domingo, 24 de febrero de 2008

Así se templó el acero, de Nikolai Ostrovski (y II)


Realismo socialista y metaficción.

Se asocia el recurso a la metaficción con la literatura moderna y posmoderna, con los claros antecedentes por todos sabidos, el Quijote en primer lugar. Decía Vila-Matas en un artículo sobre Piglia aparecido en la revista literaria Quimera(*), que la primera obra donde se utiliza la metaficción era el Quijote. Parece que había consenso. Sin embargo si entendemos como metaficción el recurso de la ficción dentro de la ficción, de la referencia a la creación literaria dentro de la narración o incluso la autorreferencialidad de la propia obra dentro de la obra (como en la Segunda parte del Quijote), también hay que decir que hay algunos precedentes en la novela de caballerías. Es en el Belianís de Grecia**, donde el autor decide contarnos que no puede seguir con la narración porque se ha perdido el resto del manuscrito, haciendo una elipsis narrativa que Cervantes interpreta como una falta de ingenio creativo, y que sin embargo, aun siéndolo plantea la posibilidad de si la metaficción solo es tal cuando se realiza conscientemente o también es un recurso válido cuando sale por azar. Seguramente en este tipo de argumentación se basan aquellos que restan valor a Cervantes al tiempo que elogian el Quijote, práctica ésta muy de moda en algunos escritores del siglo pasado. Y si la referencialidad a Cide Hamete es válida también lo sería su antecedente en el Belianís.

Esta introducción viene al caso de la metaficción en Así se templó el acero, paradigma del realismo socialista. Recordad el magnifico cuento de Roberto Bolaño, Sensini, en el que Bolaño recurre a la metaficción por partida doble, por un lado, escribiendo un cuento sobre un escritor que escribe cuentos, y, por otro, haciendo que el personaje del escritor que escribe cuentos decida presentar a concurso sus cuentos, al tiempo que el propio Bolaño presenta a un concurso el cuento que estamos leyendo y lo gana. Decía Bolaño a este respecto que el cuento no hubiera tenido sentido si no hubiera ganado el certamen, desde luego no hubiera sido tan autorreferente, pero seguiría siendo, creo yo, un magnífico cuento. Haciendo un paralelismo, el final de Así se templó el acero cuenta las vicisitudes de Ostrovski para escribir la novela, y la noticia de su publicación.

En la novela de Ostrovski, hacia el final de la misma el protagonista esta cada vez más enfermo, pierde la movilidad y se queda ciego, es aún joven pero no puede trabajar ya y decide ponerse a escribir pero es rechazado por no tener buena redacción. Sin embargo, decide sobreponerse a la situación.


¿Pero cómo va a trabajar usted?
Pável sonrió tranquilamente:
-Mañana me traerán una especie de falsilla de cartón. Sin ella no puedo escribir. Unas líneas se montan sobre las otras. He estado buscando la solución por largo tiempo y he hallado que las tirillas de cartón no dejan que mi lápiz se salga del marco de la línea recta. Escribir sin ver lo escrito es difícil, pero no imposible. Me he convencido de ello. Durante mucho tiempo no me salía nada, pero ahora he comenzado a escribir con mayor lentitud, trazando cuidadosamente cada letra, y resulta bastante bien.

Pável comenzó a trabajar.
Pensaba escribir una novela dedicada a la heroica división de Kotovski. El título salió de por sí:
"Engendrados por la tempestad."
Desde aquel día, toda su vida se dedicó a la creación del libro.



En realidad Así se templó el acero comienza con la historia de la división Kotovski. A esta obra el autor dedica 5 años de su vida (de 1930 a 1934), es su primera obra y la única que consigue terminar. Después comienza a escribir Engendrados por la tempestad (o Nacidos por la tempestad), pero no la termina puesto que muere a los 32 años en 1936. Es decir, que cuando escribe ese pasaje en Así se templó el acero, Ostrovski dedica toda su vida a la creación de ese libro y no del siguiente que aún no ha comenzado y al que dedicará mucho menos tiempo.
Siguiendo con esto, también nos habla de la entrega del manuscrito del libro que tenemos en las manos:


Tres capítulos del libro ideado habían sido ya concluidos. Pável los envió a Odesa, a los viejos combatientes de la división de Kotovski, para que le comunicaran su parecer, y pronto recibió de ellos una carta encomiando la obra, pero el manuscrito perdióse en correos, en el camino de vuelta. El trabajo de seis meses había desaparecido. Esto fue para Pável un golpe terrible. Se lamentó amargamente de haber enviado el único ejemplar qué tenía sin haberse quedado con una copia.


