viernes, 8 de mayo de 2009

Curiosidad mefistofélica.

Leo en el blog Trópico de la Mancha cómo Tomás lee con deleite a uno de mis autores favoritos, Thomas Mann y su Doktor Faustus. En ese mismo momento yo estoy leyendo a Goethe, Las afinidades electivas. Hoy en su blog, Tomás menciona a Goethe, esta vez a propósito de Schopenhauer y Marai. Abro mi actual lectura, el inicio de la segunda parte de Del tiempo y el río de Wolfe, y me encuentro con con un título tan revelador como El joven Fausto. Veo (ayer) una magnífica y monumental película sobre Hitler de Syberberg (Primera Parte: Desde el árbol del mundo hasta el roble de Goethe en Buchenwald) y navegando por la red me encuentro con un comentario sobre el Mephisto de Klaus Mann hijo de Thomas...

En junio de 2008, hace casi justo un año, en este mismo blog escribí una reseña sobre La Calera, de Thomas (van tres) Bernhard. Lo curioso es que en los comentarios yo formulaba una especie de anhelo acerca de una de sus obras más destacadas, su pentalogía autobiográfica: que se editara en Anagrama toda junta por unos 20€ en su colección económica. Pues bien, parece que Herralde me ha hecho caso y en junio, precisamente, saldrá tal edición con los cinco libros juntos por solo 21,70 €. Gracias.

Ahora pensaré qué obra deseo que se edite en junio de 2010, y volveré a evocar a Mefistófeles...

jueves, 7 de mayo de 2009

Las afinidades electivas, de Johann Wolfgang von Goethe.

Las afinidades electivas.
Johann Wolfgang von Goethe.

1809. 350 págs.
Trad. Manuel José González y Marisa Barrero. Ed. Cátedra.

Quizá sea cosa de estudiosos y académicos valorar una obra en función de cuándo se escribió, de lo cual yo siempre he huido, precisamente por considerarlo un lastre y no aportarme nada en lo personal, y no hay nada más personal que la lectura, y quizá por eso, dichos académicos, al hacer de la lectura algo no personal sino colectivo, se hayan siempre fijado en este hecho con demasiado afán, y con ello, hayan hecho periclitar el gusto por la lectura en muchos. Sin embargo, hay que dejar claro que este hecho en sí mismo, el de valorar con denuedo la importancia del contexto, no equivale en todo caso a menospreciar el carácter de adelantado y de precursor que puedan tener un autor o una obra. Quizá se trate, de nuevo, de la antítesis católico-protestante de la salvación por las obras o por el trabajo, de ese valor añadido a la obra que pudiéramos encontrar en la cantidad de tiempo consagrado, de las condiciones de trabajo, de las presiones para no llevarlo a cabo, del afán de superación y otras virtudes similares que, contra lo que puede pensarse, no hacen que una obra sea mejor. Tampoco un aspecto a priori negativo como el afán de lucro la haría peor.

Sin embargo, en este sentido, es difícil, en algunos casos, hacer siempre una lectura desapasionada de una obra sin tener en cuenta quién la escribe. Y en ese quién se encierran muchas cosas. Creo que es lo que siempre pasará al leer a Sade, y lo que puede suceder al leer hoy a Goethe. No en vano esta novela, escrita casualmente hace dos siglos exactos, tiene cercano el influjo de la Revolución francesa, es decir, puede ser más moderna que lo que se escribió más tarde.

Y es que Las afinidades electivas es una novela que podríase haber escrito medio siglo más tarde y que aún seguiría siendo válida mucho tiempo después. Tiene algo de esa modernidad clásica que la hace inmortal e intemporal, más moderna hoy por cuanto se persigue y se valora tanto el que una novela tenga parte de memoria personal y parte de ensayo. Esta parte ensayística, de lo más admirable a mi entender de la obra, pese a haber sido criticada en su día por ralentizar la trama, la introduce Goethe a través de los diálogos, de la propia intervención del narrador, y por medio de la inserción de un diario personal de uno de los personajes, diario aforístico en buena parte que es una de las cosas imprevisibles que el buen lector agradece, sin duda, quizá esperando un diario sensiblero y romántico insufrible.

Otro de los rasgos de modernidad de la obra es su crítica hacia el matrimonio. En este sentido dicha crítica puede interpretarse como una prolongación de la crítica a la sociedad en su conjunto -incluida una crítica a la forma de educación religiosa en un interesante pasaje. Y es que, si bien Goethe nos muestra un entorno bucólico maravilloso al que se entregan los personajes, no es menos cierto que se nos está mostrando la decadencia absoluta de una clase aburrida y parasitaria, que en su canto de cisne se entrega con devoción, no creo que con pasión siquiera, a la exaltación del mero adorno, del maquillaje moral y estético, del cual es fruto un entorno al que la pluma y la desbordante sabiduría del autor nos hacer más digerible. Pero está claro desde un principio con quien tiene afinidad el autor a la hora de mostrar a los personajes, quienes le caen menos simpáticos, en este caso el consejero matrimonial Mittler, la Baronesa y el Conde, y hasta algunos rasgos de la propia Charlotte, por no hablar de su insoportable hija Luciane, y del propio protagonista Edouard, contra Otillie, el capitán o el arquitecto, que representan las virtudes del trabajo, la superación, el desafío a la moral imperante y el feminismo, así como, sobre todo, el racionalismo.

Pero, y continuando con lo dicho acerca de la época en que es escribe e inscribe la obra, Goethe no puede ser del todo ajeno a los imperativos estéticos y morales dominantes, a los que él mismo contribuye. En este sentido se le escapa una buena dosis de romanticismo hacia el final de la novela -influjo del Sturm und Drang o precursor del movimiento romántico posterior-, así como cierto tufillo clasista, si bien ya no muestra simpatías claras hacia esos impulsos juveniles e irracionales. Y no se si es casualidad, pero igual que disfruté enormemente al leer la primera parte de su Fausto, y luché contra sus páginas en la segunda, en esta obra algunas de las buenas cosas construídas a lo largo de la obra me dejaron algo decepcionado en la última parte, que como a modo de concesión, se vuelve sentimental, alegórica y sensiblera, es decir, romántica. Lo cual no desmerece el que la considere una obra maestra.

sábado, 2 de mayo de 2009

Los complementarios, de Antonio Machado

Los complementarios.
Antonio Machado.

