martes, 16 de abril de 2013

Feria del Libro Antiguo y de ocasión 2013



1. Outside, de Marguerite Duras, 3 €
2. Las palmeras salvajes, de Faulkner, 5 €
3. Adán Buenosayres, de Marechal, 4 €
4. Libra, de DeLillo, 6 €
5. La ciudad, de Faulkner, 5 €
6. La princesa de Cleves, de La Fayette, 3 €
7. Diario del ladrón, de Genet, 4 €
8. La gran separación, de Cocteau, 6 €.

domingo, 14 de abril de 2013

Adversarios admirables, de Olga Guirao

Adversarios admirables. Olga Guirao.
Ed. Anagrama. 1996. 208 pp.

Esta novela trata de una pareja a punto de ser desalojada de un piso de alquiler. Guirao trata de ofrecer la historia de la pareja a través de los puntos de vista alternativos de ambos conyuges. Creo que la novela es fallida en tanto que, al tratar de ser objetiva por la elección de la propia estructura y de la alternancia de la primera persona, no consigue sino decantar sus simpatías por un solo personaje, Teresa, dejando al marido, Simón, casi retratado como un arquetipo. De hecho conocemos más de Simón por lo que dice ella que por lo que sice él de sí. Sin embargo, algunas cosas buenas de ella las sabemos porque las dice él. En este sentido él es mucho más noble.

Sin embargo, y esto es aún peor, el personaje por el que se decanta la autora no logró empatizar conmigo, me resultó profundamente antipática casi desde el comienzo.

Teresa en una mujer machista, que reprocha a su marido decisiones de pareja en las que ella se mantiene completamente pasiva.

Tiene comentarios profundamente pequeñoburgueses, como ese reproche al marido de verse avocados a vivir, quizá, en "uno de esos cuchitriles de 70 metros cuadrados", lo que unido a la reiteración del enorme drama que supondría cambiarse de piso de alquiler, teniendo en cuenta la situación actual de nuestro país, no solo hacen que nos sean antipáticos quienes así hablan, sino que nos muestran cuán mal ha envejecido la novela pese a ser tan reciente. En eso la Guirao no tiene la culpa.

Teresa se enamora del poder, del macho, del dinero, es profundamente clasista, se enamora de que a Simón le sirvan a la mesa en un café, en el que, por otro lado, le parece extraño que la gente tenga que pedir las copas en la barra. Odia la presencia de su hermano, por ser mecánico, por estar sucio y por estar sudoroso. Se averguenza de su propia incultura al no conocer un personaje de un libro con quien le compara Simón, pero lo cierto es que después hace bien poco por dejar de serlo. Se averguenza de sí misma en tanto que de su clase. Y lo peor, se averguenza de sus propios padres. ¿Hay algo de culpa en él en todo ésto? Quizá, se nos viene a decir, porque Simón se encuentra "cómodo" es esa situación. Se enamora de la belleza. Pero el pecado de vanidad es mucho más tolerable que el de desarraigo, desprecio y odio de clase, de su propia clase, que Teresa tiene. Después la autora trata de justificar a su personaje, entran las infidelidades por medio, las venganzas, los sentimientos de culpa... pero no logramos empatizar con Teresa, quizá porque no revelamos contra el hecho de que la autora la de ventaja.

En resumidas cuentas, nos encontramos con una historia de amor, vanal, anodina, una novela olvidable que representa bien eso que se llama, en el peor sentido de la palabra, literatura femenina.