domingo, 30 de enero de 2011

El ayudante, de Robert Walser

El ayudante.
Robert Walser.


1908. 216 pp.
Siruela. Traducción: Juan José del Solar.

El ayudante se podría ver como la mirada con lupa de una de las andanzas de Simon Tanner, el protagonista de Los hermanos Tanner. Si en aquella novela el protagonista vagaba por un sinfín de trabajos y de hogares, en esta novela Walser decide centrar su mirada en uno de esos episodios, dando al protagonista -esta vez llamado Joseph Marti- todo el protagonismo, a diferencia del que tenía Simon Tanner algo más compartido con sus hermanos.

Sin embargo, en esencia, la novela rezuma el mismo sentido que la anterior. Una trama que avanza poco, pero que una vez culmina nos damos cuenta de que tenía el destino marcado prácticamente desde su inicio, una obra donde lo fundamental es no tanto lo que ocurre sino cierta atmósfera donde impera el sentimiento trágico de la vida, la sensación de fracaso, la pasividad, el fatalismo, la resignación, la imposibilidad de cambiar nada, pero también la amabilidad, la bondad natural, la dignidad ante las duras condiciones de vida, la amistad, la lealtad, lo que lleva a sentir la melancolía en cada una de las páginas. Al fin y al cabo no se trata de perdedores, sino, peor aún, de inútiles, de gente a la que la sociedad condenó desde el principio. Gente como Joseph a quién solo le queda pensar:

"Es esta necesidad de reflexionar al instante sobre todo lo que me ocurre en la vida. El suceso más insignificante despierta en mí un extraño deseo de pensar." (pag. 138)
Es una novela donde Walser ha madurado mucho su estilo, donde quizá haya perdido cierto humor y se note más algo de pesimismo existencialista. Una obra donde Walser perfila más claramente sus obsesiones y constantes, ya bosquejadas desde su más temprana prosa.

martes, 25 de enero de 2011

Los hermanos Tanner, de Robert Walser


Los hermanos Tanner.
Robert Walser.


1907. 269 pp.
Ed.: Siruela. Traducción: Juan José del Solar.


La lectura de Los hermanos Tanner, primera novela como tal de Walser, me dejó algunas sensaciones extrañas e interesantes. Sentí que se trata de una obra escrita de manera improvisada, se nota que no hay plan, los personajes se definen por lo que hacen y dicen, pero a veces son algo impredecibles, producen cierta extrañeza pero al mismo tiempo uno los siente cerca porque piensan en lo nimio, es decir, como nosotros, y de ahí su pensamiento se eleva a lo universal. La acción muchas veces se corta de forma abrupta con un acontecimiento, o cambia de escenario de forma un poco arbitraria o por antojo del autor, es como si el personaje, y por tanto, y al mismo tiempo, el propio Walser, ante el aburrimiento y la falta de ideas, decidiera que al personaje le tienen que pasar cosas, o bien reflexione sobre algo, pero siempre, como digo, con esa sensación detrás como lector de que eso está ahí motivado por la falta de plan de la obra. Lo cual, sin embargo, no resulta negativo, sino que por contra le deja a uno la sensación de que esa falta de plan del autor con su obra es la misma, trasunto, de la vida del protagonista, Simon Tanner, un joven sin plan en la vida.

Walser muestra poco interés por el sexo, lo que llega a "justificar" su indolencia hacia la homosexualidad, sería casi lo contrario de su contemporáneo Proust, quien en Sodoma y Gomorra se muestra realmente cruel con los homosexuales, más que por la tendencia sexual en sí, por el hecho de importunar a quienes no comparten su "vicio" y de provocar unos celos enfermizos y plenamente justificados en sus parejas heterosexuales. Walser, por contra cree que el sexo, la atracción sexual es algo tan poco importante que no podría en ningún caso ser obstáculo para una amistad o una relación de amor entre dos personas. De esta manera no solo se muestra displicente con una relación a tres, sino condescendiente con la atracción de un homosexual para con un heterosexual.

Me gustó la gran pericia descriptiva del entorno por parte de Walser y su capacidad para la evocación, con esa presencia casi permanente de la nieve (curioso que en la primera novela de Walser uno de sus personajes muera mientras camina por la nieve, como le pasaría al propio autor), el estilo tan personal en los diálogos, meros monólogos punteados tan solo por quien escucha, las interesantes reflexiones, y lo que tiene de viaje iniciático para el protagonista.

miércoles, 5 de enero de 2011

Los cuadernos de Fritz Kocher, de Robert Walser


Los cuadernos de Fritz Kocher.
Robert Walser.

1904. 160 págs.
Traducción: Violeta Pérez y Eduardo Gil Bera.
Ed.: Pre-textos.


La primera obra de Walser no deja de ser un agradable ejercicio de estilo, con la particularidad de que su estructura y su argumento son en sí mismos ejercicios de estilo. Se trata de una obra tejida en base a las redaciones escolares de un niño, que giran en torno a diferentes temas, de una similar extensión. Lo interesante es ver que detrás de estos ejercicios se ve a un autor reflexionando sobre su propia escritura, es decir, que ya la metaliteratura está presente en el primerísimo Walser. Esta obra está completada, según parece por recomendación de su hermano, que se encargó, por otro lado, de las ilustraciones de la misma, por algunos otros textos más extensos, igualmente interesantes tomados por separado, pero a mi juicio erronemante incluidos como parte de la misma obra. Son textos que no forman parte de la idea global de Los cuadernos, y que parecen más un apéndice molesto al que no se supo dar otra salida. En ellos es "otro" el narrador, un "adulto" que sigue haciendo redaciones, cosa que sería imposible puesto que el pequeño Fritz no llegará a adulto. Seguramente el hermano de Robert lo hizo con la mejor intención, viendo con pena que quizá esos textos no tendrían otra salida posible, pero como lector uno lo encuentra prescindible. De cualquier manera es interesantísimo descubrir en sus primeras prosas a un escritor fino, elegante, irónico, con su pequeña dosis de irreverencia y sumamente original.