sábado, 11 de agosto de 2007

El crepúsculo del deber, de Gilles Lipovetsky


El crepúsculo del deber.
La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos.


Gilles Lipovetsky
Año 1992
ISBN 978-84-339-6795-4
288 p.
Compactos Anagrama
Traducción Juana Bignozzi


El ensayo de Lipovetsky comienza haciendo un repaso a la historia de la ética, resumiendo acertadamente aquella etapa en que ésta se fundamentaba en valores religiosos y que pasó después a ser una moral del deber, adaptando todos aquellos valores a los tiempos iluminados de (por) Kant y más tarde de la Ilustración. Éticas basadas en códigos religiosos e inmutables, a la vez que incuestionables, y que se transforman en el deber por el deber del sistema posterior, que si bien parece suponer una ruptura, tan sólo lo es en apariencia, ya que más bien se trata de una continuidad. Asistiríamos por tanto, y hablando de Occidente, del paso de una ética judeocristiana a una ética kantiana, una ética del deber. Esta ética estaría hoy ya en su fase de decadencia o extinción, y para demostrarlo Lipovetsky disemina cada uno de los valores morales en que se basa nuestra ética posmoderna para hacernos entender que no es cierto que en la actualidad (o al menos en la actualidad de principios de los noventa en la que se circunscribe, diferente quizá a la post-11 S) se esté regresando a la ética del deber condicionada por las olas de puritanismo.

Si hablamos de ejemplos, el autor atina con lucidez y rigor la evolución en cuestiones como el sexo, la pornografía, el suicidio, la eutanasia, la prostitución, el transexualismo, el amor al cuerpo y las cruzadas antitabaco y antidroga, el deporte y el doping, la familia y los hijos, la nación, la bioética o los media. Creo que es más discutible su aparente optimismo respecto a las éticas de empresa. Si este libro data de 1992, es interesante complementar con la lectura de algunos pasajes de No Logo de Naomi Klein, por citar un ejemplo conocido, respeto a la ética empresarial, los códigos de conducta de las multinacionales y su denuncia, pasa saber cómo derivó y en qué la economía global a partir precisamente del momento en que escribe el autor. O quizá el libro de la autora canadiense se trate de un punto intermedio entre el análisis de Lipovetsky y un futurible final de la globalización neoliberal, entendiendo ese extremismo y radicalismo capitalista de principios de siglo XXI como el canto del cisne de un sistema o su posible suicidio. Entonces los tiempos darían la razón a Lipovetsky, si bien esa ética post-moral llegaría con más de veinte años de retraso, quizá pudiendo exprimir hasta la última gota de un sistema que nos hicieron creer que daba por finalizada la historia.

Veamos algunos de mis subrayados como resumen de sus teorías:

Los deberes positivos de entrega a fines superiores ya no gozan de crédito, sólo lo tienen los deberes negativos que prohiben acciones perjudiciales a los particulares y a la tranquilidad pública.

Pero, acaso, 15 años después se podría decir que esos deberes positivos y negativos coexisten, o unos como coartadas de los otros y en concreto si nos referimos al choque de civilizaciones, la guerra contra el terrorismo, la yihad contra el infiel, a favor del Islam o a favor de la democracia universal. Lo que si es cierto sin embargo, y tiene razón Lipovetsky en ello, es que los valores positivos calan menos en la opinión pública, hay menos gente que crea que se busque propagar la democracia en el mundo que luchar contra el terrorismo global, o defenderse y desestabilizar la zona que propagar la buena nueva del profeta Mahoma entre los infieles judíos y cristianos...

Sigamos con algunos subrayados más:

Ya no creemos en ninguna utopía histórica, en ninguna solución global, en ninguna ley determinista del progreso, hemos dejado de vincular la felicidad de la humanidad con el desarrollo de las ciencias y de las técnicas, y del perfeccionamiento moral con el progreso del saber.

(...)