360 págs. 1912-1926. Ed. Cátedra.

Manuel Alvar, editor de esta obra, se encarga en el prólogo de hacernos ver la difícil empresa a la que se encomendó al ordenar los cuadernos póstumos de Machado. No me cabe duda, pero quizá hubiera sido todo un detalle hacer una edición para un lector, digámoslo así, de mediana cultura. Digo esto porque hay unas cuantas páginas, muchas, en las que Machado escribe en francés, y otras, también muchas, donde recapitula poemas en portugués, francés, inglés e italiano, sin ofrecer traducción alguna, lo que resulta además paradójico teniendo en cuenta que hay poemas de Nietzsche o de Blok, traducidos del alemán y el ruso al francés. En el caso del alemán aparecen los versos originales a pié de página, deferencia del mencionado editor. Por eso cuando me refiero al lector de cultura media me quedo corto, porque quizá un hasta un lector culto pueda no dominar cuatro lenguas. También hay que decir que un lector culto, como no es mi caso, puede sentir aún más que yo la desazón de no poder leer algunas páginas del libro. Quizá, con cierta arrogancia, el editor tuvo muy en cuenta la advertencia de Machado de que "todo lo que contiene este cuaderno son apuntes que nadie tiene derecho a publicar", y que ante la traición no le quedó otra para salir airoso que no tocar nada.

En cuanto a su contenido misceláneo, me quedo con algunos ensayos filosóficos sobre Nietzsche, Unamuno, Kant, Leibniz, Schopenhauer (el de Bergson no pude alcanzar a asimilarlo del todo, carencias mías), y, sobre todo, de literatura, Mallarmé, la poesía pura y Valery, Proust, la novela rusa, así como sus breves comentarios sobre España y su política. Las antologías poéticas me gustaron pero no dejan de ser lo que son. Interesante el apartado referente a los cancioneros apócrifos, con sus heterónimos, y con la vuelta de tuerca de introducir con cierta ironía a un tal Antonio Machado y aclarar que no debe confundirse con el célebre poeta autor de Soledades, lo cual es un doble juego que implicaría que el recopilador tampoco es Antonio Machado, ni su heterónimo (en este caso homónimo), porque si no, no se trataría en tercera persona, con lo que hasta el recopilador del cancionero apócrifo sería también un recopilador apócrifo.

En cuanto a lo que se refiere a España se dirige en términos absolutamente implacables:
"Sólo España, el país más estúpido del planeta, puede cerrar los ojos y dejarse llevar al derrumbadero por gente tan menguada"
fechado en Madrid, 5 de agosto de 1924, tras conocer la intención del Rey de restablecer el poder constitucional y tras el ninguneo de Unamuno, el "único hombre de España".

Otras interesantes referencias a España:
"Germanófilos y francófilos -frascuelistas y lagartijistas". (1914)
"¿Cuántas vueltas darán los pobres reformistas, antes de caer en el saco de la basura?" (1922)
"La actual reacción (...) es perfectamente explicable si se tiene en cuenta que toda la Europa occidental está hoy en actitud defensiva contra la revolución rusa.
(...)Nuestra bárbara política de Barcelona llamará sobre nosotros la atención del mundo. (...) El mundo obrero decretará el bloqueo de España. Todo lo sacrificaremos al triunfo de Loyola. (...) Nuestros hombres de la izquierda no parecen inquietos. (...) Nuestra regeneración puede operarse por presión externa. Seremos remolcados hacia el porvenir". (...) "España cae en cuatro patas. ¿Se levantará? Probablemente encontrará cómoda la postura y permanecerá en ella largo tiempo" (1923)
"El picarismo solemne: Maura, Lerroux. (1924)
"Unamuno es persona, y tan egregia, que por ella se salva España del desprecio de Europa" (1924)
En lo que respecta a la cultura, los eternos debates:
"¿A qué debe tender el estado futuro -dice Baroja con más fervor? ¿A la producción de la alta cultura o a la difusión de la cultura media? Acaso el deber del estado sea, en primer término velar por la cultura de las masas y esto, también en beneficio de la cultura superior. No puede atenderse con preferencia a la formación de una casta de sabios, sin que la alta cultura degenere y palidezca como una planta que se seca por la raíz. Pero los partidarios de un aristocratismo cultural piensan que mientras menos sea el número de los aspirantes a una cultura superior, más seguros estarán ellos de poseerla como un privilegio. (...) tiene razón Baroja cuando afirmó, que el sabio y el artista, aunque parezcan revolucionarios, son por su instinto conservadores. Pero el Estado debe sentirse revolucionario, atendiendo a la educación del pueblo, de donde salen los sabios y los artistas".(1924)
O alguna sentencia taxativa respecto a la poesía:
"El más absurdo fetichismo en que puede incurrir un poeta, es el culto de las metáforas".
Interesante libro, que me revela, una vez más, lo buen ensayista que era Machado, y lo que me sigue gustando, a pesar de los pesares, su poesía.

viernes, 24 de abril de 2009

El Estado y la revolución, de Vladímir Ilich Uliánov, Lenin

El Estado y la revolución.
V. I. Lenin.
Alianza Editorial.
1917. 181 págs.

La prueba palpable de que el proyecto comunista de la Unión Soviética fracasó no consiste en enumerar una por una y desde una perspectiva burguesa, pequeño-burguesa, liberal o de otro signo contrario todos los males que trajo consigo. En el fondo eso sería discutible y debatible por cualquiera. El hecho de que constituya un fracaso es, ni más ni menos, la constatación de que el proyecto de Lenin para el futuro de su nación no se llevó a cabo y que, bien al contrario, se fue acercando, cada vez más, hacia todas aquellas lacras que él mismo apuntaba como tales y de las que debía huirse para no caer en errores, errores que él imputaba al proyecto de los partidos comunistas occidentales y al de ciertos sectores de la izquierda rusa.

