sábado, 17 de noviembre de 2007

Rant, de Chuck Palahniuk.

Rant: la vida de un asesino. Chuck Palahniuk.
Mondadori. 2007
320 pags.

La última novela de Palahniuk, editada por Mondadori en España el mes pasado, me parece algo floja. En primer lugar tiene mucho de inverosímil. Y toda esa inverosimilitud se mantiene una buena parte en suspense, para después de una parte media de la novela muy aburrida, desvelarnos en las últimas páginas que todo cuadra, que hay una explicación para todo, si bien la explicación parta de una lógica paracientífica o acientífica.

Hay también durante la primera parte varios cambios que pronostican varias tramas paralelas. De tan paralelas que son -tangenciales sería mejor decir-, podrían desarrollar varias novelas diferentes. Una realista, con toda la infancia del protagonista, sus padres, sus mocos, las primeras bobadas que hace (a lo Mark Twain pero en cabrón quizá)... Otra de literatura fantástica, con todo el rollo de las predicciones, todos esos comentarios absurdos que no hay quien se los crea (aunque quizá en otro contexto)... Otra de ciencia ficción, con el rollo de las transcripciones y las exo-cargas (la más interesante, quizá)... Y otra con el tema de las choquejuergas, en plan futurista, crítica social antisistémica, road-movie... Finalmente todas esas tramas se van tratando poco a poco: la última mencionada, la más aburrida y pelmazo, una suerte de juego donde adolescentes con poco atractivo como personajes (salvo tal vez Neddy Nelson, el último en aparecer y que es el más interesante y el más identificable), conducen y chocan, se divierten con ello, tienen Reglas y Días del Árbol y Noches de Bodas y alguna tontería similar, tienen una emisora donde dan avisos de accidentes... Todo aburridísimo. Y es que, ¿es divertido conducir y chocar? ¿Es transgresor coger un coche y conducir? Pues quizá sí para un norteamericano, pero para mí es un auténtico pestiño comprobar cómo página tras página, estoy oyendo hablar a personajes que juegan con coches unas partidas de choquejuerga con sus reglas y su lenguaje propio que a mí me importa una mierda, adolescentes medio retrasados que además hablan todos igual (de bien, por contra).

En cuanto a la estructura, Palahniuk pretende una especie de lo que en cine se llamaría falso documental. Pero no el equivalente a F for Fake de Welles o Zelig de Allen (o los muy interesantes de Martín Patino para la televisión), donde se mezclarían por ejemplo, manuscritos con entrevistas, documentos, opiniones, etc., sino el equivalente a un documental para la televisión por cable a base de entrevistas y montaje rápido. Para ello da voz en cada párrafo a un personaje de una multitud de ellos, entre los cuales, por ejemplo, llama mi atención los testimonios que vienen precedidos de "De las notas de campo de Green Taylor Simms", donde uno podría imaginar que, tratándose de "notas de campo", éstas podrían haber estado escritas en tiempo presente, para así contraponer a los testimonios en tiempo pasado del resto de personajes y dar cierta riqueza, pero no, Palahniuk no sólo lo transcribe en pasado sino que a veces hasta parece seguir la sucesión de hechos relatados por el resto de personajes, que uno se imagina, no se si acertadamente, juntos en una misma sala hablando al tiempo (p. 215). Es decir que de eso de “de las notas de campo” podría haber prescindido por completo y haberse quedado con Green Taylor Simms, porque además al final no se aclara nada respecto a qué son esas notas de campo, solo que el personaje en cuestión es Historiador, lo cual me hace ratificarme en mi apreciación.