Y más adelante:


Fue escrito el último capítulo. Durante unos días, Galia leyó a Korchaguin la novela.
Al día siguiente, el manuscrito sería enviado a Leningrado, a la sección de propaganda y cultura del Comité regional. Si allí daban al libro "billete para la vida", lo entregarían a la editorial y entonces...



Donde queda claro que la referencia a Nacidos por la tempestad es simplemente un encubrimiento más del personaje Pavka Korchaguin en Nokolai Ostrovski, y por consiguiente de su obra Así se templó el acero en un título que sin embargo usará para un futuro trabajo.

Veamos el final:


El silencio de la editorial se hizo amenazante.[...]

Muchos días después, cuando la espera ya se había hecho insoportable, la madre, emocionándose no menos que el hijo, gritó al entrar en la habitación:
-¡¡¡Correo de Leningrado!!!
Era un telegrama del Comité regional. En el papel había unas breves palabras: "Novela calurosamente aprobada. Se pasó a publicación. Le felicitamos por la victoria."



De este modo, una novela del realismo socialista contiene elementos aparentemente ajenos a su doctrina como son la metaficción y la autorreferencialidad. Para mí fue un hallazgo hermoso, porque me permitió juzgar la obra al margen (o también al margen) de su contenido ideológico.




---------------------------------------------


((*): Quimera nº 280 , marzo 2007.

(**): En nota al pié de la página 72 de la Primera Parte del Quijote, el profesor californiano Luis Andrés Murillo escribe: (...) Al dar fin a su libro, dice el autor, Jerónimo Fernández, que bien quisiera referir los sucesos que deja pendientes, "más el sabio Fristón, pasando de Grecia en Nubia, juró había perdido la historia, y así la tornó a buscar. Yo le he esperado, y no viene; y suplir yo con fingimientos a historia tan estimada, sería agravio; y así la dejaré en esta parte, dando licencia a cualquier otro a cuyo poder viniere la otra parte, la ponga junto con ésta, porque yo quedo con hasta pena y deseo de verla". Cervantes a su vez parodia este tipo de fingimientos. El Belianís fue publicado en 1545.


Nota: si alguien está interesado en esta obra hay una adaptación cinematográfica de 1942 del director Mark Donskoy aquí .

viernes, 22 de febrero de 2008

Así se templó el acero, de Nikolai Ostrovski. (I)


Así se templó el acero.
Nikolai Ostrovski. 1930-1934

Prefacio de Anna Karavaeva, 1936
Akal editores, 1975. Trad.: J. Vento y A. Herráiz.
469 pags.

Así se templo el acero es una de las obras mayores del realismo socialista. Lo cual tampoco es mucho decir, porque esta corriente literaria dio más bien poco de sí en cuanto a calidad, lastrada por ese deber de influir en el lector en su pensamiento y en su conducta. Obviamente, una lectura desapasionada, que no tiene porqué ser imparcial, hace que el lector hoy en día, y quizá siempre, se pueda mostrar implacable con algunas cosas de la novela.

La obra está bien estructurada y es interesante por lo que supone de ejemplo representativo de lo que fue el comunismo soviético y el realismo socialista. Narra además unos hechos con los que, debido a la elocuencia del autor, nos hace sentir cómplices de un pensamiento. O quizá yo, como lector reciente, esté dando por hecho algo difícilmente admisible: que todo lector de esta novela sea un lector de izquierdas. Poco admisible, pero tal vez muy probable. Y ésto, suponiendo, que es más que dudable, que existan lectores de izquierdas o de derechas (dejando a un lado que detrás de cada lector pueda haber una persona de derechas o de izquierdas, que es una obviedad, pero no lo es el que uno pueda dejar al margen su ideología al afrontar una obra, sobre todo una obra ideológica).

Así pues, y dejando claro que en este tipo de novelas cuenta más lo que se dice que como se dice, porque de hecho es éste su propósito lo queramos o no, a día de hoy ha encontrado en mí un lector completamente diferente al de, por ejemplo 1991...

Fue en aquel entonces cuando oí hablar de ésta obra, y cuando me hubiera gustado leerla, pero no fue hasta el año pasado cuando la pude hallar en una feria de libro viejo por dos euros.