Ésto me lleva a una reflexión que ya hice en referencia a una de mis recientes lecturas, Madrid de corte a checa, donde decía más o menos que una obra elogiosa podría ser, de hecho, el mejor argumento contra sí misma, más allá incluso que una obra crítica, por el simple hecho de que ésta pudiera parecer sesgada. Así, por ejemplo, el hecho indiscutible de que Solzhenitsyn defienda el zarismo y se confiese como un profundo antidemócrata nos hace recelar más sobre cuanto escribe sobre el Gulag, no obviamente contra la obra en sí, sino hacia su autor, aún no tratándose de una obra de tesis. Otro tanto ocurre con Ostrovski cuando manifiesta su odio cerval hacia los trostkistas desde la alabanza al régimen stalinista. El que la alternativa sea aún peor que lo que critica nos hace plantearnos serias dudas sobre cuanto se expone.

En el caso de Lenin, ya no solo se trataría de criticar lo que el partido bolchevique lleva a cabo, que puede estar muy bien y ser defendible, sino, sobre todo, constatar que todo cuando quería plasmar en cuanto a la organización del Estado y la consecución del comunismo futuro fracasó.

El texto se hace largo, por cuanto las ideas, pocas pero fundamentales, se repiten de un modo demasiado reiterativo. De hecho las ideas de Lenin quedan ensombrecidas en tanto que, fundamentalmente, se plantean mediante citas de textos de Marx y Engels. En este punto hay que decir que, en honor a la verdad, lo aplicable a Lenin en cuanto a su fracaso de traducir sus ideas sobre el Estado y la revolución en hechos, en buena medida no serían aplicables a Marx o a Engels en tanto que ellos no llevaron a cabo ninguna revolución, y tan sólo asistieron a un hecho histórico fundamental por otra parte como fue la Comuna de París, que sí les sirve para demostrar como válidas algunas de sus doctrinas. El fracaso de ésta y su brevedad hacen que el análisis pueda resultar un tanto precario, pero no por ello menos importante.

Y es aquí, sin embargo, donde se puede hacer una crítica más real hacia las posturas de Lenin, porque él sí intentó llevarlas a cabo. Ese intento puede estar lleno de esperanzas y de logros fundamentales para el socialismo a nivel no solo soviético sino mundial, pero eso sería otro punto a analizar. Lo cierto es que este texto está redactado en los albores de la revolución y que por ello, todo cuanto se dice es plenamente criticable a la luz de los hechos que siguieron hasta el fin del comunismo y aún después.

La idea fundamental, como digo extraída de Marx y, sobre todo, de Engels, es que el Estado como tal, básicamente, se crea para ejercer la represión de una clase mayoritaria por otra minoritaria. A partir de aquí, la clase dominante se hace con los medios de represión conocidos para perpetuar su poder, concediendo en muchos casos limosnas a esa mayoritaria clase obrera para mantenerla contenta. El comunismo se llevará a cabo mediante una revolución que haría que, por medio de un Estado transitorio en el que la mayoría proletaria y campesina ejercerían una dictadura con el fin de eliminar la sociedad de clases llegando a un estado de cosas, en el cual dicho Estado transitorio, por su propia naturaleza tendiese a desaparecer, extinguiéndose por sí solo. Para ello los órganos y los instrumentos que tiene el Estado burgués deberán desaparecer y ser reemplazados por otros, puesto que si no se reproducirán los fracasos de otras revoluciones que lo único que han conseguido es cambiar la clase que ejerce el poder y mantener una mayoría explotada y sometida. Para ello propone una revolución que elimine todos los órganos de represión, por ejemplo la policía o el ejercito permanente, y crear un ejercito popular o proletario donde todos y cada uno de los obreros y por rotación lleven a cabo las labores de control y burocracia que, como ya dije, se irán extinguiendo, hasta que así mismo se extinga el propio Estado del que forman parte.

A partir de aquí Lenin critica de manera virulenta y reiterada a todos cuantos desde una óptica izquierdista, confunden las enseñanzas de Marx y Engels y quieren hacer ver al pueblo que la revolución consiste simplemente en la toma del poder y con ello, en el ejercicio de los poderes creados por el Estado burgués para llevar a cabo las reformas oportunas, o bien quienes pretenden acceder al poder democrático dentro de un Estado burgués, o quienes pretenden con gran ingenuidad llevar a cabo una revolución para eliminar directamente el Estado. Es decir, critica -y acusa de traicionar con ello a la clase obrera- a socialdemócratas y anarquistas al mismo tiempo.

El hecho de que Stalin ejerciera el Terror no significa en absoluto, y quien así lo entienda es un perfecto ignorante, que éste fuera más radical o más de izquierdas. Por contra sus ideas eran más reaccionarias y conservadoras (socialismo en un solo país) y mucho menos ortodoxas desde un punto de vista marxista. Stalin, y en gran parte Lenin (el Lenin presidente), ejercieron la socialdemocracia (tomando por tal a los que así llamaba en aquella época, es decir, a los comunistas alemanes y rusos que así se denominaban y que seguían a Bernstein primero o a Krautsky después) con los métodos represivos del fascismo.

Lenin se harta de criticar a los que defienden la intervención de los partidos políticos en el circo de la democracia, a los que defienden la dictadura del proletariado como fin último de la revolución, abomina del mal de la burocratización de los Estados, critica abiertamente el arribismo político, defiende a ultranza la desaparición del ejercito y la policía como elementos de represión, y aboga porque se busque encarecidamente el estado superior del socialismo: el comunismo.

Otra de las críticas que hace, y ésta es bien interesante, va dirigida a los que consideran el marxismo y las doctrinas de Engels como defensoras del federalismo o de la autonomía de los pueblos. A ello dedica un capítulo ciñéndose a lo que Engels concluía sobre la Comuna de País y lo que para él era el centralismo. Para Lenin el socialismo debe ser siempre centralista en el sentido engelsiano, a saber, la asociación libre de las comunidades para constituir una nación fuerte. En el fondo se trata, para Engels, de una unidad de comunidades independientes organizadas en un todo.
Este punto sigue siendo controvertido en la medida en que Engels analiza de manera práctica algunos ejemplos que para él conllevan interpretaciones diferentes, los casos de los Estados de los EUA, los cantones de Suiza o las regiones de Alemania. Por eso es un debate abierto en la medida en que siempre habrá quien pueda aplicar un ejemplo u otro a cada región en conflicto con un Estado centralizado. En este sentido creo que Lenin es absolutamente fiel en la práctica a lo que escribió antes.


