martes, 13 de noviembre de 2007

En el salón no se juega.

A veces se exige al lector, o, precisando más, el lector se exige a sí mismo y con ello su público (el lector, a día de hoy, también puede tener su público, y no lamentar en soledad no poder compartir su pasión enfermiza por la literatura: ese público está en un blog, en un foro, en una comunidad, está en la red, en definitiva) le exige veladamente cierta elocuencia a la hora de transmitir sus sensaciones con respecto a una lectura o a un autor. Quizá la culpa la tengan los propios autores que, cada vez más, hablan de otras obras y otros autores (incluso en blogs), sin necesidad de acojerse a una escuela de crítica o directamente sin hacer crítica (una variante es la opinión de determinados autores sobre la literatura o sobre autores que encontramos a menudo en las entrevistas, recurso este, el de la entrevista, mucho más accesible desde que existe internet, y muy recurrente para el lector). De hecho la crítica literaria es, muy a menudo, aburridísima, al menos a mí me parecen aburridísimas esas revistas sobre libros, o esos suplementos donde uno tiene que rastrear a su crítico favorito entre un mar de ineptos y vagos que parecen estar haciendo un trabajo para un profesor, a menudo cegados en sus análisis por la cerrazón intelectual y la ideología (o peor aún, la línea editorial).

Y es que uno se lee de repente y en un arrebato todas las novelas de Marías o de Pynchon o de quien sea y vas y se lo dices a tus amigos, a veces simplemente eso, que te las has leído, quizá por toda respuesta obtengas un ¡no jodas! o algo así, quizá tu mujer sonría con orgullo, pero como no puedes decir mucho más o no sabes decir mucho más, simplemente aduces esto a que ellos no sabrían escucharte, o simplemente no mostrarían interés alguno, o más simplemente aún, les resultarías aburrido y decides decírselo a alguien que sí esta interesado. Solo que después te das cuenta de que quien pueda estar en un momento dado interesado en conocer tu opinión sobre una obra de Marías es, bien el navegante que busca información, y que se contentará con leer cuatro adjetivos del tipo "obra maestra", "basura", "aburrido" o "pedante", bien quien comparta tu pasión y simplemente haya leído también esa obra y decida comparar tu análisis con el suyo. Pero para eso hay que hacer las cosas muy bien, quiero decir, hay que aportar algo nuevo.


Aportar algo nuevo a estas alturas a mí se me hace difícil. Recurrir a lugares comunes, indecente y aburrido. Cualquier otra cosa me deja siempre la sensación de inutilidad. ¿Cuántas veces he llegado a escribir algo en este blog, o un comentario en otro, y lo he borrado después de pensármelo mejor? También en la blogosfera hay que ser consecuente y existen ya demasiados blogs, demasiadas opiniones, demasiada vacuidad en los discursos, demasiada neopedantería (neologismo de creación propia que viene a definir una suerte de pedantería de nuevo cuño que en vez de alardear de cultura alardea de incorrección política teñida de pseudocultura: mala hostia de salón), como para seguir escribiendo tonterías, ¿no crees?.

5 comentarios:

el_situacionista dijo...

Luego, ¿Prefieres no hacerlo?

Raúl Lázaro dijo...

aún no me convertí en un Bartleby del blog, ni de eso ni de nada, por la edad más que nada pero todo se andará...

TOMÁS dijo...

Me alegra ver los nombres de Marías y Pynchon entre los ingredientes básicos para la hambruna lectora. Te mando de paso un saludo desde mi bitácora, http://tropicodelamancha.blogspot.com; ha sido una sorpresa encontarme entre las bitácoras que visitas. Saludos

Lázaro dijo...

A mi me gusta mucho más Marías que Pynchon, todo sea dicho, pero está claro, al menos para mí, que hace falta tener un arrebato de hambruna lectura (y dos cojones)para devorarse de corrido toda la obra del americano. Para mí casi sería tanto como leerme seguiditos todos esos ochomiles de los que un día hablaste a propósito de Musil.

Gracias por tu espléndida bitácora.

TOMÁS dijo...

Por cierto, Tu rostro mañana comenzó en un fácil y accesible mil quinientos y ahora está rozando los ocho mil. Gracias a que fui esclando poco a poco, solo me falta coronar la ascensión, cul Virgilio dantesco.