En 16 años uno cambia mucho, a veces se cambia al ir añadiendo cosas al acervo y otras al ir eliminado, eliminando y reemplazando. En este sentido yo he acumulado más cultura que cambiado mi forma de ver el mundo. Y por eso una lectura de esta novela es ahora una lectura que habría sido completamente diferente hace 16 años. Demasiadas novelas, buenas y malas, y demasiada carga de escepticismo respecto al comunismo soviético y respecto a otras muchas cosas, incluso respecto al genero humano, lo que no ha hecho sin embargo que haya dejado de disfrutar con la novela o plantearme no leerla.

La novela, en lo referente al la carga ideológica, resulta hoy criticable tanto por algunas de las cosas que pretende defender como por otras que critica abiertamente. En la mayoría de los casos, sin embargo, aún hoy se muestran aspectos defendibles y por los que valdría la pena luchar, hoy como ayer. A este respecto, la lucha contra el imperialismo alemán (la novela está ambientada casi toda ella en Ucrania, de donde era el propio Ostrovski, que en este sentido narra lo que vio y vivió), contra los polacos no menos imperialistas, contra los blancos o contra esos señores de la guerra que surgieron durante la guerra civil y aún después. En todas estas luchas épicas del pueblo ucraniano por defender su tierra y de los comunistas por defender su liberación, Ostrovski se maneja con solvencia y convicción. No dice nada del imperialismo ruso, al leer la novela de hecho se entiende claramente que Rusa y Ucrania son repúblicas hermanas y de hecho, hay una leve referencia a un personaje occidentalizado, que se afeita y tienen otras costumbres europeas al que no se deja muy bien parado simplemente por este motivo, aun siendo comunista.

También destaca en el tratamiento que hace del recurrente tema de “lo viejo y no nuevo”, tan tratado por la literatura y el cine soviéticos, algunas veces con auténtica maestría. Otro aspecto a reseñar es el lugar que concede a la mujer, en todo momento trata de dejar bien a las claras el igualitarismo que defendió y alcanzó el sistema comunista en la Unión Soviética, al menos en lo que se refiere al trabajo en el aparato. De manera positiva se narra, sobre todo en la segunda parte, ese día a día en que los hombres trataban de construir un sistema totalmente nuevo y con ello se convertían ellos mismos en “hombres nuevos”. Ese día a día está muy bien reflejado en la novela, haciendo que de un protagonismo claro del personaje principal y alter ego del autor, Pavel Korchaguin, se pase en la segunda parte a un protagonismo de la comunidad, de la colectividad, al que cede todo el peso de la narración en los momentos más épicos para regresar brevemente el protagonismo al autor en los momentos finales.

Cabe destacar, dentro de estos aspectos positivos, el espíritu crítico que en ocasiones, bien cierto que escasas, Ostrovski muestra respecto a los defectos que el sistema puede traer. De hecho se da una crítica a la burocracia en cierto modo en el pasaje del vagón, cuando no le dejan entrar junto con una camarada, o, sobre todo, cuando se le borra de una lista por error y se le declara por muerto y la burocracia del aparato le insinúa que tiene que inscribirse de nuevo porque a todos los efectos no consta su existencia. Es decir, que el propio Ostrovski critica algunos excesos de la burocracia, si bien, más adelante hace una defensa de la misma.

Hay también un aspecto positivo en el tratamiento del amor, donde Ostrovski se olvida de toda la cursilería de la novela realista burguesa, si bien no puede escapar en ocasiones de cierta candidez. Sin embargo se muestra muchas veces muy humano en este sentido y la escena en que Pavel pide matrimonio a Taia, teniendo en cuenta la época, puede considerarse bastante avanzada.

Hay dos momentos especialmente épicos, sobre todo uno de ellos: la construcción de la linea férrea hacia el bosque donde se encuentra la madera talada, necesaria para sobrevivir al frío invierno ucraniano. En esta parte, el trabajo colectivo, la abnegación y el compromiso extremo está magníficamente tratados, como por otra parte es frecuente en algunas obras de realismo socialista (en otras latitudes donde el sistema no avanzaba hacia el comunismo sino todo lo contrario, la escuela del realismo socialista se llamó realismo social, por ejemplo en España o en Estados Unidos, pero mantenían algunos cánones, como éste que digo de la glorificación del trabajo colectivo y la épica del obrero y el campesino, ver si no la esplendida escena final de Our daily bread de King Vidor, fiel exponente del cine socialista americano). La otra escena donde Ostovski trata de mostrarse fiel a la épica del compromiso y la militancia es el día en que muere Lenin que lleva a muchos a afiliarse al Partido.

