tipo que compra la mansión que conoce deshabitada, la convierte en palacio y finalmente termina otra vez en esa casa esta vez como okupa. La mansión, tomada como personaje, sufre un suerte de eterno retorno, de ciclo, es la historia paralela a la del personaje principal, también paralela a la del otro personaje con quien se reúne al final. Interesa observar como están ligadas las vidas de los personajes y de sus destinos.

En Rosa Schwarzer vuelve a la vida, Vila-Matas sorprende, por lo que dije al principio, con un final en el que se podría decir que Rosa se "suicida" de la muerte y regresa a la gris vida. A partir de ahí podemos hacer una interpretación de la Muerte.

En El arte de desaparecer, Vila-Matas, nos introduce en uno de sus temas preferidos, que ya culminará con Historia abreviada de la literatura portátil, Bertleby y compañía o El mal de Montano, con los shandys, los bertlebys o los montanos, en esta ocasión con la figura de un escritor que escribe de manera prolífica pero no publica y que cuya publicación conlleva la muerte. Se reflexiona sobre el arte en general,

Es triste (dijo Anatol desviándose de la cuestión), pero cada vez se glorifica menos al arte y más al artista creador, cada vez se prefiere más al artista que a la obra. Es triste, créeme.

lo que daría para un debate largo, sobre todo teniendo en cuenta que es quizá el arte más bajo y menos interesante aquel que sí se olvida completamente del autor y ensalza la obra, incluso con un aparato de marketing gigante que no tiene el artista elevado, al menos en cine y literatura...

Las noches del iris negro
: una sociedad secreta de suicidas y la atracción hacia el suicidio de un pueblo. El suicidio colectivo. El estar vivo como traición. Un narrador ex futbolista. También una reflexión sobre la libertad de morir:

Lo que hace soportable la vida es la idea de que podemos elegir cuándo escapar.

La hora de los cansados parece un corto nouvelle vague, la narración sigue a un hombre que decide seguir a otro, con un final sorprendente, donde el suicidio es contemplado desde la distancia. El título hace una doble alusión, al cansancio por spleen y al cansancio por hartazgo, por ese doble significado que pude tener la palabra en castellano.

Un invento muy práctico, quizá es un título que alude a la creación, a la ficción, al hecho de inventar una realidad o parte de ella, y en este caso se trata de la evocación de un pasado dudoso mediante una carta, llena de amargura y de humor, uno de los cuentos que más me gustaron del volumen.

En Me dicen que diga quien soy, Vila-Matas enlaza con el anterior y nos muestra un narrador poco identificable con el autor, más identificable -y digo identificable y no identificado, quede claro- con el personaje a quien se dirige, y que enlaza, digo, porque se muestra más cruel y más cabrón, y quizá por ello la sucesión no sea antojadiza. Todo esto hasta la sorpresa de saber que es el propio Vila-Matas el narrador, solo que quizá transformado en su álter ego reverso, el Satam Alive (sataM-aliV .E). ¿El tema podría ser el suicidio inducido? ¿Inducido por el Mal?

Los amores que duran toda una vida, la muerte de Fernando, según se nos dice al final por terminar de una vez con la vergüenza de ser español, lo que le estaba matando, planea durante toda la narración en la que la narradora conversa con su abuela.

El coleccionista de tempestades me recordó a Perec, en la minuciosidad de describirnos un invento por parte de un genio loco, un invento que le permitiera suicidarse... y que por culpa del destino en personaje en cuestión fallece cuando se disponía a suicidarse, como publican los periódicos.

El volumen termina con una cita de la carta de despedida de Mario de Sá-Carneiro a Pessoa anunciando su suicidio, y que comienza con la frase que da título al cuento: Pero no hagamos ya más literatura.

domingo, 11 de mayo de 2008

La niña del pelo raro, de David Foster Wallace

La niña del pelo raro.
David Foster Wallace.
Mondadori. 1989. 405 págs.


La niña del pelo raro es una colección de diez cuentos, que van desde las 2 páginas de Todo es verde o las escasas 8 de Por suerte el ejecutivo de cuentas sabía practicar la reanimación cardiopulmonar, hasta las 160 del último, Hacia el oeste, el avance del imperio continúa. En general todos los cuentos son muy buenos, pero algunos de ellos tienen una calidad asombrosa.