Los personajes no adquieren una personalidad fuerte. No son muy atractivos, y a veces lo que dicen lo podría haber dicho otro personaje, sobre todo cuando se trata de los amigos de la infancia o los choquejuerguistas. Quizá es que son demasiados. Mención aparte para los Mercer (capítulo 21). Aquí el matrimonio Mercer sí se retrata hablando y de paso retrata a Echo. Y el resultado es también desastroso, porque la única conclusión posible a la que el lector puede llegar es a la de que los Mercer son de una imbecilidad también, como no, inverosímil. No, Chuck, no se puede ser tan idiota, ni siquiera imaginando un futuro en el que la gente tenga un USB en la nuca. De tan idiotas podrían haber resultado graciosos, pero tampoco.

Y es que, ciertamente, entre esos personajes, y esas choquejuergas uno piensa que, o bien se ha hecho mayor (uno) y el amigo Chuck no, o bien Chuck se ha pasado a la Literatura juvenil con el fin de pervertir ciertas mentes (y asegurarse la cartera futura). O simplemente Chuck, como escritor, en aquellos talleres literarios a los que asistía para hacer amigos, suspendió la asignatura de "Eliminar material".

Tras ese Alpe d'Huez que supone el segundo tercio de la novela (por decir una cantidad, que bien podría ser de la página 100 apr. a la 260) todas aquellas inverosimilitudes y dudas se esclarecen en el final, un final, como digo, paracientífico y que resuelve todo mezclando demasiadas cosas a la vez, H. G. Wells, parapsicología, religión, historia política, epidemiología... pasando a un final que por impredecible no deja de ser un poco desconcertante: ¿no hacía presagiar todo, sobre todo tras leer el principio de la novela, que Rant desencadenaría un final apocalíptico, una epidemia de dimensiones bíblicas y que haría tambalear el Sistema y el Imperio? Pues nada de eso pasa, y parece que la rabia como vino se fue como vino se fue como vino...
Podría haber sido una novela de 150 páginas pasable. Creo que la parte de las choquejuergas no debería ser tan larga porque, además de aburrida rompe la trama y el tono de la novela que pasa a ser un videojuego adolescente infumable. El resto bien. Y el conjunto irregular. Poco humor, dos o tres escenas y tampoco graciosas sino divertidas (y ésto siendo generosos). Una novela fallida. Espero que al autor se le olvide eso de hacer una trilogía.

4 comentarios:

Gabriel Torrelles dijo...

Hola Raúl...

El que parece estar envejeciendo es Chuck, así que me inclino más por tu primera teoría...

No sé si te parecerá un abuso, pero estarías de acuerdo con leer la novela que estoy por publicar en Venezuela y reseñarla en cuanto en tu blog en cuanto salga a la calle?

Déjame saber, vale?

Raúl Lázaro dijo...

Hola Torrelles,

Pues sí, estaré encantado de leer tu novela, espero que esté disponible en España. En cualquier caso prometo ser benévolo...

Un saludo.

shysh dijo...

De acuerdo contigo en que la novela es excesivamente larga y repetitiva, por no decir que el monotema Rant cansa. Interesante hubiera sido saber más de otros personajes, del cómo y el porqué el mundo está dividido en seres nocturnos y diurnos, de la relación entre el padre de Rant y Echo... Saludos.

Lázaro dijo...

A mi no me cansa excesivamente que se hable tanto del personaje como de que se hable y hable y se diga tan poco... porque a mi me pareció que la novela queda coja al no producirse la ecatombe, que queda como una especie de epidemia de pueblo de la américa profunda y nada más, y que eso la hace algo ridícula después de tantas cosas como cuenta.
Sería como un Regreso al futuro donde Michael J. Fox fuera un cabrón y se follara a su madre a ver que salía de aquello y enterrara monedas de 1850 para hacerse rico al cambio siglo y medio después... esto podría haber dado para una novela divertida, pero entonces se mete por medio la rabia y se anuncia una especie de ecatombe que no llega nunca, porque uno se imagina muertos por las aceras, el caos y el ejercito de salvación y lo que se encuentra es a unos idiotas sentados en un sofá hablando a un periodista que después "monta" una crónica.

Saludos y gacias por el comentario.