Sin embargo hay otros aspectos de la obra mucho más discutibles. Por ejemplo, cuando se refiere a esos señores de la guerra que surgen durante y tras la guerra civil contra los blancos. Para Ostrovski todos ellos son bandidos, poco menos que asaltadores de caminos o pseudoterroristas sin ninguna carga ideológica. Sin embargo bien es sabido que Majnó, al que siempre se refiere de manera tangencial y despectiva como a un bandido y un asaltador era un dirigente anarquista de primer orden (en este sentido será interesante volver a revisar una obra clásica del anarquismo ruso de la época, La revolución desconocida, de Volin).

Defiende Ostrovski por completo el sectarismo estalinista en lo referente a la discrepancia dentro del Partido. En este sentido no es lo mismo la discrepancia con los mencheviques durante la revolución que con los trotskistas algunos años después de implantada ésta, dentro del Partido. Aquí Ostrovski se muestra completamente sectario en lo referente a Trotski y sus seguidores. Para él, la unidad del Partido está muy por encima de la libertad de pensamiento, máxime cuando lo que planteaba el trotskismo en muchas ocasiones era más continuísta que la ruptura desastrosa que supuso para el mundo comunista, la revolución en un sólo país que trajo el nacionalismo soviético estalinista.

Hay también una visión completamente estalinista en lo que a la represión se refiere, donde Ostrovski parece hacer apología de la delación, el rencor, el pensamiento único y la no opción a una defensa. Éste pasaje que ahora cito bien podría haberlo escrito Solzenitsyn en su Archipiélago Gulag sin cambiar ni una sola palabra:

Rasvalijin se presentó en la comarca en donde trabajaba Korchaguin. Le había enviado el Comité provincial con la proposición de que se le utilizara como secretario de un Comité de distrito de la Juventud. Korchaguin se encontraba de viaje, y, en su ausencia, el buró envió a Rasvalijin a uno de los distritos.
Korchaguin regresó, enteróse de esto y no dijo nada.
Pasó un mes, y Korchaguin se presentó de improviso en el distrito de Rasvalijin. Encontró no muchos hechos, pero entre ellos ya había los siguientes: borracheras, reunión de los tiralevitas en torno a Rasvalijin y anulación de los buenos muchachos.
Korchaguin planteó todo esto en el buró y, cuando todos se pronunciaron por que se llamara severamente la atención a Rasvalijin, dijo inesperadamente:
- Expulsarle sin derecho al reingreso.
Todos se asombraron, les pareció demasiado fuerte, pero Korchaguin repitió:
- Expulsar al canalla. A ese estudiantillo se le han dado posibilidades de convertirse en un hombre, pero no ha hecho más que enchufarse.- Pável contó lo ocurrido en Beresdov.
- Protesto categóricamente contra las manifestaciones de Korchaguin. Son rencillas personales, todo el que se le antoje puede hablar mal de mí. Que Korchaguin presente documentos, datos, hechos. También yo puedo inventar que él se dedicaba al contrabando, ¿quiere decir esto que habría que expulsarle?¡Que presente documentos!- gritaba Rasvalijin.
- Espera, también escribiremos un documento- le repuso Korchaguin.
Rasvalijin salió. Media hora más tarde, Korchaguin consiguió que se tomara la resolución siguiente: “Expulsarle, como elemento ajeno, de las fila de la Juventud Comunista”.



Lo cierto es que el pasaje es estremecedor. A un tipo se le encuentran “no muchos hechos” y de buenas a primeras se le denuncia, pero al no obtener el castigo que querría el protagonista decide proponer su expulsión y cuando la víctima dice que se aporten datos y documentos el protagonista y delator le informa que efectivamente, esos documentos se van a escribir inmediatamente. Y en media hora, y sin que el tipo se pueda defender, es expulsado.

