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domingo, 27 de febrero de 2011

Vida de poeta, de Robert Walser


Vida de poeta.
Robert Walser.


1918. 143 páginas [149-292].
Ed. Alfaguara. Traducción de Juan José del Solar.

En 1989 Alfaguara editó con el título general de Vida de poeta dos obras con narraciones breves que Walser publicó en 1914 y 1918. Ambas obras originalmente fueron recopilaciones de textos que Walser había ya publicado en prensa. Se trata en este caso de Historias y de Vida de poeta. Posteriormente Siruela editó ambas obras por separado y con la misma traducción (o al menos el mismo traductor). En una reseña que leí en prensa se llegaba a afirmar que Siruela editaba por primera vez en castellano las Historias de Walser. ¿Realmente es necesario mentir, hacer marqueting a base de falsedades de este tipo? También se pregunta uno qué diferencia hay entre editar un libro a bajo precio y veinte años después editar el mismo texto exactamente en dos libros a más de 15 euros cada uno, dos libros que no llegan a las 150 páginas. Siruela y Acantilado serán siempre dos editoriales elitistas capaces de editar hasta cuentos y llamarlos nouvelles, a las que uno como lector no siempre tiene porqué tener esa simpatía necesaria que merece el -gran- aporte de editar autores que no edita nadie más si con ello tiene que pagar el doble que por otros libros. Siruela, eso sí, pone, a parte de bonitas fotos en la portada, como Acantilado, pastas duras. Y ambas, por descontado, tienen un catálogo espléndido. En honor a la verdad hay que decir que Acantilado y Siruela han fomentado en mí las visitas quincenales a la Biblioteca Pública que de otra manera haría con menos frecuencia.

En lo que al texto se refiere, Vida de poeta es una colección de prosas breves que plantean entre otras cosas el viaje como "excursión", dentro del cual Walser nos muestra una suerte de pasajes más o menos autobiográficos: un hermano pintor (como Karl Walser), sendos encuentros con el crítico Widmann y con el pintor Max Dauthendey en Würzburg (ambos reales según se explica en notas a pie de página), o su estancia en Berlín.
Predomina el uno de la primera persona. Una curiosa excepción es un texto escrito desde el punto de vista de su hermano, el pintor Karl.
Hay un texto La bella durmiente, que me recordó aquella pequeña obra de teatro en verso titulada Blancanieves, que ya reseñé aquí, y que denota el gusto de Walser por los cuentos populares de los Grimm o de Perrault.
Hay otro texto sobre un joven trotamundos, en tercera persona también, en el que se describe la situación de un sirviente que recupera la libertad, lo que es una constante en la narrativa de Walser, tanto en lo que se refiere al mundo de la servidumbre y los criados -él mismo lo fue-, como por ese anhelo de libertad, a veces recuperada en un santiamén por una decisión repentina, y que no se sabe bien a dónde conducirá.
Marie es un texto que narra una ensoñación, dentro de una atmósfera irreal, que me recordó el sueño de Jacob von Gunten con Herr Benjamenta.
En Marta describe ese amor que se desvanece en/con el tiempo, es un texto parecido a un pasaje de Los hermanos Tanner, en el que se describe a una mujer enamorada pero no correspondida por el protagonista.
En Nueva novela nos cuenta la frustración de no poder escribir lo que se espera de uno.
Discurso a una estufa y Discurso a un botón son dos piezas en las que Walser se ejercita mediante el ataque y el elogio.
Hölderlin, uno de los textos más interesantes, habla del poeta y la locura, enfermedad que finalmente contrajo Walser, y de la experiencia del alemán como criado, otra similitud más entre ambos.
Finalmente Vida de poeta es una especie de resumen donde recupera la tercera persona para narrar la vida del poeta como vagabundo, y para concluir que la esta vida no casa demasiado con la vida laboral del resto de los mortales.

martes, 22 de febrero de 2011

Historias, de Robert Walser

Historias.
Robert Walser.

1914. 147 pp.
Ed. Alfaguara. Traducción: Juan José del Solar.

Esta obra, recientemente reeditada por Siruela, -yo he leído la de 1989 de Alfaguara integrada en un volumen junto con Vida de poeta- incluye prosas breves y pequeños relatos que Walser publica en 1914, pero que no son sino una recopilación de textos publicados en prensa desde 1899. Por tanto, no se trata de un libro concebido de manera unitaria, sino de una mera recopilación, lo cual se observa claramente por la diferencia entre unos textos y otros, diferencias más de contenido y de extensión que de estilo, puesto que Walser mantiene una prosa definida y singular, una voz propia, casi desde el principio, si bien la va depurando con el trascurso de los años.

Sus narraciones breves recuerdan lo que serían sus novelas, es decir, vuelve siempre sobre los mismos temas.

En mi lectura puedo decir que encontré dos bloques, uno, con prosas breves y bien escritas, evocadoras y que recuerdo poco, y una segunda parte, con varios textos que se centran en el mundo del teatro o son directamente teatrales, como son Incendio en el teatro, Escena en la cárcel, Una velada teatral, Teatro de gatos, La actriz o La prueba del talento, que formarían un pequeño bloque, y una serie última donde se encuentra, a mi juicio, lo mejor del libro. Comienza este último bloque con Kleist en Thun, que evoca de una manera magistral un episodio de la vida del escritor alemán, le sigue Wenzel, que retoma el tema del teatro de una forma muy cáustica, Paganini. Variación, texto sobre el genio italiano y lo que se sentía al oírle tocar de esa manera, casi como poseído de una facultad ajena e inconsciente, al que sigue La batalla de Sempach, que, como el propio nombre indica, evoca una batalla no en su fragor precisamente, sino en ese transcurrir de los días previos, en ese aburrimiento mortal y desesperado que supone la espera de la batalla. Finaliza la obra con dos textos muy interesantes, el Diario de un alumno, que recuerda a Los cuadernos de Fritz Kocher, su primera novela, por su planteamiento, así como a Jakob von Gunten por su pesimismo subyacente, y Una mañana, extraordinaria narración sobre el mundo de la oficina, que como no, podemos relacionar con Melville y Kafka, si bien en este sentido Walser nos describe sobre todo la completa inutilidad en muchos aspectos de algunos trabajos, recordando esta vez precisamente a su segunda novela El ayudante.

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