sábado, 1 de diciembre de 2007

Papá, dame la mano que tengo miedo, de Leopoldo María Panero

Papá, dame la mano que tengo miedo
Leopoldo María Panero.
Prólogo Ana María Moix.
Ed. Cahoba. 2007. 128 p.


La lectura de la prosa de Leopoldo María Panero siempre se hace con las premisas -y/o prejuicios- de que es poeta y está loco. A veces ser poeta y estar loco no es lo mismo que ser poeta y ser o estar maldito.

Pero si nos olvidamos de ésto, lo cual es difícil y además absurdo por innecesario, nos encontramos ante una prosa sorprendente. Como sorprendente ha sido casi todo lo escrito por él.

Leí por vez primera a Leopoldo María Panero en las páginas de Egin -del diario etarra Egin, como él lo llama-, allá por el año 1998, durante unas vacaciones en Guipú
zcoa, y recuerdo aquel artículo lleno de referencias a Lacan y a Adorno que ya me dejó impresionado. Me lo había recomendado un gran compañero de COU con el que compartí muchas cosas y a quien recuerdo con tanto aprecio, y por ese motivo, por su recomendación o simple mención (sobre todo me hablaba de la película de Chávarri), me detuve en aquella página de aquel diario abertzale. Desde entonces no he dejado de leerle y releerle, y me sigue gustando lo mismo o más.
Decía LMP hablando con el poser de Bunbury sobre el Nobel de Literatura que últimamente se lo habían dado a dos dobles suyos, Coetzee y Jelinek, y leyendo esta novela se entiende -aunque yo haya tenido mala suerte, todo hay que decirlo, con la austriaca porque he leído sus peores obras, al parecer.

La lectura de la prosa de LMP es igual de estimulante que la de sus poemas, con el añadido de que se vierte como un vómito, como un torrente de imágenes, de ideas, referencias, citas y autocitas, elucubraciones y delirios, sincero y excesivo siempre, obsesivo a veces, genial otras.

Da igual encontrarnos con alguna errata, o alguna falta ortográfica, como da lo mismo encontrar algún nombre mal escrito, como el del poeta senegalés Leopold Segar Senghor, a quien LMP le quita la "h" y lo llama reiteradamente "Sengor", o que haya alguna cita dudosa: en este caso dudosa para mí, que no para él, y en ésto mi modestia y mi mala memoria me impiden decir que con seguridad el verso "y si al alma su hiel toca esconderla es necedad" es de Quevedo, cosa que LMP, si bien por desgracia olvidé a quién, se la atribuye a otro. Todo eso es lo de menos, aunque incluso en sus manos hasta pueda parecernos un rasgo interesante.

Por esta novela pasean muchos personajes, aunque sería más preciso decir que hay un sólo personaje, Leopoldo María Panero, que nos narra lo que pasa por su cabeza, no en en sentido vulgar de la expresión, sino en el sentido literal, como en tal sentido lo hace Molly Bloom/Joyce, y desde entonces -aún habiendo precedentes/precursores, como Schnitzler, si bien esto es otro tema-, muchos otros, como el Bernhard de Tala, por poner un ejemplo más claro; y lo que pasa por la cabeza de Leopoldo María Panero son sus obsesiones de siempre, sus obsesiones con la poesía y la psiquiatría, con la escritura y con la muerte, con la CIA y los médicos, un mundo propio donde pueden aparecer de pronto Ana María Moix, José María Aznar, Joaquín Sabina o Javier Bardém.
Además, como dice Ana María Moix en el prólogo, tiene un título cojonudo.

13 comentarios:

Apostillas literarias dijo...

Siempre tengo conmigo el interés de leer a Panero, jamás lo he hecho hasta ahora. Y tienes mucha razón, cuando se está ante su obra se piensa siempre lo mismo, que es poeta y que está enfermo. Quizá sí está enfermo, no lo se, pero debe de ser una enfermedad que no le impide escribir y hacerlo tan bien, como señalas.

Amputaciones dijo...

Magnífico blog literario.

Gracias por el vínculo, por cierto...