Tampoco es muy benévolo con el campo. En tal sentido, y en la linea de las comparaciones entre “lo viejo y no nuevo” no duda en plasmarse como un ser completamente desarraigado de su familia y de su tierra, a la que abandona por estar esta rodeada de todo aquello que detesta y que al sistema le cuesta más hacer desaparecer en el mundo rural. Incluso se muestra algo cruel con los campesinos en su enaltecimiento de las masas obreras industriales. Un aspecto que se muestra como de pasada es el desprecio que sentían algunos viejos bolcheviques por el estudio cuando Pavel quiere ponerse a estudiar. Esa cantilena de que quien estudia es un burgués y no trabaja igual, que no es exclusiva ni mucho menos a los comunistas, sino que también se ha dado en sistemas capitalistas, mediante una educación basada en el principio de la sacralización del trabajo, de la única posibilidad de realización personal, que todos los sistemas han tratado de imponer como dogma en nuestras sociedades desde la revolución industrial. A eso no fue ajeno el bolchevismo, sino todo lo contrario, ahí estaba el estajanovismo, sin ir más lejos.

Ostrovski muestra cierta ambigüedad en algunos aspectos. Por ejemplo, por un lado afirma hacia la última parte de la obra, que ha evolucionado, que ya no es el mismo, y lo hace en referencia a una novela que le gustaba en su juventud, El tábano, donde se identificaba con el protagonista y que tiempo después esa identificación ya no es tanta. Sin embargo no admite, en ningún caso, la posible evolución de los demás, no les concede ni la más mínima oportunidad. Hasta deja de hablar a un amigo por hacerse trotskista.

Tras años y años leyendo obras burguesas, o viendo películas burguesas, aun siendo novelas o películas antisistema y profundamente revolucionarias, uno al final adquiere cierto apego por los perdedores, por los románticos, por los que no escogen la salida fácil. Los héroes cada vez repelen más. Pável es un héroe, como lo fue su autor, que tiene la prepotencia tan desmesurada como para criticar a los personajes que durante la obra se muestran fanfarrones, cuando no hace sino, a lo largo de más de cuatrocientas páginas, enaltecer su propia persona y su propia conducta. Tan soberbio como un santo ateo. O como el propio Stalin.

Hablando de perdedores, uno no puede por menos que sentir cariño por Dubava, un trotskista al que se ningunea primero y se represalía más tarde, un amigo que enfada a Pável por ser trotskista, es decir, "contrarrevolucionario" y que acaba resentido y resignado, emborrachándose y llendose de putas, y finalmente siendo censurado por ello por Pável, a quien como buen santurrón, lo que más le molesta finalmente, lo que le decide a dejar de hablar a su amigo no es que sea un trotsko sino que duerma con una fulana.

Ostrovski, además de en éste caso, hace gala de una moral completamente reaccionaria en otras partes de la obra. Por ejemplo cuando escribe:
- Puedes felicitarme: ayer cayó la Korotáieva. Y tú decías que no saldría nada. No, hermano, cuando yo la emprendo con una, estad seguros de que... -y añadió una frase obscena.



Esta frase de diálogo es buen ejemplo, primero de la censura que ejerce con los fanfarrones, siempre y cuando lo que cuentan sean conquistas amorosas, si son conquistas sociales no, porque él es el primero de todos. Además es un pasaje donde Ostrovski se muestra mojigato, en esa frase que omite por pudor, por contiguar con las buenas costumbres burguesas. Porque seguramente un buen comunista, como un buen pequeñoburgués, no puede decir que “cuando yo la emprendo con una, estad seguros de que me la voy a tirar”. Sería un pecado contra la moral tradicional. Otro ejemplo sería cuando Pável se muestra contrario a que se cuenten cuentos verdes en el Komsomol, o más tarde, cuando critica el baile del foxtrot como obsceno. Y es que en el fondo, en su crítica a lgunas de las cosas supuestamente decadentes de la cultura burguesa, los comunistas, al igual que hoy muchos países musulmanes, se muestran profundamente reaccionarios y conservadores. En este mismo sentido hay una condena del suicidio, una condena moral, si bien en este caso podría entenderse mejor s se tiene en cuenta un contexto en el que la lucha por la causa tiene mucho más peso que el ejercicio de la libertad para con la propia vida.

En cuanto a la burocracia, ese cáncer del sistema comunista... ésta es una buena lectura para darse cuenta de los cientos y cientos de cargos que se podían ejercer dentro del sistema, desde el komsomol hasta el Partido, no hay una sola página en toda la novela donde no se cite un puesto distinto, y donde Ostrovski se intenta mofar de quienes acusan a algunos de burócratas, al tiempo que se vanagloria de su escalada dentro del aparato como algo digno de un buen comunista. Y es que en el fondo todas las burocracias se parecen.