El primero de ellos,
Animalitos inexpresivos, es un magnífico cuento que nos cuenta en dos planos narrativos la historia de una concursante del mítico programa televisivo Jeopardy!, donde se mezcla la propia historia de la protagonista, mediante escenas de su vida personal, tanto del pasado, determinante en la narración, como de su presente, como de los entresijos del programa en cuestión y del mundo televisivo en general. Es el primer cuento que podría calificarse de extraordinario.

Le sigue Por suerte el ejecutivo de cuentas sabía practicar la reanimación cardiopulmonar, que se trata de una simple escena, narrada de manera sutil y que en todo momento mantiene la tensión.

La niña del pelo raro trata de un ejecutivo yuppie que se junta con unos punks para ir a un concierto de Keith Jarret, que me recordó, en otro orden de cosas, a la novela de César Aira La prueba, por el surrealismo del argumento y por la presencia de unos punks con un personaje principal ajeno a ese mundo, si bien David Foster Wallace me parece mucho más interesante que Aira, sobre todo por aquello que decía Monzó de que la diferencia entre novela y cuento es que el cuento le permitía una forma de creación mucho más improvisada en el sentido de que la novela siempre necesitaría un plan y una dirección hacia la que ir y el cuento no, y en este sentido Aira trabajaría, o esa sensación me queda, más improvisadamente y sin un claro objetivo hacia el que ir, mientras que en este caso DFW al hacer un cuento eso forma parte del propio género (ésta es, por otra parte, una de las dudas que siempre planean sobre la obra de Borges, de por qué no fue nunca capaz de hacer novela, independientemente de su genialidad a la hora de hacer cuentos).

Lyndon centra su narración en un homosexual que llega a ser el ayudante del presidente Lyndon B. Johnson, y que también centra su historia en dos planos paralelos, por un lado la historia de dicho personaje que empieza desde lo más bajo hasta llegar a ser el ayudante del presidente, puro self-made man, y por otro, y sobre todo, los entresijos de la política norteamericana retratados magistralmente por el autor. También me recordó a otro cuento de AM Homes, La ex primera dama y el héroe del fútbol americano, protagonizado esta vez por Nancy Reagan, mucho más cruel, pero, y aun siendo también un cuento muy interesante, algo más pesado.

En John Billy, el autor nos cuenta a través de un paleto la extraña vida de un personaje, introduciendo técnicas narrativas interesantes.

Aquí y allí es un magistral cuento centrado en un matrimonio desavenido, un cuento muy divertido con una escena magnífica en la que el protagonista intenta reparar un electrodoméstico.

Mi aparición nos cuenta de una manera absolutamente genial las inquietudes de una actriz televisiva al enfrentarse a una entrevista con Letterman. Aprovecha para contarnos de nuevo, como en el primero de los cuentos, los entresijos del mundo televisivo, así como para hacernos reflexionar sobre la mascarada que supone cualquier enfrentamiento con la audiencia y con un pope tan influyente como Letterman, así como la influencia que el medio puede tener en el devenir de una carrera. Una de las obras maestras del libro.

En
Di nunca DFW nos introduce en la vida de un personaje y de su infidelidad, narrada desde diferentes puntos de vista, con distintas voces narrativas, donde experimentamos una progresiva simpatía por el personaje principal.

Todo es verde es el cuento más breve, casi una mera escena que nos sirve para abrir boca de lo que nos encontramos a continuación, el último y mejor de todos los cuentos Hacia el oeste, el avance del imperio continúa, más de 160 páginas cuyo argumento, la reunión de todos cuantos han participado en un anuncio para McDonadls, nos lleva a través de unos personajes, buena parte de cuya acción transcurre en un coche de fabricación casera del hijo del dueño de la cadena, que conduce por otro lado vestido de Ronald MacDonald, a un cuento de continuas referencias metaficcionales a través del cual advertimos no sólo una reflexión sobre la propia creación literaria, una mirada sumamente irónica sobre la literatura posmoderna así como a un final, asombroso por otro lado, donde lo contado pasa a un segundo plano para contarnos la propia creación de uno de los personajes, un cuento dentro del cuento, magistral a su vez, donde el autor interviene a la vez que como narrador como crítico, lo cual lo convierte, por la mezcla de ironía respecto a la propia metaficcionalidad de la literatura y al tiempo su uso hasta el exceso, en un auténtico prodigio de técnica y de juego de planos narrativos.
UNA INTERRUPCIÓN VERDADERAMENTE DESCARADA Y MALEDUCADA