Por tanto, El Estado y la revolución es un texto capital que adquiere una mayor relevancia veinte años después del fracaso del comunismo, fracaso teórico imposible de rebatir habida cuenta de que, según Lenin, y siempre siguiendo a Marx, ésta desaparición del Régimen de los Soviets sería prueba palmaria de su fracaso por cuanto no se pudo llegar a la situación en la que una vuelta atrás fuera inviable. Es decir, que es imposible albergar la más mínima duda de que el marxismo, tal y como lo entiende Lenin con rigurosa ortodoxia, únicamente puede por fuerza llevar a un estado de cosas en que se encamine de manera natural e inconsciente ya, hacia el comunismo. Si en menos de veinte años Rusia es un país capitalista y con enormes conflictos de clases, se debe exclusivamente al fracaso de la revolución.

Aún así, y siendo no sólo interesante sino necesaria una lectura de Lenin después de veinte años de caída del Régimen que él creó, también se debe hacer otra en la que se contextualice debidamente cuándo y dónde fueron escritas sus tesis. Hace casi un siglo, en una Rusia pobre y atrasada inmersa en la Gran Guerra y con una clase proletaria explotada por un Régimen agonizante. Eso hará entender también la pasión y la intransigencia de algunas de sus palabras. Queda, sin embargo, algo pobre a mi entender, el análisis de lo que Lenin entendía cómo se debe organizar el Estado transitorio, y completamente impreciso todo cuanto se refiere a la organización del sistema comunista devenido de la extinción del Estado, quedando todo ello en una mera -y algo decepcionante- abstracción.

lunes, 20 de abril de 2009

La calle de Valverde, de Max Aub.

La calle de Valverde.
Max Aub.

Cátedra. 1961. 543 págs.


La calle de Valverde es una crónica novelada de la España primorriverista, donde la maestría absoluta de la técnica y el lenguaje de Aub la hacen ser una novela extraordinariamente rica. Aub se distancia de los personajes mediante la caricatura y la ironía, en ocasiones, o como narrador omnisciente, otras, transmitiendo con ello un retrato fiel y creíble de aquellos tiempos, sin mostrar nostalgia en absoluto al hacerlo.

Es un admirable ejercicio literario para comprender y ver lo que era el mundillo literario madrileño, donde el autor mezcla con gran maestría personajes reales, trasuntos de estos y creaciones propias. No en vano los lugares donde desarrolla la trama no pueden ser más emblemáticos: la tertulia literaria (Valle-Inclán, Pérez de Ayala, Ortega, Lorca, Alberti, Bergamín), la política -y la conspiración- (Araquistáin, Añaza, Negrin, Álvarez del Vayo), la casa de huéspedes, el mundo de los opositores (que vincula a los tres anteriores).

Aub recurre a la fragmentación, a la elipsis, a la superposición de tramas y de cuadros sin solución de continuidad, tanto espacial como temporal, para dar dinamismo al relato, en una suerte de estructura mosaica, que como suele ocurrir(me) en estos casos, si bien en alguna ocasión produce cierta confusión en cuanto a lo que le ocurre a cada personaje (cinco historias, paralelas o no), al final las piezas van encajando y uno termina la obra como quien termina de realizar un trabajo bien hecho. Eso es impagable, porque reconforta sobre manera al lector.


Otra huella de Aub es la mezcolanza de estilos, unas veces recurriendo a la estética valleinclanesca, otras a cierto costumbrismo irónico, algunas veces incluso mezclando el conceptismo más barroco con el giro arnichesco en el lenguaje, la pura narración decimonónica con el lenguaje casi cinematográfico o, justo lo contrario, teatral. En todo momento, sin embargo se nota el control total que tiene Aub de su obra. Ese aparente caos estructural y de estilos no es sino el reflejo de la narración, de los avatares de sus personajes y de la ebullición del ambiente. Al final en el lector queda más esto último, olvidando un poco las pequeñas tramas de los personajes, o tomando éstos como si de una galería de tipos se tratara.

Si esta novela se hubiera escrito en 2009 las mujeres hubieran tenido más relevancia y peso en la trama, pero como fue escrita hace casi medio siglo por alguien que vivió la época en primera persona (no en vano hasta aparece Max Aub como personaje, desde luego de una manera mucho más modesta a la estelar aparición del Conde de Foxá en mi anterior lectura, componiendo el solemne
Cara al sol), retrata a los personajes femeninos como lo que, por desgracia, eran en aquel entonces (1926): objetos pasivos.

Una de las cosas que llaman la atención de la obra y que dice mucho de Aub es que no haya descripciones y que, sin embargo, el lector tenga la sensación de que se le ha descrito toda una época de manera rigurosa y precisa. Todo ello, como digo, gracias al lenguaje expresivo y riquísimo en los diálogos, donde cada personaje, y son muchísimos, habla de manera diferente y singular. (¿Quién era aquel autor del 98 que hacía hablar igual a todos sus personajes?)


También aprovecha para criticar las posturas políticas de la época, no siendo en este sentido nada sectario. Se muestra crítico con Sbert, líder estudiantil entonces, de la FUE (posterior dirigente de ERC). También es muy crítico con los anarquistas, entre los que más o menos sitúa al célebre militar conspirador contra Primo de Rivera, Fermín Galán, así como a otros personajes algo oscuros. Pero donde reparte más es entre algunos dirigentes del PSOE, entonces colaboracionistas con la dictadura, al aceptar su participación en el Congreso. Nos muestra las discrepancias entre las facciones de Besteiro y Largo Caballero, que pretender colaborar, y la de Indalecio Prieto, que es contrario. Posteriormente, y ante la creación de la Asamblea Nacional, Besteiro se queda solo y Aub, que muestra simpatías hacia él, le critica hondamente.