Y sin embargo... la novela es buena, he disfrutado con ella, y con la lectura que he hecho, y recomiendo su lectura.



Ver 2ª parte de esta reseña

sábado, 9 de febrero de 2008

Historia del llanto, de Alan Pauls.


Historia del llanto. Alan Pauls.
Anagrama. 2007.
127 págs.


Partamos de que la novela la cuenta un adulto en la piel de un niño, que éste crece o va creciendo y que sin embargo, la narración se adapta al punto de vista de cada instante y no del adulto que recuerda, con lo cual lo contado a veces es fragmentario, inconexo y mezcla lo irrelevante con lo trascendente. Partamos de ahí para no ser excesivamente duros con lo que leemos.


Un niño hipersensible, que atrae como un imán a los adultos que lloran en su oído, con una extraña capacidad para escuchar contraria al espíritu más hablador de la naturaleza infantil, cuenta su historia, la historia de su infancia, de su adolescencia, de su familia, de unos personajes que sólo por ser vistos desde la infancia pueden perdonárseles su inverosimilitud.

La narración, como digo fragmentaria, jalonada por episodios de distinta intesidad, interesantes unos: Superman, el padre, la madre; extraños otros: el oligarca torturado; otros aburridos: el militar que no es, el cantautor protesta, un amigo de su padre con bigote... Y no es que aburra por la mera irrelevancia de cuanto hacen o dicen, sino porque, sobre todo este último, el bigotudo amigo del padre, se muestran de manera confusa.

Pauls utiliza la oración subordinada, pero no es el único, si lo fuera sería un estílo personalísimo, pero al no serlo es un estilo que se pude comparar, y en la comparación, a mi entender y, sobre todo, a mi gusto, sale prediendo, tendiendo a la fraseología, siendo confuso no por lo complejo de sus estructuras sino por sus saltos de tiempo y de sujeto y hasta por su torpeza en la ortografía. Claro está que cuando la torpeza ortográfica se da en un autor del que se supone escribe bien y tenemos la certeza absoluta de que domina no ya el lenguaje, que ésto queda claro, sino la Lengua, se puede tomar y se tomará como una agudeza o cuando menos como un rasgo de estilo. Pero cuando lo que se cuenta, es decir, cuando el trasfondo de la historia nos está aburriendo y no nos está llevando a ningún punto culminante, cuando el climax narrativo se alcanza en las primeras seis o siete páginas bajando después en picado hasta remontar en las tres últimas, cuando ni tan siquiera nos está provocando una reacción de júbilo, o de rabia, o de asco, o de lo que sea, bien al contrario, cierta impaciencia y hasta rechazo, ese presumible rasgo de estilo que podría ser, y pongo por caso una oración interrogativa sin signo de puntuación final que se pierde en la confusión de una subordinada interrogativa con ambos signos de puntiación, inicial y final -ésta sí que sí-, se me antoja presuntuoso y cargante.

Y esto, lleva a algo que inconscientemente nos ocurre a todos alguna vez al leer, y es que, en ocasiones, cuando lo normal sería regresar una página atrás y volver a releer, sintamos dentro de nosotros esa imperiosa necesidad de seguir adelante, porque da lo mismo no haber encontrado el sentido redondo de un párrafo complejo, lleno de disgregaciones, precisamente por lo inútil de encontrarle un sentido, esa redondez de la que hablo, de la frase terminada que en nuestro cerebro no lo está, véte a saber por qué, pero que da igual, porque ya sabemos que no nos aportará nada, que no es ni Proust, ni Bernhard, ni Marías, porque además, Pauls no emociona nada, absolutamente nada.

Y eso que, ahora que lo pienso sí, volví atrás, en concreto regresé atrás 56 páginas, porque no me podía creer que lo que estaba leyendo me resultara tan malo, regresé atrás hasta el principio y releí las primeras 56 páginas y continué hasta la página final, la 127, me pareció que era la 607, entre tanto vi unos videos de Piero en youtube, a ver si entraba en complicidad con el protagonista de la Historia y me resultaba aborrecible el cantautor de marras, que algo de grimilla sí que da, eso sí, pero nada, al contrario, a quien casi aborrecí fue al niño, y a su puto triciclo que toca en las puertas, al bigote postizo y al pulpo de la piscina... al final sólo me gustó lo de Superman.