Tal como se ha dicho antes -y si esto fuera un relato metanarrativo, que NO lo es probable que se mencionara el número de líneas de letra impresa entre esta referencia y el referente prenominado, lo cual sería un verdadero coñazo, además de una chulería, dado que significaría asumir que la narración simple, directa y sin adornos de un día lento, caluroso, frustrante y espeso en la vida de tres chavales que no han dormido y que ni siquiera son especialmente cordiales, puede acabar publicándose, lo cual en estos días sería bastante buena suerte, pero sí que se mencionaría ese número en caso de ser este un relato metanarrativo, no hace falta ni decirlo, es una convención posmoderna obligatoria encaminada a llamar la atención y las emociones del pobrecito lector acerca del hecho de que la narración que ha adquirido y ha pagado y que ahora está empleando su tiempo en inspeccionar no es una simple ventana que da a un mundo distinto y ciertamente entretenido, sino que en realidad es un artefacto, un objeto, una simple cosa de este viejo mundo de aquí, compuesto de una emulsión de pulpa de madera y de una serie de hileras horizontales de tinta, y de convenciones, y por tanto, en sentido profundo, no es más que la falsificación opaca de una ventana capaz de transformar la realidad, no es una ventana de verdad, sino una broma, y por tanto en sentido profundo (y ahora también intencionado) es algo artificial, es decir, fabricado, falso, una ficción, un pretendiente al estatus de real, un rey de España con el pelo de paja -y se supone que esta autocomplacencia explícita y esta revelación deconstructiva hacen que la metanarrativa sea más real que un relato "realista" y pre-posmoderno, que depende de una serie de técnicas anticuadas para crear la ilusión de una ventana que da acceso a otra "realidad" isomórfica a la nuestra pero dotada y armada con unas verdades superiores con las cueles toda verdadera persona humana mantiene una relación aspirante-, y todo esto el Realismo Resucitado, producto del esfuerzo laborioso, deshonroso y minimalista de un sinfín de oscuros seminarios de escritura creativa en las facultades de todos los Estados Unidos de A., y que el mariscal de campo Lish (y él debe de conocerlo) ha llamado nuevo realismo, promete demostrar que no es más que un montón de chorradas, ¡toda esa mierda metanarrativa!, y además es un montón de chorradas totalmente ingenuas, puesto que se apoya en las mismas "presuposiciones ocultas" que esa misma narrativa realista que la metanarrativa pretende "desacreditar" -y uno se imagina a un montón de nudistas arrancando a jirones la ropa del pobre emperador y luego retorciéndose de risa, como si ellos no fueran a regresar también a sus casas en colonias de edificios de cristal- y dicen los chicos de Nuevo Realismo que esa metanarrativa es todavía más odiosa, porque es una bofetada en la cara de la Historia y del Método Inductivo ejercido por los esbirros que-no-están-para-hostias de la Historia, y además abre la puerta de un armario lleno de maloliente habilidad gratuita, de autoindulgencia, de meter rollos, de malabarismos, lo cual, como te dirían Gardner o Conroy o L'Heureux o, coño, incluso el mismo Ambrose, son el mayor aprobio para cualquiera que desee convertirse en un apasionado virtuoso -lo más próximo que hay al tabú, a lo prohibido, al aprobio, al
asut...-, y por tanto no se mencionará el número de líneas que hay en medio, aunque el coñazo que supondría sería secundario y considerablemente más rentable, teniendo en cuenta que el tiempo está gravemente limitado, que esta consideración y este rechazo en particular... hoy va a celebrarse una Reunión de todo el mundo que ha participado en alguno de los 6.659 anuncios de McDonald's que alguna vez se hayan concebido [...]
Esta extensa cita, donde cabrían destacarse varias cosas interesante, está marcado por, primero, un título significativo, segundo por un NO en letras mayúsculas que nos quiere dejar claras las intenciones del autor, y en tercer lugar por continuas digresiones, que parecen no llevar a ninguna parte pero que sí llevan. Sobre este párrafo y sobre este relato en general, cabría hacer un paralelismo con El Quijote, obra emblemática de la metanarrativa, por cuanto así como Cervantes hace una antinovela de caballerías sirviéndose para ello de todas y cada una de las mañas y elementos de ésta, DFW pretende no hacer metaficción metaficcionando, lo cual es un logro narrativo que solo pude conseguirse como él lo logra: mediante la ironía. Así después escribe:
Además el Nuevo Realismo como es joven y realista, también es muy lento. (...). Su lentitud se distingue de la pura realidad únicamente por su extrema economía, su desprecio prusiano por la distracción, su obsesión por los límites restrictivos de su propio espacio, su higiene, su lúgubre proximidad a su propio horizonte. Es una de las cosas más descorazonadoras que pueden adquirir en las mejores librerías. Yo que tú le echaría un vistazo.
Donde continúa introduciendo crítica y teoría literaria, dando esta vez a diestro, el realismo, como, a continuación a siniestro, el posmodernismo (casi se podría, de nuevo, aplicar su crítica a su propio estilo, con lo cual sería una parodia que el autor haría del narrador):
De nuevo hay que hacer notar que la generación anterior de escritores agobiantemente autoconscientes, obsesionados con su propia interpretación, llegado éste punto mencionarían, justo cuando parece que vamos a llegar a alguna parte, que esta historia no va a ningún sitio, que no avanza siguiendo la curva freitagiana ascendente y continua que deberíamos estar registrando a estas alturas, página 35 del manuscrito. En cambio, seguirían la máxima de su hierofante C___ Ambrose, según la cual este reconocimiento interno y explícito de su incapacidad para entrar en materia los liberaba de algún modo de la obligación de entrar en materia. O incluso podría, de alguna manera llena de recursos y sobre todo ingeniosa, representar ese mismo movimiento que afirma negar. La impresión que tiene Mark de estos gamarahitas es que básicamente son unos tíos sinceros -unos críticos, en realidad, y no los sacerdotes que intentan ser- y que es irónico que sea precisamente su propia integridad como críticos lo que hace que queden atrapados por la misma industria de engaños que intentan regular.
Jugando también con esa ironía característica en DFW, cuando tras la crítica hecha, se muestra consciente de que está jugando con el lector, distinguiendo realismo y realidad, aun sabiendo que el lector sabe que lo que nos cuenta sobre la famosa Reunión no es verdad:
HE MENTIDO: AHÍ VAN TRES RAZONES POR LAS CUALES LO ANTERIOR NO ERA REALMENTE UNA INTERRUPCIÓN, YA QUE ESTA NO ES DE ESA CLASE DE NARRACIONES QUE PUEDAN INTERRUMPIRSE, PORQUE NO ES UNA NARRACIÓN, SINO LA MISMA REALIDAD TAL COMO ESTÁ SUCEDIENDO AHORA