DIONI dijo...

el 7 de diciembre me lo autoregalare, je.
panero por siempre y para siempre

DIONI dijo...

el 7 de diciembre me lo autoregalare, je.
panero por siempre y para siempre

Recaredo Veredas dijo...

Sí, el título es cojonudo pero, ¿alguien se ha preguntado alguna vez cuánto debe el Sr. Panero a su padre? Sin el conejo blanco no exisitiría "El desengaño" ni su continuación, ni el Sr. Panero -gran poeta en ocasiones- habría podido seguir llorando hasta la vejez. Saludos.

Lázaro dijo...

Perdonen la tardanza en responder...

Sin duda, Veredas, todos debemos algo a nuestros padres: yo debo a mis padres que estuvieran suscritos a las Selecciones del Reader Digest, que era lo único que se podía leer en mi casa y quizá gracias a esa puta revista reaccionaria pude convertirme en un voraz lector... quizá Leopoldo María deba a su padre que en su casa se respirase un ambiente literario y poético..., al tiempo que le debe también que, por ser éste un facha como una catedral, nunca mejor dicho, viviera en un ambiente represivo y carcelario que le volvió loco..., quizá Azaña deba a los jesuítas su experiencia para escribir El jadín de los frailes, quizá Kertész les deba a los nazis su experiencia en Austwitz para poder después ser escritor... En el fondo, quizá todo se trate simplemente de desentrañar y analizar que entendemos por deber a...

TOMÁS dijo...

Panero me parece un poeta. Lo descubrí hace tiempo leyendo uno de sus haikus. Se pensaba que todo quedaba en José Juan Tablada y en ciertos acercamientos de A.Machado. Ahora, ciertos poetastros modernísimos, a la luz de panero quieren hacer de los haikus un desierto descubierto. Se olvidaron de que existen pisadas en él. Son las de Panero.
http://tropicodelamancha.blogspot.com

Lázaro dijo...

De hecho creo que Panero es El poeta. Cuando hablo de Penero me refiero a Leopoldo María, no al padre o al hermano (que también me parece muy bueno, todo sea dicho). Creo que Panero pese a haber sido asumudo como poeta maldito está mucho más cerca de la poesía norteamericana que de Nerval o Artaud, solo que como estos estaban locos y el lo está, la crítica es así de simplona a veces, y enlaza malditismo y poesía con los simbolistas, como alcohol y poesía es siempre referencia a Dylan Thomas.
Digo esto porque quizá Panero se acercó al haiku no a través de la poesía oriental sino más a través de los poetas norteamericanos que adaptaron el haiku (se va a editar en castellano una antología de haikus de Kerouac, por cierto) a la cultura occidental. No creo que tuviera el referente de Machado, sino el americano. Como quizá esos pseudopoetas a los que te refieres.
Un saludo.

TOMÁS dijo...

Me refería en todo momento a Leopoldo María. Es cierto lo que refieres acerca de la influencia de los norteamericanos sobre Panero en el uso del haiku. tampoco creo que bebiera de la mano de Machado, lo que quería indicar era que machado cultivó esa especie singular de la poesía, y lo hizo bine, por cierto. Al igual que José Juan Tablada e incluso Octavio Paz tras su periplo oriental. ah, he puesto en mi blog un enlace hacia este blog. un saludo.

Lázaro dijo...

Estamos de acuerdo pués. Muchas gracias por el enlace, es un honor para mi.

Does it matter? dijo...

Tengo un comentario que escribir aquí, que al final es de Panero y para tí... suficiente ¿no?

Pues bueno, que LMP me recuerda a ti, no por el desmedido consumo de refrescos, sino por marcar un momento de mi vida cuando me regalaste aquel gran libro y que me acompañó horas y horas en el tráfico, el estrés y el verano de hace algunos años.

Te veo en casa.

Miguel Escamilla dijo...

Que España se ponga de rodillas ante Leopoldo Maria Panero, señor de las sombras, amo de las ratas. Larga vida a Leopoldo!!! Desde México. Saludos

Anónimo dijo...

i absolutely adore all your writing choice, very exciting,
don't quit and keep penning simply because it simply just worth to read it,
excited to look at much of your writing, regards :)