Por tanto no muestra Aub una actitud sectaria o partidista, en realidad se muestra crítico con todos.


A parte de las escenas ambientadas en los cafés y las tertulias, donde los personajes hablan de literatura y de política, hay dos recursos más de Aub para hablarnos de estos temas inmortales. Uno es la maravillosa escena en el Villa Rosa en la que el mítico cantaor Antonio Chacón nos habla desde una perspectiva no intelectual de lo que son los españoles y España.
El otro es el de las cartas que escribe un periodista extranjero y donde se plantean muchos de los problemas de los españoles, sin tener problema tampoco para mostrar los tópicos que sobre nosotros había, pero mostrando con ellos la perspectiva de un extranjero que ve las cosas desde fuera, como quizá él mismo, que fue siempre un extranjero en todas partes.

Hay que decir que muchos de los personajes de la novela aparecerán más tarde en sus novelas de los Campos.

viernes, 10 de abril de 2009

Madrid de corte a checa, de Agustín de Foxá.

Madrid de corte a checa.
Agustín de Foxá.
1937. 351
págs.
Prólogo de Jaime
Siles. Biblioteca El Mundo.


Dice
Orwell en Homenaje a Cataluña que "Franco (..) no era sólo un títere de Italia y Alemania, sino que estaba ligado a los grandes terratenientes feudales y representaba una rancia reacción clérigo-militar. El Frente Popular podría ser una estafa, pero Franco era un anacronismo. Sólo los millonarios o los románticos podían desear que triunfara".

Y no se necesitan leer u oír las historias de lo que opinaban las derechas en los treinta en España, o lo que vino después o lo que estaba ya y se trataba de aniquilar, no se necesitan leer novelas de escritores comprometidos con las diversas causas de las izquierdas, sean estas revolucionarias o en clave de democracia burguesa. Simplemente leer la cumbre de la novelística
guerracivilista del bando fascista, la novela que nos ocupa, para darse cuenta de ello.

Madrid de corte a checa es, efectivamente una extraordinaria novela para comprender el punto de vista del fascismo español. A ello contribuye, además, la enorme capacidad que como escritor tiene Agustín de Foxá.

En mi memoria tengo dos opiniones, si bien de manera vaga, sobre la obra: la una de Francisco Umbral, quien en su
Trilogía de Madrid apunta que "el conde de Foxá, diplomático y cornudo, aguantaba bien el vuelo de un artículo, y los hacía muy lujosos, pero se embarullaba en la novela. Su Madrid de corte a checa es un Ruedo ibérico de derechas, que decae en seguida (estaba proyectado como trilogía). A Foxá, para escribir El ruedo ibérico, seguramente le sobraba un brazo. Quizá el derecho". Y también: "Foxá, ya digo, cuando lo intenta, hace un Ruedo ibérico incompleto, manco (y no precisamente de la hermosa manquedad valleinclanesca) y plagiario. ¿Por qué, si eran buenos escritores, y algunos muy cultos, no han dejado nada? Yo a esto lo llamaría señoritismo". Sí, quizá. La otra referencia en mi memoria es la de Andrés Trapiello en una entrevista en Negro sobre Blanco de Sánchez Dragó. En ella hacía referencia a que la novela no era tan buena, y que tan sólo se salvaría la primera parte. Hay quienes dicen que salvarían las dos primeras partes.

Y la verdad, a mi me parece que
Foxá tiene, en esa primera parte sobre todo, un estilo preciso y rico en las descripciones y que su fraseo es de gran calidad. Me gusta el diálogo escueto, a veces de una sola frase, con la que describe todo un pasaje. La segunda y tercera parte me gustaron menos en este sentido, y no hablo para nada del contenido ideológico ni de la trama.

Me gustó la primera parte toda, y algunas cosas del resto. Sin embargo en otras es difícil contener el asco por lo que se está leyendo. No ya que Foxá fuera fascista, sino la manera infantil por no decir cretina de defender sus posturas. Vuelvo a
Orwell: el fascismo español, a diferencia del Alemán o del Italiano no quería destruir un régimen para construir uno nuevo, quería limpiar lo nuevo para dejar lo viejo, quería regresar al pasado glorioso, no del Imperio, sino de las clases. La obra es un canto al clasismo. Si alguien pretende convencer a otro de que el falangismo joseantoniano tenía mucho de revolucionario, de obrero y de sindicalista, esta novela de unos de sus fundadores y representantes demuestra lo contrario, que lo que se defiende es el casticismo, lo clerical, la servidumbre, la aristocracia y la jerarquía militar, aunque se apunte que para ello se recurra a la "dialéctica de las pistolas".

Un cuadro:
"Pasaban masas ya revueltas; mujerzuelas feas, jorobadas, con lazos rojos en las greñas, niños anémicos y sucios, gitanos, cojos, negros de los cabarets, rizosos estudiantes mal alimentados, obreros de mirada estúpida, poceros, maestritos amargados y biliosos.
Toda la hez de los fracasos, los torpes, los enfermos, los feos, el mundo inferior y terrible, removido por aquellas banderas siniestras."

Esto lo escribió
Foxá con las tripas en 1937. Después llegarían casi cuarenta años de inteligencia, cultura y decencia, de gente guapa y bien alimentada. Y después de otros treinta años más a uno se le hace difícil leer algunas cosas contextualizándolas y no haciendo una lectura histórica de los hechos. Pero la verdad sea dicha, la historia de amor que cuenta Foxá en la obra, a diferencia del prologuista Jaime Siles, a mi fue lo que menos me interesaba y me interesó de toda la obra. Y por eso la juzgo como una obra sobre la guerra civil, una obra de literatura fascista muy bien escrita en su primera parte y que pierde pulso en las dos siguientes, y que al hacerlo, hace que el contenido pase a un primer plano en mi lectura y me sean más antipáticos, la obra, el protagonista y su autor.

sábado, 14 de junio de 2008

Días de gracia y arena, de Norman Mailer

Días de gracia y arena
(Caníbales y cristianos, segunda parte)
Norman Mailer.