La generosidad es una virtud privada, no puede servir de principio de acción para una mejor organización de la vida colectiva. Es necesario pues repetirlo: sin la inteligencia de las condiciones concretas, la justa evaluación de los fines y de los medios, la preocupación de la eficacia, los más altos objetivos morales se convierten rápidamente en su contrario, el infierno, y, eso ya lo sabemos, su camino está plagado de buenas intenciones.

(...)

La suerte de la época sin deber es que la demanda de ética que se manifiesta, no siendo irrealista y contraria a los intereses, puede, por eso mismo, contribuir a transformar en el buen sentido cierto número de prácticas sociales, a construir un mundo no ideal pero menos ciego, tal vez un poco más justo.

Obra interesante y muy bien estructurada, aunque en mi opinión el capítulo dedicado a la ética empresarial peca de excesivo distanciamiento de los problemas de la inmensa mayoría de los humanos: masas trabajadoras un tanto alejadas y desconfiadas de lo que entienden por una cuestión que atañe meramente a los mandos de las multinacionales, porcentaje ínfimo en lo que respecta al trabajo, al menos cuantitativamente hablando.

Pongamos un párrafo más para ilustrar sus ideas al respecto:

Con la business ethics se alcanza un nivel superior. Ya no basta con responder a la acción de los grupos de presión adaptando las prácticas de la empresa a las demandas sociales exteriores, se trata de autorreformar los principios y las prácticas de la propia empresa en el camino permanente y regular del respeto a las normas morales. tal es el sentido de los códigos y declaraciones éticas: no sólo reaccionar con continuidad, sino afirmar un conjunto de principios estrictos que doten a la empresa de una orientación moral continua, constitutiva de ella misma.

Al final de la obra el autor muestra, quizá en un ataque de realismo, su escepticismo respecto a los códigos de empresa o más en concreto hacia las verdaderas razones que las empresas tendrían para afrontarlos.

El estilo de Lipovetsky es bastante repetitivo, aunque con ello gane en claridad, de tal manera que en ocasiones se nos muestra como un profesor dando clase a los alumnos, también a aquellos que se distraen y que a la segunda o tercera vez pillan algo, o si no a la cuarta o quinta, mediante ejemplos y si tampoco pues quizá en el resumen de cada tema... Es decir, un pedagogo puro.

jueves, 9 de agosto de 2007

Queer, de William S. Burroughs

Queer
William S. Burroughs
Año 1952ISBN: 978-84-339-7287-3
150 p.
Anagrama Compactos
Traducción Mariano Casas

Esta novela de Burroughs es de la misma época que Yonqui, pero su temática es diferente si bien tienen en común un estilo mucho más asequible que el que posteriormente haría célebre a su autor. No es tan sórdida como Yonqui, por el contrario es una novela más sentimental donde el autor, por medio de su alter ego protagonista (Lee) se desnuda y se muestra como un homosexual, drogadicto y patético ser en busca de experiencias, siempre al borde de la crisis emocional.

La novela tiene una atmósfera triste y de cierta desolación, también hay un sentimiento de huida, el propio autor lo menciona en el prólogo que escribió treinta años después, si bien la alusión al homicidio de su esposa se conoce más por lo relevante que fue el hecho y que todo lector de Burroughs conoce, que por alusiones directas en el texto.


Hay una historia de amor y mucho sexo. También está presente la droga, menos recurrente que en las novelas que lo harían célebre, pero sobre todo hay una especie de radiografía del propio autor, que se muestra a veces tierno, a veces insoportable, siempre vulnerable y por ello interesante y hasta inédito.

Séptimo libro que leo de Burroughs, tras Yonqui, El almuerzo desnudo, The Soft Machine, El lugar de los caminos muertos, Las cartas de la ayahuasca (con Ginsberg) y Con William Burroughs : conversaciones privadas con un genio moderno, recopilación de Victor Bockris, y me sigue pareciendo interesante, aunque haya perdido en mí aquel fervor con el que lo descubrí hace años.