Si esto fuera ficción, el cataclismo que evitaría que las seis personas que van en el coche de fabricación casera de DeHaven llegaran por fin a la Reunión prometida en Collision sería una colisión.
O:
EN REALIDAD ES PROBABLE QUE NO SEA LA ÚLTIMA INTERRUPCIÓN MALEDUCADA

(...) dividir todo esto de la narrativa en realista, naturalista, surrealista, moderna, posmoderna, neorrealista y meta- es como dividir la historia en cósmica, trágica, profética y apocalíptica. (...) Atomiza, no cohesiona a las multitudes, y, como todo lo que es intemporalmente insensato, lleva al odio ciego, la lealtad ciega y la súplica ciega.
Por último, otra de las ocasiones, interrupciones (o falsas interrupciones) en los que acomete unos comentarios sobre la literatura en general y la americana en particular, que me parecen muy lúcidos:
La narrativa elemosinaria desea la caridad. La narrativa iconodulística desea el orden. La narrativa lasciva desea el deseo. La narrativa apocalíptica desea ese cambio inevitable que se oculta tras el miedo. (...) La narrativa trinitarista, específicamente americana, desea ese cambio que siempre lo mantiene todo idéntico. Es tan fría como un supermercado -probablemente es más economía que arte- y calcula el ritmo del ritmo de cambio del cambio como un cero que fingimos que no vemos y que se halla oculto tras la hoja de parra de Newton. Es un arte que se oculta, diminuto y con colmillos, en el ojo de los huracanes, en el eje de los giros y en el corazón frío y quieto que hay dentro del corazón pulsátil del amante. Es tres veces sujeto y tres veces bueno.
Y finalmente, en medio de un diálogo, una acotación metanarrativa entre paréntesis, en consonancia con lo antes dicho:
(De nuevo me siento en la obligación de decir que esto es solamente una sinopsis y no es fiel a una voz que me temo que no sé imitar.)
En definitiva, un libro con una serie de cuentos muy interesantes, con al menos tres magníficos y uno que es sencillamente asombroso.

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