Ed. Península. 1966. 207 págs.
Trad. Carles Reig.

Hace tiempo intenté leer este libro y lo dejé por la mitad. De esto hará 15 años. Ahora, como no tenía nada que hacer hasta empezar con un librazo como 2666, me dije a mí mismo que por qué no. Aunque Mailer un día me empezó a caer mal, por más que salga en una divertida escena de un capítulo de las Gilmore o en una peli de Godard que me gusta mucho (y debo ser de los pocos...), interpretándose, en ambos casos, a sí mismo de manera correcta y no provocándome rechazo, en realidad no me gusta la pose de Mailer, el personaje Mailer. Otra cosa es su prosa.

Este libro, Días de gracia y arena, es la segunda parte de Caníbales y cristianos. Originalmente el libro es uno, formado por ambos volúmenes pero en España tuvieron a mal dividir en dos con el agravante de titular al primero de ellos con el título global, para mayor confusión. En realidad no creo que haga falta leer ambos, yo no encontré nunca en ningún sitio el primero por separado que editara Península, así que decidí leer este de una vez.

Es una obra miscelánea, con entrevistas, ensayos, poemas y algún cuento.

Así, yendo por partes:

PRIMERA PARTE.

1a. Encuentro con Algren. Algren dice que Styron era el mejor novelista americano. Mailer se sorprende. Es antes de publicar (Styron) La decisión de Sophie. Contada (la entrevista) como un combate de boxeo (tópicos y más tópicos).

1b. Poemas: no me gustan. Pretenden ser divertidos y al tiempo dejar claro que Mailer está por encima de la poesía, o que hace lo que quiere con ella, o que en la mezcla de estilos y formas está el divertimento del autor y por tanto del lector. Lo primero quizá, lo segundo, no.

2a. Entrevista Playboy. Sobre sexo. Interesante. Homófobo y misógino. Está bien criticar la ceguera de los que ven misoginia y homofobia por doquier, pero no es menos cierto que cuando alguien lo es, se puede decir, ni siquiera es que se deba, pero yo lo hago porque me da la gana: Mailer era homófobo, e hizo de su homofobia tema para ser polémico, pero a casi 40 años vista queda como un patético paleto. En algunos casos también está brillante.
Extractos:
PB: (...) G. Legman dice: "Asesinar en un crimen. Describir un asesinato no lo es. El sexo no es crimen. Describirlo sí lo es. ¿Por qué?"
M: (...) leer sobre asesinatos muy a menudo quita el deseo, mientras que leer sobre sexo muy a menudo incrementa el deseo (...)

PB: Ha declarado J. Edgar Hoover: "Conocemos que en un número abrumadoramente grande de casos, el delito sexual está asociado con la pornografía (...)".
M: (...) Ves a chicas enormemente atractivas vendiendo cigarrillos, lo que es una perversión del sexo, porque una chica enormemente atractiva debería ser presentada por lo que es y no como dependienta de una cajita que contiene algo de papel, tabaco y colafana. (...)
El estar medio excitado y medio frustrado es lo que lleva a la violencia (...).
No es por accidente que la mayoría de personas frígidas sean también sádicas.

Sobre la mujerización de Norteamérica:
Creo que la mujerización de Norteamérica tiene lugar no sólo porque las mujeres se estén volviendo más egoístas, más ávidas, menos románticas, menos cálidas, más vigorosas y más repletas de odio..., sino porque también los hombres han colaborado con ellas. Ha tenido lugar un cambio en las cabezas de la mayoría de los hombres por lo que respecta a la función del matrimonio..., no se trata necesariamente de que se estén volviendo más débiles en relación a sus esposas, ocurre más bien que se han casado con mujeres que van a ser para ellos menos buenas en el hogar, pero mejores en el mundo para ellos. El tipo de mujer que no lava ni un plato es generalemente la beldad que va a pasarse de diez a doce horas en la cama y que va a precisar de dos horas para arreglarse; es la que necesita una tata para los críos, pero la que va a ser un éxito extraordinario en una fiesta y la que va a ayudar al marido en su carrera, porque cuando ambos van a la fiesta, todos envidian al afortunado, desean a ella codiciosamente, etc.

Sobre la caballerosidad:
La caballerosidad consiste en abrirle una puerta a una mujer; (...) Cuando consiguen un hombre con profundidad, entonces se sienten miserables por la incapacidad que tiene por preocuparse de los pequeños detalles.

Hombres encargados de la economía:
el tipo de mujer que puede servir como cortesana y/o como ayuda de campo no lava platos.

Sobre natalidad:
Tal vez sea que una mujer obtiene su más profundo conocimiento propio y del mundo con el modo en que concibe. (...) La razón de que pueda o no querer hacer uso de un anticonceptivo está quizás en que en alguna parte dentro de ella siente -de una manera confusa, sin duda- que, usando un anticonceptivo, hay en este acto algo hostil a la continuación de ella, su especie y su familia.

Sobre homosexualidad:
Cuando un hombre no puede encontrar ninguna dignidad en su trabajo, entonces pierde virilidad. La masculinidad no es algo que se te ofrece, algo con lo que naces, sino que es algo que has de ganarte.

Mailer se la ganó a lo largo de su vida y fue un hombre superviril, quizá porque el estaba contento con su curro, en cambio, como todo el mundo sabe Chueca está llenica de obreretes y en las colas de las ETT's siempre hay un charquito de aceite.

2b. Entrevista Paris Review. Sobre literatura. Tópico y simplón. Aburre. Dice que su mayor influencia es Forster, cosa que yo no veo por ningún lado. Pero así es Mailer. También hay comentarios muy interesantes, como el último que cito y con el que estoy de acuerdo.
Extractos:
En efecto, creo que esta adoración por el oficio, este específico respeto por él, hace de la literatura una iglesia para este vasto número de escritores que se encuentran en alguna parte del espectro dibujado entre la mediocridad y el talento.

El método va unido a la visión. No, el oficio se adquiere mejor de escritores buenos y de mediocres con gancho.

PR: Faulkner dijo en cierta ocasión que nada puede lesionar la manera de escribir de una persona, si ésta es un escritor de primer orden.
M: Faulkner dijo más asnadas que ningún otro escritor norteamericano de primera fila. No puedo acordarme ni de un solo comentario interesante que hiciera Faulkner en toda su vida. (...)
PR: Bien, entonces, ¿qué es lo que puede arruinar a un escritor de primer orden?
M: La bebida, la droga, demasiado sexo, demasiado fracaso en la propia vida privada, demasiado desgaste, demasiado reconocimiento, demasiado poco reconocimiento, frustración... Casi todo en el esquema de las cosas actúa para apagar a un talento de primer orden. Pero lo peor probablemente sea la cobardía..., a medida que uno envejece, uno toma consciencia de la propia cobardía, el deseo de ser valiente, que antes había sido un deleite, se hace pesado y torpe con la cautela y el deber.


3a. Cuento 1. Después de hablar de escritura y de método, se pone a hacer ficción. Esto es como: y a continuación una muestra de lo que hago yo. Valiente. El cuento no vale gran cosa. Un tipo sale de la cárcel en libertad condicional y se pone palotísimo con una tía que se sienta a su lado en el bus. Aprovecha para añadir a su misoginia y a su homofobia su gordofobia. Él, Mailer, esa sílfide.

3b. Cuento 2. No es un cuento sino dos cartas reales. En ellas Mailer critica al director de The NY Review of Books por pedirle críticas de libros cuando se rechazan las críticas favorables hacia los suyos o directamente se asigna como crítico a alguien que odia su obra. Me confunde el por qué de llamar "cuento" a esta "narración". Si no fuera porque es Mailer podría pensar que está jugando con una carta apócrifa, pero siendo él y sus cojones, no me queda duda de su autenticidad. Ambas cartas van dirigidas al director de la revista y a otras once personas más, dato que se incluye en el libro y que me parece casi pretencioso. Es como un alarde de brabuconería, aunque, todo sea dicho, no le falte razón al hacerlo. Razones morales, pero ¿razones literarias?. Dice cosas como:

No, de la manera más injusta, tú vas a verte inserto en la historia literaria como el director que no imprimiera una carta entretenida que trataba de él mismo y de este modo daba a la carta una publicidad veinte veces mayor de la natural.

Es decir, que Mailer no cae en la presuntuosidad de pensar que un editor podría llegar (injustamente, claro) a verse inserto en la historia literaria (solo le faltaron las mayúsculas) por publicar una carta en la que él era protagonista, no, con eso Mailer sólo sería presuntuoso, no, lo peor es que el tal director se haga famoso precisamente por NO publicarla. Manda huevos el uncle Norman.

3c. Poemas. Jocosos. Como para desengrasar.

4a. Sobre arquitectura. Vaticina unos USA en 2016 con 400 millones. Básicamente una ciudad a lo Blade Runner:
Lo que le permite a uno pensar en estructuras más complejas, en pirámides de acero que se levantan hasta convertirse en torres. Calcule una torre de media milla de alta y obligada a aguantar una vasta carga. Piense en seis o en ocho de estas torres y en los puentes construidos entre ellas, incluso lo mismo que parras enormes que junten las ramas de un elevado árbol a otro; piense en grupos de apartamentos edificados encima de esos puentes (así como las tiendas de Ponte Vecchio de Florencia) y en apartamentos suspendidos bajo cada puente, y en puentes menores que vayan de un complejo de apartamentos a otros, y en apartamentos suspendidos de cables, apartamentos que guarden una armoniosa tensión entre uno y otro mediante cables entre ellos.
Uno puede empezar a concebir una ciudad, o una parte separada de ella, que es tan alta como ancha (...)

En fin, que si Mailer vive 10 años más y revisita sus escritos de medio siglo antes seguramente hubiera dicho algo así como que tras los atentados del World Trade Center América abandonó esa idea de crecer una milla a lo alto y de esas ciudades más altas que anchas por si acaso... Eso o cualquier otra sandez.

[Inciso: No me gusta la traducción de Carles Reig. Demasiado literal].

SEGUNDA PARTE

1a. Comienza con una parodia del teatro del absurdo que no llega a estar mal del todo. Quizá por lo breve. Después dice, siguiendo con el tema, cosas como ésta:
(...) de ahí que las artes de la mitad del siglo sean las del absurdo y se las vean como categorías y jerarquías de discontinuidad y con el estilo de las rupturas.


1b. Una entrevista apócrifa. Aburrida. Va sobre la Gestalt y tal... Nada que no se haya contado mil veces.
E: Pero no me gusta su agresividad. ¿Por qué no puede dejar que la obra hable por sí misma? ¿Por qué todos estos...?
M: ¿Reclamos publicitarios?
E: Eso es. ¿Por qué tiene que atraerse la atención?
M: Ahora ya estoy harto de eso.

Venga ya, uncle Norman, no me vengas con eso de que ya estas harto porque no te hartaste jamás en tu vida. Prueba de que no te hartaste es que te haces a ti mismo esa pregunta, ¿no?. ¿O es que quizá querías representarnos a todos con ese falso Entrevistador?
M: Por el momento mi ambición es la seducir a todos los lectores que detestan lo que ellos creen que son mis ideas. Son éstos los lectores que quisiera conservar.
E: Me pregunto por qué.
M: Porque es obviamente más excitante capturar a un lector hostil que hacer gracia a uno amistoso.

Eso está muy bien y le honra. Pero conmigo creo que no funcionó, sobre todo porque sus ideas no me interesan, como no me interesan las de Céline, ni las de Benet, ni las de Riefenstahl, Vertov o Griffith. O quizá sí, pero no en la medida que puedan o quieran convencerme de algo, sino de como lo intenten hacer (caso de que sea así).

2a. Otra entrevista apócrifa, continuación de la anterior, muy larga y aburrida, filosofando sobre el comer y el cagar. Algunas ideas interesantes, pero se hace demasiado larga...
Dice:
(...) una obra con dos personajes, un entrevistador y yo mismo, no conozco nada que se le parezca mucho, si exceptuamos quizás el Corydon de Gide, y aún aquí las diferencias son obvias.

Un poco arrogante, ¿no?. Hasta dan ganas al leerlo de que no tenga razón, de que haya cien obras antes que la suya que utilizaran la entrevista apócrifa. (¿Recordáis alguna?).
También plantea alguna idea interesante, como cuando dice:
Ciertos artistas, los que ven asociaciones y conexiones por todas partes, tienden a vivir en un medio psíquico que es más pesado y denso que el de la persona normal. A ellos les es más difícil moverse porque en hacerlo existe para ellos más mentalidad consciente. Joyce es el primer ejemplo. Y terminó ciego.

Pero al desarrollarla se le va un poco la pinza:
Uno se vuelve ciego no por ver demasiado poco, sino por las sobrecargadas posibilidades de ver demasiado.

También dice unas cuantas chorradas (aunque para él las chorradas las decía Faulkner) a propósito de las almas...
E: ¿El alimento fresco posee un alma?
M: Generalmente, sí.
E: Pero la comida enlatada. ¿Qué hay de ella?
M: Que posee menos alma.
E: Está muerta.
M: No del todo. Digamos por ahora que se encuentra en una especie de limbo. Lo que caracteriza al alimento, especularía yo, es que el alma trata de quedarse pegada a él tanto tiempo como le sea posible.
[...]
Si yo creyera que un ternero tiene una única posibilidad de vivir, no más, en buena conciencia no podría comerlo. Podría de todos modos, pero la lógica diría que yo tendría que ser vegetariano.
E: En tanto que ahora, el alma del ternero pasa adentro de usted se convierte en parte de su ser.
[...]
M: Lo que congela al homosexual en su homosexualidad no es tanto el miedo a las mujeres como el miedo al mundo masculino con el que tiene que guerrear si desea conservar a la mujer.

En fin, cosas así... Idioteces ingeniosas por aquí, soplapolleces reaccionarias por allá, intelectualismo filosófico de la época clásica (griegos mal digeridos, etc.), sopor...

2b. Más poemas y pelos cortos (así los llama). Unos poemas sobre alimentos y sobre la poesía misma.

3. Más de 50 páginas , es decir, la cuarta parte de la obra, para una nueva entrevista apócrifa acerca de la forma, el alma y el espíritu, donde tanto el entrevistador como Mailer se decidan a ir cada vez un poco más allá en sus teorías... Lo cierto es que no pasa de ser una tautología a veces entretenida y a veces muy coñazo. Y es que, con unos pocos párrafos podría haber resumido estas 50 páginas llenas de clichés del dualismo filosófico.
M: Forma siempre significa el contorno de algo.

Pero supongo que por lo mismo Mailer no hace un ensayo al uso, sino que lo hace en forma de entrevista apócrifa, que es otra forma de llamar al diálogo, más moderna.
M: (...) Cuando un alma es una parte esencial de un ser, nace con el cuerpo y crece con él, tal vez hasta se encuentra presente en la concepción de este cuerpo. Pero aquí hablo más bien del alma que se encuentra proscrita después de la muerte del cuerpo. La nueva forma de la que se apropia le sirve como de cáscara..., casi hasta podemos enfocar aquí al cangrejo ermitaño y la concha vacía del caracol. (...) Para protegerse, escoje una morada.
[...]
Forma es la crónica de cada intento que el alma hace por expresarse con respecto a otra alma o espítitu, su deseo por revelar el contorno..., que es como decir el misterio del tiempo que en sí misma contiene.


4. Dos breves comentarios sobre dos cuentos de Buber, en los que Mailer interpreta el signifcado de los milagros.

5. Ficción prófetica, lo llama Mailer. Una especie de esbozo o de borrador para un relato o un guión cinematográfico. Es curioso lo del borrador como género literario. Uno llega a pensar que el autor (Mailer en este caso, pero quien quiera que sea) no ha sido capaz de desarrollar bien el argumento y en vez de lo que haría un escritor, digamos "profesional", es decir, tirarlo, lo decide publicar tal cual. En otras ocasiones se han publicado esbozos o borradores postumamente, con intenciones y resultados diversos. Eso es más lógico, si bien el borrador como género, o como estética de un género o como subgénero no siempre debe ser algo menor. Siempre y cuando, creo yo, se sepa introducir. Si nos paramos a pensar, en muchas obras maestras se introducen relatos intercalando el texto y que no tienen la redondez de una narración, por ejemplo un personaje que en medio de una conversación expone una idea acerca de una obra que trata de llevar a cabo, o simplemente cuando trata de narrar unos hechos de manera rápida y fragmentada. ¿Cuándo falla, pues? A mi juicio, por ejemplo, cuando se explicita por parte del autor (no del narrador) que es un borrador. Y si no falla, sí creo que cojea.
En cuanto al texto, se trata de un relato distópico, que tiene cierto interés por lo que trata de evidenciar hacerca de la naturaleza humana. Nos muestra un futuro en que la vida en la tierra tiene caducidad, donde los humanos han hecho que el planeta sea inhabitable en unos años y en los que tanto rusos como americanos buscan una solución. En un mundo en el que:
El mundo, pasados de veinte a cuarenta años -digamos treinta y seis- ha llegado a un punto en que, sin guerra atómica, sin ni siquiera una dura o furiosa guerra a tiros, ha dado lugar, no obstante, a una tremenda condición.
(...)
Los historiadores, escribiendo tristemente sobre el fin de la historia

Si contamos 36 años a partir de 1962 en que escribe, es decir, en 1998, poco se equivoca Mailer en lo que hemos vivido, incluído (aunque sacado de contexto, pero tiene su gracia) la premonición de Fukuyama.
Quizá sea este cuento, donde el planteamiento moral sea lo principal (la complicada decisión del presidente de los USA de comunicar la verdad al mundo, de salvar una parte de la raza, de salvarse él mismo, de dejarse convencer por algún miembro de su administración, por su homólogo ruso o por su conciencia), lo más interesante del libro, un libro irregular y que en ocasiones irrita y en otras, las menos, entretiene.

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